25 de Feb de 2020

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Rafael Carles

Lector Opina

Despertar legislativo con aroma a salud

Ciertamente, el diputado Picota ha visto el problema y se ha atrevido a enfrentarlo.

El diputado Iván Picota del Circuito 8-7 presentó recientemente un proyecto de ley en la Comisión de Educación, Cultura y Deportes para promover la nutrición y estilos de vida saludables en los centros educativos oficiales de la República de Panamá. Según su exposición de motivos, en los últimos años las cifras de jóvenes que padecen de sobrepeso, obesidad y diabetes han aumentado y la solución es apoyar a los padres de familia en la difícil tarea de alimentar a los niños que durante las horas del día consumen alimentos en kioscos y cafeterías escolares.

Ciertamente, el diputado Picota ha visto el problema y se ha atrevido a enfrentarlo. Además sabe que desde hace una década existe una reglamentación en el Ministerio de Educación para regular los kioscos y cafeterías en los centros educativo, pero muy poco se ha hecho para impedir la venta de sodas y demás comidas chatarra. Por eso, de aprobarse esta ley, la Dirección de Nutrición y Salud Escolar del Ministerio de Educación adquirirá vigencia para revisar la oferta de los kioscos y cafeterías escolares y evaluar si reúne los requerimientos de nutrientes, así como los niveles de sodio, azúcar y otros.

Igualmente, la ley obligaría a que en las clases de Ciencias Naturales los maestros enseñen atributos sobre estilos de vida saludables para evitar que los niños cuando crezcan padezcan de hipertensión, colesterol alto, cáncer, obesidad, sobrepeso y diabetes, enfermedades que actualmente representan la mayoría de las muertes en Panamá.

Felicitamos al diputado Picota por su iniciativa legislativa, pero sentimos que, al igual que otros aspectos de la vida, será imposible implementarla, si no se tiene una serie de conocimientos fundamentales sobre la materia. Queramos o no, el instinto y la tendencia personal no son en absoluto suficientes disuasivos para comer bien. Incluso las costumbres y la tradición no garantizan que comamos lo correcto. Ni siquiera el precio de los alimentos garantiza que hagamos la mejor elección para nuestra salud.

En consecuencia, los legisladores deberán tener en cuenta tres conceptos imprescindibles para gestionar los aspectos regulatorios de la ley y solucionar el problema de fondo. Primeramente, los niños no solo necesitan comer, sino nutrirse. El tema central no es qué alimentos ofrecen los kioscos, sino qué nutrientes contienen esos alimentos, porque son las enzimas, vitaminas, minerales, carbohidratos, grasas no saturadas, proteínas y aceites esenciales las que aportan valor nutritivo a la comida.

Lo segundo es cambiar el concepto de calorías por uno de energía. La idea no es no contar calorías, sino examinar la calidad de las mismas. Por ejemplo, siempre será mejor un jugo natural de 100 calorías que 10 calorías de una bebida pasteurizada baja en grasa y endulzada artificialmente. Igualmente, la energía proveniente de una avena integral es mucho mejor que la de una empanada, pastelito o ‘meneíto'.

Y finalmente, hay que olvidarse de las pirámides alimentarias y enfocarse en ofrecer una dieta equilibrada a base de alimentos frescos y de temporada. El niño en edad escolar necesita frutas, vegetales, legumbres y cereales fáciles de asimilar para generar energía eficientemente y poder aprender, jugar y sobrevivir ansiedades y estrés que demandan las ocho horas de escuela. Esa energía no debe provenir del consumo de café, sodas, bebidas energizantes ni otros estimulantes que agotan al niño y afectan su sistema nervioso central.

Afortunadamente, existen algunos colegios particulares donde está prohibida la venta de sodas y restringido el uso de aceites hidrogenados para freír comida. Incluso hay algunos que ya tienen establecidos criterios mínimos para asegurar que los niños no consuman más del máximo recomendable diario de 2500 miligramos de sodio.

Por eso, ante este proyecto de ley, es posible que surja una cierta ansiedad por parte de los dueños de kioscos y empresas que históricamente han vendido sus comidas chatarra a jóvenes estudiantes. La sugerencia es que no vale la pena alterarse. Es verdad que elegir libremente un alimento es una opción que tenemos como consumidores, pero igualmente se debe entender que en un kiosco o cafetería escolar donde asisten diariamente cientos de niños sin criterios suficientes para comer bien y elegir saludablemente los alimentos, es potestad del Estado y de los legisladores intervenir y crear leyes necesarias para orientar a la población sobre qué alimentos comer y cuáles no.

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