Los familiares de los presos políticos en Venezuela cumplen este lunes, entre la fe y la impaciencia, la quinta noche de espera de nuevas excarcelaciones...
Las instituciones también hablan cuando actúan. Y en un país cansado de promesas, la señal más clara de cambio es la que se traduce en decisiones concretas. La destitución de 176 unidades policiales en 2025, luego de más de 1,000 procesos disciplinarios, marca un mensaje que Panamá necesitaba escuchar: la tolerancia se está acabando. Los casos vinculados a narcotráfico, agresiones sexuales y actos ilegales en centros penitenciarios no son simples faltas internas. Son fracturas que dañan el uniforme, lastiman a víctimas y erosionan el tejido social. Por eso, cuando una institución se depura, no solo corrige: recupera autoridad moral. Esta cifra no debe leerse como morbo ni como escándalo. Debe leerse como evidencia de que se están moviendo piezas donde antes había silencio, lentitud o complicidad. Sancionar —con investigación y sin excepciones— es también proteger a la mayoría de policías que cumplen su deber con dignidad y que merecen que el nombre de su institución no quede manchado por unos pocos. La ciudadanía no pide perfección. Pide garantías. Y esas garantías empiezan cuando el Estado demuestra que puede controlar su propia fuerza. La confianza se reconstruye con limpieza, con consecuencias y con transparencia sostenida.