Las cifras forman parte de las proyecciones de la cartera agropecuaria del Banco Nacional de Panamá, donde existen unos 5,400 productores activos. El banco...
- 02/10/2015 02:01
La prensa y el poder del Estado
Los medios de comunicación tienen un importante papel en la lucha por la creación de una sociedad más segura. Ejercen ese papel porque cuentan con el más valioso de los recursos: la libertad de expresión, que les permite crear climas de comprensión y entendimiento necesarios para abrir a debate, y promover, las políticas de Estado que garanticen la participación de los ciudadanos en la lucha diaria por una democracia sana en una sociedad segura. Así de simple.
En toda democracia, por otra parte, la tarea de contribuir a crear un clima de seguridad desde los medios de comunicación entraña una relación siempre compleja, y a veces conflictiva, entre ellos y las autoridades del Estado.
Existe la tendencia de los Gobiernos a pretender que los medios de comunicación social eviten publicar los hechos sobre los problemas de inseguridad, expresando que lo que publican solo promueven ‘percepciones erróneas o tendenciosas', con la finalidad de criticar a las autoridades y estamentos de seguridad. Otra corriente tiende a magnificar sus éxitos, justificándolos en los medios de comunicación con estadísticas, muchas de las cuales no resisten un análisis científico.
Al definir lo que el país quiere que sea su Fuerza Pública y lo eficiente que deba ser, la prensa ha desempeñado un valioso papel como espacio para la discusión nacional y para la orientación, con equívocos y aciertos, de algunos caminos de acción. Al mismo tiempo, también, los medios de comunicación han promovido, en ocasiones, ciertas concepciones que enturbian el vínculo entre las instituciones de seguridad y la prensa, con agrias desavenencias o distanciamientos inconvenientes para ambas partes.
Lo fundamental, en todo caso, es que el poder de la fuerza institucional y la libertad de expresión representada en la prensa, converjan en un mismo interés por preservar las virtudes de la democracia y llevarla más allá de sus eventuales y naturales imperfecciones.
No interesa debatir sobre la superioridad o responsabilidad del Gobierno y sus instituciones de seguridad ni la objetividad y compromiso de la prensa en fortalecer la democracia. El hecho es que ambos se requieren mutuamente, más allá de sus divergencias, para llevar a la práctica los valores democráticos que comparten.
El poder y la responsabilidad siempre van de la mano en una sociedad democrática. La prensa debe ejercer el enorme poder de penetración y orientación que disfruta, con tanta o mayor responsabilidad que la que cabe exigir a los directivos del Ministerio de Seguridad y de la Fuerza Pública. Y ese ejercicio responsable de la prensa es del mayor interés para la Fuerza Pública, precisamente porque contribuye a preservar la legitimidad en el uso de las armas y los instrumentos legales de la autoridad frente a los riesgos siempre presentes del abuso y la desviación de sus objetivos para satisfacer otros intereses de poder. De ello hemos tenido amargas experiencias en el pasado lejano y reciente.
En democracia, una relación sana y de beneficio para toda la sociedad entre la prensa y el poder del Estado, demanda mantener una actitud de permanente autocrítica, guiada por los intereses superiores del bien común, que facilite la tarea de promover la participación ciudadana sin el perjuicio de estereotipos mutuamente excluyentes.
En todo el planeta, las aspiraciones de cada sociedad al desarrollo, el progreso y el bienestar se ven amenazadas por fenómenos como el narcotráfico, el terrorismo, el pandillerismo, la violencia social y la degradación acumulada por las inequidades. Y para nadie es un secreto que las propias instituciones públicas que permiten a la sociedad enfrentar esas amenazas se encuentran asediadas por el riesgo de que la corrupción limite y desvirtúe la eficacia de su labor.
En estas circunstancias, y quizá como nunca antes, un Estado democrático debe garantizar y fortalecer la libre expresión que constituye, sin duda, su mayor activo de defensa. Y en un régimen democrático, a su vez, quienes ejercen esa libertad están obligados a defenderla mediante el más sencillo de los procedimientos: informar la Verdad, solo la Verdad y nada más que la Verdad y sustentar sus opiniones en datos y hechos comprobables, sin disminuir la capacidad de los ciudadanos de sacar sus propias conclusiones de los hechos que perciben.
Los medios de información adquieren una enorme importancia en el logro de los objetivos nacionales. Como democracia gozamos de una libertad de expresión que, cuando es ejercida de manera responsable, construye patria. La Verdad es, sin duda, la herramienta más poderosa para el ejercicio de esa responsabilidad.
ABOGADO