El jugador panameño analiza el séptimo lugar de Panamá en el Mundial de Flag Football y detalla el proceso clasificatorio hacia Los Ángeles 2028
Recientemente, la Asociación Panameña de Crédito informó que la deuda de los panameños es de unos $43,000 millones, lo que da un promedio de alrededor de $17,700 por persona, también señala la APC que, de esta suma, un 52% es de hipotecas; que la morosidad solo alcanza el 6.4%; que el rubro más afectado son las tarjetas de crédito y que la deuda personal ha ido creciendo de manera progresiva, aunque lenta, con un 3% más que el año anterior. Probablemente una buena parte de esa deuda es producto de la pandemia.
Por otro lado, según informes de la Superintendencia de Bancos de Panamá (SBP), la cartera de crédito comercial asciende a unos $25,351. Es decir, una diferencia de más de 20,000 millones entre el crédito personal y el comercial. Este último está dividido entre el financiamiento de empresas dedicadas al comercio o la industria, y en este último rubro, la dedicada a la producción para el consumo local y el destinado a la exportación.
Esta realidad se plantea en un país sin moneda propia, cuya economía depende enteramente del capital que ingresa por vía de exportaciones. Entendamos esto: al no poder emitir moneda, (gracias a Dios) dependemos del dólar, tanto del que circula dentro de la economía, como del que podemos importar y la única forma de importar capital es exportando.
Desde el inicio de la República, Panamá diseñó su economía sobre la prestación de servicios legales y financieros internacionales, mientras la mayoría cimentaron sus economías en la producción de bienes de consumo para la exportación.
Durante el 2025, Panamá exportó servicios por 18,300, mientras que en exportaciones industriales y agroindustriales solo 980 millones, de lo cual el 76.8% fue materia prima y el 23.2% productos elaborados.
Sociedades anónimas, registros navales, aseguradoras, casas de inversión, bancos, fiduciarias, etc., han representado la principal actividad de exportación, de generación de trabajo y de ingresos frescos a la economía
Mientras tanto la producción para la exportación se limitó al banano, a los camarones, al café, y más recientemente madera, carne, pollo, hasta el cobre, todo sumado a los servicios de tránsito por el canal, el ferrocarril, el oleoducto, la Zona Libre, Tocumen, etc.
Las cifras de exportación de Panamá comparadas con países cercanos son abrumadoras. Datos de la OMC registran para 2024 exportaciones por $917.6 millones para Panamá, frente a $19,800 millones para Costa Rica, $13,200 millones para República Dominicana y $14,700 millones para Guatemala.
Cuando se creó el Centro Bancario Nacional con el Decreto de Gabinete N.°238 de 2 de julio de 1970 fue un aporte necesario para solidificar una economía de servicios internacionales, que está desapareciendo por sanciones de naciones que ven sus ingresos fiscales afectados por nuestros sistemas societarios e impositivos.
La tasa de liquidez del sistema bancario es enorme, de 56.86%, cuando el mínimo exigido por ley es el 30%. Esa tasa en la Banca Oficial es del 70.87%, en la Banca Privada Extranjera del 59.44% y en la Banca Privada de capital Panameño del 44.07%.
La economía de Panamá exige un cambio inmediato de paradigma, redefiniendo, entre otras, cuál debe ser la prioridad del sistema bancario. Y esta no puede ser simplemente ofrecer hipotecas y tarjetas de crédito, y ganar mucho dinero. El artículo 48 de la Constitución Política de la República establece que “la propiedad privada implica obligaciones para su dueño por razón de la función social que debe llenar”, y eso significa coadyuvar al crecimiento económico y al bienestar social de la población, que a la larga serán sus clientes y les darán nuevas ganancias.
Hace un tiempo, una cliente me pidió que la ayudara con una presentación para pedir financiamiento para su microempresa. Orgullosa me llamó para darme la gran noticia de que su crédito se había aprobado, y que el banco le entregó una tarjeta de crédito con un límite de $15,000. Luego de asimilar la noticia solo atiné a decirle que lamentablemente ese banco la había estafado.
En otro caso a un cliente le negaron un financiamiento para un negocio con enorme potencial, porque no tenía suficientes garantías para respaldar el crédito. Cuando le ofreció al banco una administración compartida o supervisada, simplemente la respuesta fue “el banco no hace eso”. Y ni hablar del suplicio para la simple apertura de una cuenta corriente comercial, cuyas exigencias exceden toda lógica y corrección comercial.
Hasta cuándo la banca panameña va a seguir como el avestruz con la cabeza metida en un hoyo. Cuándo va a entender que su rol no es ofrecer los medios para comprar casas o carros, o compras innecesarias y excesivas con sus tarjetas de crédito. Cuando entenderá que su función es impulsar el desarrollo económico del país, generando empresas destinadas a producir para el mundo, para exportar productos e importar divisas.
Cuándo nuestros banqueros dejarán los sacos y las corbatas y se podrán botas y sombrero o batas de laboratorio, e irán a impulsar el agro y la industria tecnológica, para la exportación. Hasta cuándo estarán simplemente contando los dólares que circulan en la economía y comenzarán a impulsar al sector productivo para que salga al mundo a buscar divisas frescas. Cuándo dejarán de tener esas inmensas planillas para crear equipos de asesoría y apoyo a sus clientes.
Y el gobierno y los entes reguladores, cuándo entenderán que tantas exigencias de cumplimiento, infundadas y abusivas, solo sirven para mantener estancada la economía; y cuándo decidirán comenzar a desmontarlas, como acaba de hacer el gobierno de Estados Unidos al eliminar el requisito de reportar información sobre beneficiarios reales a la Red de Control de Delitos Financieros (FinCEN) del Departamento del Tesoro.