• 18/12/2020 00:00

Voluntad de poder o mentalidad de rebaño

Al principio de la historia, el hombre creó valores y leyes para garantizar el orden y la convivencia, entonces los maquilló como sagrados.

Al principio de la historia, el hombre creó valores y leyes para garantizar el orden y la convivencia, entonces los maquilló como sagrados. Al hacerlo, estos valores quedaron consolidados como inamovibles e incuestionables por siglos. ¿Cómo lo hicieron?

Para tratar de responder a esta pregunta, investigué y leí a autores con los que no siempre estoy de acuerdo. Analizando más a fondo estos valores que han quedado como incuestionables, me doy cuenta de que quedaron así por el consentimiento de los ciudadanos.

Esta aceptación, fue primero consciente: a raíz del miedo a un castigo en otra vida, un castigo proporcionado por Dios. Sin embargo, con el tiempo esta aceptación de los valores creados se volvió inconsciente.

Nos olvidamos de que los valores por los que nos regimos hoy fueron inicialmente inventados por nuestros antepasados. Simplemente los dimos por un hecho, como algo que siempre ha estado ahí y no podíamos cambiar.

Sin embargo, con la llegada de los movimientos sociales, los cambios modernos y la sociología, se confirmó que los valores formaban parte de las culturas. Eso significa, que cuando las culturas evolucionan los valores también deben hacerlo.

Tratando de ir más a fondo, terminé leyendo a alguien a quien nunca pensé que llegaría a leer: Friedrich Nietzsche, o, mejor dicho, el precursor de la psicología moderna y un adelantado a Freud.

Nietzsche, por ejemplo, en su libro Más allá del bien y el mal, explica que “Los valores cambian y evolucionan hacia la Voluntad de Poder”. Es decir, los valores evolucionan a medida que las culturas evolucionan; y el ser humano, nos guste o no, evoluciona para sobrevivir y explotar su potencial.

Para reevaluar los valores morales y erradicar lo que nos atrasa, es necesario todo un proceso personal y social. Solo entonces, uno se da cuenta de que su proceso individual es más importante que cualquier lucha externa, y solo así continuamos evolucionando. El ser humano en su interior es dual y, según Nietzsche, hay una lucha constante entre dos morales.

La primera, es la moral del esclavo, la que se deja dominar por la mentalidad de rebaño y la tradición; causando así su decadencia hasta llegar al punto de exterminarse a sí mismo. Mientras que la moral opuesta, empuja al ser humano a autosuperarse para diferenciarse, cuidarse mental y físicamente; para atreverse a crear nuevos valores, nuevos hábitos, y sobre todo a escuchar a las nuevas generaciones; es decir, es la Voluntad de Poder.

En mi proceso de introspección, me pregunté: Sabiendo que el ser humano tiene tanto potencial para crecer y superarse, ¿cómo ayudo al otro a encontrar su camino? Esta vez pensé, por ejemplo, en el amor que le tengo a una persona en especial o a mi familia.

A pesar de cualquier diferencia, normalmente, uno ama a su familia más que nada en el mundo. Sabemos que cada uno de ellos puede dar ese “extra” que aún no se cree que puede dar, o incluso ser mucho más grandiosos de lo que ya son, y por eso mismo, nos empecinamos en ayudarlos a conseguirlo. Peor aún, tenemos la intención de prevenirles cualquier sufrimiento, evitarles el simple hecho de equivocarse, lo cual, es un gravísimo error.

Esto me lleva a entender que no podemos intervenir en los procesos individuales de otros. El hecho de querer intervenir es simplemente nuestro ego convenciéndonos de que somos nosotros los que tenemos la verdad absoluta. Es la ignorancia de uno mismo diciendo: “Mis valores, y solo mis valores, son los verdaderos”. Lo cual se convierte en una batalla de Ellos contra Nosotros, y así todo se polariza. Por eso suceden las grandes crisis. ¿Por qué creen entonces, que la política y la sociedad están tan polarizadas de derecha hacia izquierda?

La siguiente frase resume al “pastor” del rebaño. Un “líder” que cree que sabe, pero solo confirma su ignorancia. Hitler, Trump, Pinochet, Stalin y Maduro son solo unos cuantos de ellos: “Solo yo entiendo cómo funcionan las cosas, y voy a hacer todo lo posible para convencer a todos de que tienen que pensar como yo. Porque ellos están equivocados, ellos no entienden… y solo yo, los puedo iluminar hacia el camino de la verdad”.

Hasta donde yo sé, existen muy pocas verdades, pero muchas interpretaciones. Y hay algo que sí me puedo atrever a decir, y es que el crecimiento de los demás, no depende de mí. Cada uno tiene su proceso y ese, me atrevo a decir, puede ser el punto final de la cuestión.

Me gustaría cerrar con otra frase de Nietzsche: “Un error muy popular, es tener el coraje de defender nuestras propias convicciones; cuando en realidad, debemos tener el coraje de atacar nuestras propias convicciones”. Es decir, el no querer atacar nuestro ego, es solo una de las razones por las cuales nos polarizamos y nos degradamos como sociedad. Esa es también la razón por la cual muchos caen en la compulsión de obedecer lo que no entienden y etiquetarlo como sagrado, para así, imponer compulsivamente sus verdades a los demás.

Estudiante de Ciencias Políticas y Periodismo.

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