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28 de Mar de 2020

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Rafael Carles

Lector Opina

Enemigo público #1: el cigarrillo

La nicotina, su principal ingrediente activo, es un estimulante potente del sistema nervioso central y extremadamente tóxica

El consumo de cigarrillos es la principal causa de enfermedad, discapacidad y muerte en el mundo: cada año mueren más de cinco millones de personas y, si no se toman medidas adecuadas, en el año 2030 serán diez millones de muertes.

Hasta la fecha, se han publicado miles de artículos sobre el tema que demuestran que el tabaquismo se asocia con alteraciones en todos los órganos y sistemas del cuerpo. La nicotina, su principal ingrediente activo, es un estimulante potente del sistema nervioso central y extremadamente tóxica. Fumar cigarrillos se volvió popular durante la Primera Guerra Mundial, debido que a los soldados les disminuía el apetito y servía de tranquilizante. Nadie se imaginó entonces de los efectos nocivos del tabaco hasta que, en 1930, se tuvo la primera evidencia científica de la relación del cigarrillo con algunas deficiencias en la salud.

Por cada cigarrillo que una persona consume, también aspira una mezcla tóxica de gases y aire que cuenta con más de cuatro mil clases diferentes de químicos, sustancias irritantes y cancerígenas que incluyen arsénico, monóxido de carbono y fenol, que ocasionan diferentes enfermedades en las vías respiratorias que van desde enfisema pulmonar hasta cáncer. Igualmente, cuando el humo se inhala, la nicotina se absorbe en la sangre y en breves segundos llega al cerebro. A su paso por los vasos sanguíneos, va reduciendo la cantidad de sangre que llega al corazón y aumenta así la necesidad de oxígeno del cuerpo.

Esto provoca una aceleración de los latidos cardiacos y la presión sanguínea, con lo cual se consolida el ciclo de muerte al existir un mayor riesgo de contraer enfermedades circulatorias y respiratorias.

Recuerdo que cuando joven, el fumar me afectó la capacidad pulmonar y el rendimiento deportivo. Hoy doy gracias a Dios que ese relajito solo me duró tres años.

El daño que causa el cigarrillo es tan notorio y evidente que las cortes y los tribunales ya están deliberando al respecto. El año pasado, un jurado de Florida en Estados Unidos le concedió a una viuda 23 600 millones de dólares por daños punitivos en su demanda contra una empresa tabacalera, al comprobarse que fumar mató a su esposo.

Según el fallo, el fabricante de cigarrillos fue negligente al no informarle que la nicotina es adictiva y fumar puede causar cáncer de pulmón.

En los años 90 este caso particular fue parte de una demanda colectiva en la que un jurado concedió 145 000 millones de dólares en indemnizaciones, pero en 2006 la Corte Suprema de Florida anuló ese veredicto. Sin embargo, en su dictamen, la Corte Superior del Estado abrió la puerta a demandas individuales contra las empresas de tabaco.

Las demandas contra las tabacaleras han continuado y cada día son más evidentes los daños causados por el consumo de cigarrillos. Y no solo en los Estados Unidos, sino en varios otros países. En 1999, los ministerios de Salud y Secretaría General de la Presidencia en Chile, estudiaron la presentación de una millonaria querella contra 14 tabacaleras norteamericanas. El lobby no se hizo esperar y las empresas enviaron un equipo de abogados para detener la moción. Igual suerte ocurrió en Argentina, Colombia y Guatemala.

Pero el punto clave llegó en 2004, cuando un juez federal de Brooklyn otorgó estatus de demanda colectiva a los pleitos entablados por decenas de millones de fumadores de cigarrillos light, que acusaban a varias tabacaleras de engañar a los consumidores. Desde entonces, las demandas colectivas se multiplicaron. Unas no han prosperado, gran parte ha acabado en acuerdos y otras han tenido éxito para los demandantes acabando en condenas con grandes perjuicios para las tabacaleras, con indemnizaciones millonarias que en ocasiones se han visto reducidas notablemente en apelaciones en cortes superiores de justicia.

Los expertos jurídicos creen que estas multas altas son una condena moral por las miles de mentiras y engaños que las tabacaleras cometieron en aras de capturar clientes. Pero para la gran mayoría, cada fallo es una sentencia bien merecida por los millones de personas que han muerto asfixiadas y sofocadas por el humo del cigarrillo. Un recordatorio permanente a la comunidad de que el cigarrillo es el enemigo público #1.

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