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26 de Oct de 2020

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Rafael Carles

Lector Opina

Enemigo público #4: el alcohol

La mayoría de la gente nació después de los años 30 y creció en un ambiente permisible con respecto al consumo de bebidas alcohólicas.

La mayoría de la gente nació después de los años 30 y creció en un ambiente permisible con respecto al consumo de bebidas alcohólicas. Por eso es normal ahora que los niños de doce y trece años consuman alcohol alegremente y que las ‘pintas' son sus juguetes preferidos.

Incluso, cuando llegan a las fiestas de ‘quince años' dicen que si no le sirven guaro se van. Este hecho de que los niños consumen alcohol desde tempranas edades muestra una tolerancia culposa de parte de una sociedad enferma y carente de valores, y que además corre peligro de enfrentar una crisis de salud de mayores proporciones por minimizar una situación de trágicas consecuencias.

El consumo de alcohol está tipificado por la Organización Mundial de la Salud como un disparador de adicciones y ha advertido sobre la magnitud de una serie de problemas de salud pública asociados a su consumo. En términos sencillos de entender, el alcohol interfiere en los procesos de asimilación de los nutrientes y provoca una disminución del apetito. Y tomado de forma abusiva y regular, está claramente relacionado con el desarrollo de obesidad, hipertensión arterial, gastritis, úlceras, cirrosis y diabetes. Además, las estadísticas relacionan el consumo de alcohol con el aumento de violencia en la sociedad y las muertes por trauma. Por eso, la mayoría de los casos de crímenes que aparecen en las portadas de los diarios es por causa del consumo de alcohol.

Las bebidas alcohólicas carecen de vitaminas y minerales, y no aportan nada beneficioso para el organismo. Su valor calórico es mayor que el del azúcar; cada gramo aporta 7 calorías, en vez de 4 calorías. Una lata de cerveza aporta 110 calorías, una copa de vino 80 y mezclar cualquier bebida destilada con un refresco supera las 200. El efecto calórico es rápidamente opacado por el efecto depresor que tienen sobre el sistema nervioso central reduciendo la capacidad de hablar, pensar, caminar, etcétera. Estos efectos son aún mayores en las mujeres, ya que metabolizan más rápido el alcohol, con lo que el daño afecta de manera más rápida a sus órganos vitales, especialmente en cuanto a cardiopatías se refiere.

El alcohol daña de manera irreversible las células cerebrales, cambia la acción de los neurotransmisores, alterando su función y forma. Las afectaciones mentales del alcohol están relacionadas a esa sensación de frenesí y falsa euforia que tiene un efecto de subida y bajada, que hace sentirnos alegres, pero luego sobrevienen periodos de depresión y ansiedad. De esa manera, el alcohol y las sustancias que libera en el organismo afectan directamente el sistema nervioso y causan diferentes trastornos psicológicos, además de la propia dependencia que a medida que pasa el tiempo se va acrecentando.

A nivel físico los efectos del exceso de alcohol son demoledores. En primer lugar debemos tener en cuenta que el alcohol se procesa a través del hígado, que se afecta y con el tiempo da lugar a enfermedades hepáticas. El alcohol aumenta los niveles de triglicéridos y por lo tanto empeora la circulación sanguínea, aumentando el riesgo de padecer enfermedades cardiacas. Nuestros sentidos se ven afectados enormemente, porque altera el control de nuestro cuerpo y el equilibrio. El aumento de la masa grasa es elevado, y con él la disminución de la masa ósea y la fragilidad de nuestro esqueleto, pudiendo lesionarnos con más facilidad. Igualmente, el alcohol tiene efectos irritantes en el estómago, causa inflamación del esófago, produce úlcera péptica y hemorragias. En el sistema reproductor, el alcohol disminuye el libido y por tanto la actividad sexual de las personas; en los hombres causa impotencia y provoca infertilidad, y en las mujeres aumenta la masa de las glándulas mamarias, trastorna el ciclo menstrual, causa infertilidad y altera el nivel hormonal. Y en el sistema inmunológico, destruye los glóbulos blancos y aumenta el riesgo de infecciones virales y bacterianas.

Con este rosario de daños para la salud, no hay argumento que pueda defender la causa del alcohol. Además, su consumo es un riesgo que se paga muy caro en forma de abandono escolar, divorcios, despidos, cárceles, hospitales y hasta la muerte. Por eso, es importante que a la hora de divertirnos lo hagamos con conciencia y prudencia. Todo es bueno en su justa medida, aunque con el alcohol es mejor quedarnos cortos siempre.

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