• 09/06/2010 02:00

Tres millones y pico

Cuando Panamá llegó al primer millón de habitantes, a finales de los años 50, hubo algarabía. Se organizó una celebración festiva con el...

Cuando Panamá llegó al primer millón de habitantes, a finales de los años 50, hubo algarabía. Se organizó una celebración festiva con el ‘niño millón’, Cándido. Al nacer este bebé, se le prometió todo tipo de obsequios para que superara una futura y humilde existencia, llena de necesidades y a partir de esa época, la gente se interesó por saber cuántos éramos.

La Dirección Nacional de Estadística y Censo organizó sus tareas en función de diversificar la información sobre los indicadores sociales más importantes y, convirtió la faena de contarnos en su quehacer de creciente eficiencia; con la honrosa distinción de hacernos un país ejemplar en cuanto al procesamiento de los datos poblacionales.

El desarrollo frecuente de publicaciones sistematizadas como Panamá en cifras y estrategias del tipo de Encuestas de hogares, le han permitido a esta institución avanzar por delante en cuanto a los modelos a aplicar para hacer del censo un ejercicio con un alto nivel de precisión.

Una vez que cumplía una misión en Sambú, Darién, durante una caminata hacia Garachiné, encontré a un funcionario que trataba de reconstruir sobre papel un conjunto de cambios o movilización de algunas comunidades indígenas que habían dejado de existir, porque se habían movido o creado un núcleo poblacional más concentrado sobre un área que les permitiría una mejor vida.

El funcionario se ‘rompía la cabeza’, pues con la información sobre el nuevo poblado, inexistente en los informes emanados del censo anterior, y como se acercaba el siguiente —aproximadamente, en unos ocho meses—, debía readecuar el mapa, situar el nuevo conglomerado humano y hacer las estimaciones correspondientes; pues era confuso trabajar con esta circunstancia de caseríos y pueblos desaparecidos y surgimiento de nuevas comunidades.

Unas explicaciones sobre la dinámica indígena bastaron para crear una información en el mapa que ayudara a los empadronadores que posteriormente recorrerían esa región con la misión de registrar la nueva realidad de esos conglomerados rurales. Esta es la dinámica a que nos acostumbró ese equipo del censo, cuyos resultados son esclarecedores con los datos y publicaciones consolidados.

Pese a esta historia, los saldos del recuento de este año han dejado más conjeturas que balances esclarecedores; mayor confusión que certezas y una extraña sensación en el ánimo de quienes hemos admirado por décadas el trabajo que cumple este ente. El primer síntoma es de duda, porque las previsiones de los últimos años del ente de las estadísticas manifiestan un crecimiento poblacional que nos hacía llegar alrededor de los 3.5 millones de habitantes; sin embargo, la cifra final según el primer avance, era de 3.18, que dista mucho del balance previsto. Y lo extraño es que la diferencia, no es hacia arriba, sino hacia abajo; es decir somos menos de lo que pensábamos. Un informe inicial expuso que se habían producido algunas contingencias que afectaron el desarrollo del empadronamiento. Normalmente la institución conoce de medidas alternas para superar estas circunstancias.

Se oyen quejas de un importante porcentaje de personas de que a su residencia no fueron a hacer las entrevistas. La veracidad de este reclamo se puede comprobar fácilmente. En cualquier oficina, habría que consultar al conjunto de los compañeros y hacer un balance. Con toda seguridad, por lo menos una o dos personas asegurarán que no fueron visitadas. Si se utilizan estos datos de gente que considera o afirma que no fue empadronada y se hace una proyección estadística a partir de los esquemas de probabilidad, se encontrará la cifra perdida para ajustar esas previsiones del propio organismo rector de los censos. Y esto significaría que la actividad de recabar insumos no fue suficientemente completa.

La inseguridad o vacilación en los resultados del censo de 2010 tiene un doble peligro para los planes nacionales de desarrollo. En principio, porque genera dudas en el ejercicio de proyección que el instituto estadístico ha elaborado en años recientes, así como en la consolidación de tendencias en la progresión de los estimados. Además, los resultados del censo son los indicadores oficiales que posibilitan la planificación de la inversión y ésta no puede basarse en cifras irreales. Si de algo tenemos que estar seguros es del índice de crecimiento y del tamaño real de la población panameña. Ese dato, al igual que la dimensión y los puntos de referencia de las fronteras, son información que todo coterráneo debe conocer y en los últimos años, nos hemos dado la satisfacción de saberlas y en todas las reuniones internacionales, se brinda todo tipo de referencias sobre estos temas.

El desajuste de los indicadores locales más tradicionales, puede crear diferentes escenarios de conflictos para Panamá y sus actividades económicas. ¿Podría imaginarse la planificación de la producción de los rubros más estratégicos como arroz, leche, entre otros, para una población específica y resulta que es mayor que los estimados? ¿A quién se deja por fuera entonces? O, en otro orden, ¿cuál sería el impacto real de las obras de desarrollo? Pensar que 2000 jóvenes de una región requieren un centro escolar; ejecutar la obra y entonces darse cuenta que la cifra real, es 10000 y no caben los chicos, porque el censo no generó los datos adecuados.

Se explicó que hubo incidencias de orden institucional que afectaron el censo, como el cambio de administración, movimiento del recurso humano con poco tiempo de preparación de los nuevos funcionarios, lo que demuestra que este tipo de ejercicios no corresponde a un gobierno específico, sino a un Estado; es decir, es un patrimonio de todos los panameños.

Lo importante es tener un claro panorama de lo que ha sucedido realmente, preparar un informe minucioso y aplicar los correctivos necesarios para devolver al Instituto de Estadística y Censo la credibilidad necesaria. Todos queremos saber realmente cuántos somos. Hay necesidad de dar prioridad a estas perspectivas para que se recupere la confianza en las estadísticas fundamentales de la sociedad de este pequeño istmo.

*Periodista y docente universitario.modestun@yahoo.es

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