• 08/01/2026 00:00

Un quinquenio perdido: La Chorrera y la gestión municipal que no despega

En La Chorrera muchos se preguntan ¿si el distrito avanza o no?, por el contrario, el distrito se encuentra en una parálisis. El alcalde, conocido públicamente como Eloy Chong, pero cuyo nombre legal es Chui Fa Chun Wong, llegó con promesas de transformación, modernización y orden administrativo. Sin embargo, la realidad que viven los chorreranos hoy dista mucho de aquel discurso de cambio. La percepción ciudadana es clara: el tiempo corre, los problemas aumentan y la administración municipal no termina de responder con firmeza, planificación ni claridad.

Uno de los rostros más evidentes de esta crisis de gestión es el tema de la basura. La Chorrera está prácticamente inundada de desechos: barrios con acumulación constante, sectores residenciales afectados, servicios irregulares y una imagen urbana deteriorada. El impacto en la salud pública, el ambiente y la dignidad del distrito es evidente. Los ciudadanos no sienten una respuesta estructural ni sostenible; lo que perciben es improvisación, parches temporales y una administración que reacciona, pero no prevé. A esto se suma otro cuestionamiento recurrente: la sensación de que el municipio opera con un equipo que improvisa más de lo que planifica, sin una dirección técnica clara, sin políticas sólidas de ejecución y con decisiones que parecen más reactivas que estratégicas. La Chorrera, por su peso demográfico, económico y social, no puede ser administrada bajo la lógica de la improvisación permanente.

En medio de este panorama también resuena con fuerza una percepción ciudadana: lo que parece ser un pacto de no agresión con su antecesor, Tomás Velásquez, quien merece un análisis aparte por los cuestionamientos públicos sobre transparencia durante su gestión. Hasta ahora, no existe una sola denuncia formal impulsada desde la actual administración sobre temas pendientes del pasado. Ese silencio institucional no tranquiliza: por el contrario, genera sospechas y profundiza la desconfianza.

La descentralización municipal es otro punto gris. Para muchos chorreranos, se trata de un proceso poco transparente e incluso “inexistente” en términos de impacto real, salvo para las mismas empresas que, según denuncias ciudadanas, continúan siendo favorecidas. Falta claridad en la información, acceso real a datos verificables y una rendición de cuentas que convenza.

Un capítulo aparte merece la inquietud pública sobre los recursos provenientes de la nueva modalidad de descentralización paralela, donde se señala que el municipio habría recibido alrededor de 300 mil dólares. Sin embargo, aún no existe claridad plena sobre su destino. Lo que sí se percibe, según comentarios ciudadanos, es que estos fondos habrían sido orientados principalmente hacia representantes aliados políticamente al alcalde; figuras que, según la población, solo asisten a las sesiones del Consejo Municipal para “levantar la mano”, sin ejercer participación crítica, debate profundo ni defensa real de las comunidades.

Mientras tanto, la basura sigue acumulándose, el orden urbano no mejora, la transparencia sigue siendo cuestionada y la ciudadanía continúa esperando respuestas que no terminan de llegar. La Chorrera no puede darse el lujo de perder cinco años. No puede resignarse a la improvisación, a la opacidad administrativa ni a una gestión que parece más preocupada por sostener equilibrios políticos que por resolver los problemas reales del distrito. Si no se corrige el rumbo, si no se asume con responsabilidad la planificación, la transparencia y el liderazgo que el distrito demanda, La Chorrera corre un riesgo cada vez más visible: que este periodo municipal termine siendo, dolorosamente, un quinquenio perdido.

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