• 12/09/2026 00:00
Entrelíneas

Salud mental y prevención del suicidio

El 10 de septiembre, el mundo conmemoró el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. En Panamá, la fecha obliga a mirar un problema que durante demasiado tiempo se ha tratado en voz baja, casi siempre después de la tragedia. El suicidio sigue siendo uno de esos asuntos que incomodan. Se evita la conversación en las familias, en los centros de trabajo, en las escuelas y muchas veces también desde las instituciones. Se habla cuando alguien muere, cuando una historia sacude a una comunidad o cuando el dolor ya no tiene remedio. Después, vuelve el silencio. Ese silencio también enferma. Los trastornos mentales han permanecido durante años relegados dentro de los sistemas de salud, pese a que pueden tener consecuencias devastadoras. Por eso resulta urgente fortalecer tanto la asistencia pública como la privada, ampliar el acceso a especialistas y garantizar atención temprana, seguimiento y servicios que no se concentren únicamente en la capital. No basta con decirle a una persona que pida ayuda. Cuando finalmente encuentra el valor para hacerlo, el sistema tiene que estar allí. También hace falta abandonar el prejuicio que todavía rodea la salud mental. Hablar de depresión, ansiedad, desesperanza o pensamientos suicidas no puede seguir siendo motivo de vergüenza ni un asunto que se esconda dentro de una casa. La prevención exige Estado, familias, escuelas, empresas y comunidades capaces de reconocer señales y actuar antes. Porque en salud mental llegar después no es llegar tarde. A veces, es no llegar.

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