29 de Nov de 2021

Opinión

Tiempos cada vez más difíciles para todos

En un mundo tan globalizado, un incidente en un punto del planeta traslada la tensión a miles de kilómetros.

Si Charles Dickens reviviera, a buen seguro que escribiría una versión actualizada de su magistral obra “Tiempos difíciles”. Si en 1854 narró las vicisitudes de la primera revolución industrial, le tocaría ahora diseccionar el complejo mundo que vivimos en plena cuarta revolución industrial.

Son ahora también “Tiempos difíciles”; acaso más, al verse agravados por la complejidad y la incertidumbre. En un mundo tan globalizado, un incidente en un punto del planeta traslada la tensión a miles de kilómetros. Véase el asedio a la presidenta europea Úrsula von der Leyen desafiada al Oeste por el incansable agitador británico Boris Johnson, que exige revisión de los acuerdos del Brexit, y, al Este, por la insumisión polaca a los principios fundacionales del Derecho en la Unión.

Por si fuera poco, en la misma frontera del Este ruge el autoritario bielorruso Lukashenko, más de 25 años en el poder, trayendo emigrantes de Irak, Siria y Yemen para conducirlos a una tierra de nadie donde su único destino es morir de frío, a menos que la Unión abra sus fronteras. Ese flujo de emigrantes engañados por “dos mil euros, pasaporte y foto” para llegar a Minks, la capital bielorrusa, y después conducidos al infierno de las fronteras cerradas de Polonia y Lituania, disminuye en origen por las gestiones del vicepresidente Josep Borrell. Algunos países ya no embarcarán inmigrantes hacia Minks. Como se debilita su “arma humana” de presión, Lukashenko ha amenazado con cortar el suministro en el gaseoducto que va de Rusia a Polonia, lo que dejaría a media Europa helada. Hasta el propio Putin ha tenido que rebajar la tensión recordando que ese gas es ruso y que Bielorrusia solo pone el pasillo para el transporte. Menos lobos.

En España, entretanto, se conmemoraba el asesinato de la dominicana Lucrecia Pérez Matos en 1992, a manos de jóvenes fascistas, considerado el primer crimen de odio que fue juzgado y severamente castigado. “España hizo su catarsis con una condena casi unánime al crimen, pero República Dominicana aún no”, manifestó su embajador Juan Bolivar Díaz Santana. Denunció el embajador y reputado periodista, la impunidad de los asesinos de un haitiano ahorcado en Santiago de los Caballeros en 2015 y la desvergüenza del Ministro del Interior de la época que calificó su muerte de “suicidio”, cuando apareció atado de pies y manos. “Lo de Lucrecia fue como una vacuna contra la xenofobia”, manifestó en el acto del sábado la periodista María Rey quien advirtió que “las vacunas pierden fuerza con el tiempo y que hay que vigilar el ascenso de la intolerancia”. María Rey, en la concentración posterior al asesinato de Lucrecia, hace 29 años, en medio de una fuerte tensión, leyó el Manifiesto tras la negativa de cinco periodistas a hacerlo por temor a represalias. Un interesante libro de la doctora Bernarda Jiménez sobre ese asesinato recoge lo sucedido y sus prolegómenos como lección para garantizar la convivencia. Además de la hija de Lucrecia, para la que se pide la concesión de “nacionalidad española privilegiada”, intervino la entonces concejala del Ayuntamiento de Madrid Patrocinio Lasheras quien advirtió que “los violentos que usan la bandera de España hacen daño a sus víctimas y también a España”.

El mundo vive y vivirá la mayor diáspora de la historia. Mientras el uno por ciento de la población acapare tanta riqueza como el otro noventa y nueve, será imparable la presión migratoria hacia áreas de bienestar. Millones de personas están en viaje. Tiempos cada vez más difíciles.