• 14/06/2013 02:00

Fortuna y virtud en la política

Las campañas políticas en Panamá parecen ser eternas. Acaba una elección y empieza la siguiente. ¿Sobre qué base los electores deben ele...

Las campañas políticas en Panamá parecen ser eternas. Acaba una elección y empieza la siguiente. ¿Sobre qué base los electores deben elegir a sus mandatarios y dirigentes? La mayoría de los expertos dicen que sobre las propuestas de los aspirantes a elección. Quieren un intenso debate a fondo de las cuestiones fundamentales. Otros, dicen que la personalidad o el carácter de los candidatos marca la pauta para los electores. Pero personalidad puede considerarse también como imagen personal, mientras que el carácter puede ser el elemento más importante al elegir candidatos.

Ciertos electores prefieren personalidades recias, y talantes firmes y dominantes para conducir al país. Algunos, consideran que el liderazgo y la simpatía son las características que deben mostrar los candidatos, para alcanzar los objetivos y metas fundamentales de un gobierno.

Obviamente, los candidatos deben exponer sus planes para ganar adeptos y presentar lo que harán de llegar a ganar. Hay quienes creen profundamente en sus ideas, políticas, programas y proyectos a realizar y sinceramente pretenden gobernar según lo prometido. También están los que promueven el clientelismo y ofrecen prebendas a los votantes, lo que en los últimos años parece pesar más sobre la opinión pública, que las propuestas y planes de los candidatos en beneficio de sus comunidades.

En muchos casos la presentación de planes y proyectos es pura propaganda electoral y tiene menos que ver con lo que realmente piensan hacer cuando ganen. Para ser elegidos, dirán lo que creen que quieren escuchar los electores en base a sus necesidades más acuciantes o a los problemas más graves que los afectan. Como solo poseen ambiciones personales, seguramente no cumplirán lo prometido. Realmente no tienen planes más allá que aprovecharse del cargo y disfrutar del poder.

La diferencia para elegir entre unos y otros, es la credibilidad que proyecten durante la campaña. A los votantes a veces parece no importarles, o son indiferentes, a las propuestas presentadas. Muchos se dejan llevar por lemas impactantes, o por la publicidad repetitiva, más que por la realidad, o por su percepción de la clase de personas que parecen ser los candidatos. Idealmente, el elegido debe al menos poseer atributos como carácter, credibilidad, buena imagen, propuestas viables, seguridad, y conocimiento de las situaciones y problemática de su entorno.

También el enfoque mediático en las elecciones parece aplicarse en nuestro país. Pero la elección no puede convertirse en un asunto tan trivial como escoger por la proyección de imagen de los candidatos, que muchas veces tienden a distraer a los votantes de sus verdaderas capacidades e intenciones, o de los verdaderos problemas del país. Y éstos solo pueden ser resueltos con políticas públicas, planes, proyectos y directrices claras y concretas para los cientos de asuntos y decisiones que debe enfrentar un gobierno que se precie de ser eficiente.

Con frecuencia, los documentos y planes de campaña parecen definir el resultado electoral. Se estructuran sobre una base amplia y democrática de participación del voluntariado para preparar un Plan de Gobierno que impacte a los votantes de manera decisiva. La mayoría de los candidatos creen estar en control de todos los eventos. Grave error. A veces, una situación no deseada e inesperada suele echar por la borda una candidatura e inclusive condenar al candidato a perder rápidamente la confianza del electorado y su casi segura elección. No bastan siempre, pues, las intenciones y propuestas, si no existen la virtud y el liderazgo en los candidatos.

Maquiavelo sostiene en ‘El príncipe’ que la vida política se divide entre la fortuna, el acontecimiento inesperado que debe abordarse, y la virtud, no la de los religiosos, aquella de abstenerse de pecar, sino más bien la del hombre astuto, con carácter, que sabe cómo lidiar con lo inesperado. Ninguno puede ocuparse de la fortuna completamente, pero algunos pueden controlar el daño de los acontecimientos y mitigarlos. Esos son los mejores príncipes. El peor es simplemente quien queda en el camino, abrumado por lo inesperado.

Políticas y programas son los elementos que los candidatos deben tener para triunfar. La fortuna determina el grado en que llegan a hacerlo. Para lograrlo, su virtud política entendida como su capacidad de ejecutar y su astucia para hacer frente a lo inesperado, a veces son mucho más importantes que sus proyectos e intenciones.

Los candidatos en campaña casi siempre presumen dos cosas. Primero, que el panorama político les será benigno y les permitirá hacer lo que desean para ganar. Lo segundo, es que tendrán tiempo para planear lo que deberían hacer de acontecer lo peor. Como la tendencia de las campañas políticas actuales no es exaltar las virtudes de un candidato sino en denigrar al contrario, la imagen del candidato, así como su honestidad y credibilidad son fundamentales para poder enfrentar los ataques del adversario. Por ello, el carácter de un candidato es más sustancial que su posición política. Cuando se encuentra con una crisis, las políticas son irrelevantes. Carácter e integridad lo es todo. Reconocer estos valores en un candidato es la responsabilidad esencial de un elector al votar.

La sociedad civil y los medios de comunicación juegan un papel fundamental en la promoción de los valores cívicos y morales que deberían caracterizar a los aspirantes a puestos de elección. Los votantes deben tener conciencia del deber de elegir a los más capaces y honestos. De ello depende el futuro del país.

ABOGADO.

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