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Hace varios años presenté algunos datos históricos que aparecen en este artículo. Hoy las repito en el marco de una situación de amenaza a la seguridad colectiva mundial como consecuencia del conflicto en el medio oriente entre los Estados Unidos, Israel e Irán. Para reflexionar sobre “líderes” y seguidores de un conflicto sin un claro objetivo de resolución y cada día con evidentes amenazas nucleares.
Para una semana como esta, en las que gran parte de la población se ocupa de reafirmarse en sus creencias religiosas, muy a pesar de que, a la vista de todos, la humanidad no va por buen camino, es importante que, en tiempos de reflexión, la misma sea para encontrar un camino justo y sin influencias de quienes se creen ‘profetas’ y nos pretenden liderar. La humanidad ha vivido eternamente con personas que los ha llevado por caminos difíciles; embusteros, adivinos, pitonisas y clarividentes, la mayoría fundamentados en textos y enunciados religiosos formulados siglos atrás, según estos, por un ser divino o supremo.
Ejemplos sobran. Charles Wesley, fundador de la iglesia metodista predijo que el mundo acabaría en el año 1794. Su hermano John, posteriormente hizo su propia predicción señalando que 1836 sería el año en que “la gran bestia vendría a la tierra, marcando el inicio del fin”.
Con base en las profecías del libro de Daniel en la Biblia, William Miller inicialmente predijo el regreso de Jesucristo entre los años 1831 y 1841. Reajustó sus vaticinios para entre las fechas de marzo 21 de 1843 y marzo 21 de 1844. Después al 18 de abril del mismo año; octubre 22 y así sucesivamente hasta que murió en 1849. Sus seguidores se convirtieron en lo que son hoy Los Adventistas del Séptimo Día y sostienen que las predicciones fueron correctas, pero que se referían a un evento que sucedería en el Cielo, no en la Tierra.
Joanna Southcott predijo que daría a luz al Mesías y este alumbramiento iniciaría el fin del mundo el 19 de octubre de 1814. Joanna murió dos meses después de la fecha señalada y, según se cuenta, sus seguidores entregaron su cuerpo a las autoridades después de que comenzó a descomponerse; tenían la esperanza de que resucitaría.
Se han hecho otras tantas predicciones alrededor de fenómenos naturales. Para el regreso del cometa Halley, en 1910 y en 1986. El efecto Júpiter durante la alineación de los nueve planetas el 10 de mayo de 1982. La secta “Heaven’s Gate” cometió un suicidio en masa en marzo de 1997 convencidos de que llegaba el fin cuando se acercaba a la Tierra el cometa Hale-Bopp.
Hace unos años escribí sobre Harold Camping, quien vaticinó que el mundo acabaría el sábado 21 de mayo de 2011, pero pasada esa fecha, ajustó su predicción para señalar el 21 de octubre del mismo año como el día final. Camping había dicho que mayo 21 fue “la llegada espiritual de Cristo” y que octubre 21: “... el mundo será totalmente destruido, pero será muy rápido”. ¡Están advertidos!”, señaló en una nota en el Washington Post. Evidentemente tampoco ocurrió.
Family Radio es la cadena radial en donde Harold Camping llevaba a cabo su ministerio. Recibió donaciones de $80 millones entre el 2005 y 2009. Muchos seguidores de Camping renunciaron a sus empleos, vendieron sus posesiones, le entregaron sus ahorros convencidos de las predicciones.
El mundo no desaparecerá por el advenimiento de algún ser supremo, porque esté escrito en algún texto milenario o porque lo diga algún embustero. A pesar de los avances científicos, el espacio, el tiempo y la materia son incomprensibles para las mentes más brillantes de esta tierra. Y hay los que usan la mente para hacer daño. Entre la fauna de protervos (brujos, esotéricos, facinerosos, políticos, curas, espiritistas, etc.), gente como Camping son los más infames.
La humanidad será destruida, si esto llegara a pasar, por algún accidente universal incontrolable de los astros o por nuestros propios actos; nuestra irreverencia hacia el planeta y su ambiente que nos dio vida; que permitió desarrollarnos como especie por siglos y siglos. Por nuestras indiferencias e insensateces con el prójimo. Por bárbaros, con nuestras destructivas guerras contra la humanidad. Podemos corregir esto para iniciar realmente una “edad de oro” de la humanidad, pero no hay indicios de que queremos hacerlo. Es allí en donde falsarios y maleantes de todos los días aprovechan nuestra dejadez e ignorancia compartida.
Existe en esta entrega un interés en que reflexionemos profundamente para salir del funesto y peligroso atolladero destructivo en la que nos encontramos. Reflexionar sobre lo que honestamente creemos, pero también sobre aquellos que pretenden dirigirnos: políticos, religiosos y cualquier otro embustero, sus motivos e intenciones.