24 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Culecos por cluecos

En la fiesta de MOMO unos disfrutan, otros trabajan para subsistir mientras se inyecta economía y el turismo hace su agosto en las reson...

En la fiesta de MOMO unos disfrutan, otros trabajan para subsistir mientras se inyecta economía y el turismo hace su agosto en las resonadas retretas. Son criticadas por un lado y alabadas por el otro. Primero dicen que es una actividad que promueve el licor, los vicios y la corrupción del cuerpo y de la carne. Otros se recogen en retiros ajenos a la avalancha de gente que se junta en el enloquecido molote gritando: ¡agua!, ¡agua!, ¡agua! mientras sueltan la vejiga, en una irreverente costumbre que provoca malos olores cuya fetidez abruma a nativos, turistas y a los que limpian a prima noche de cada tardecita.

Los ecologistas deberían preocuparse por el fenómeno y abocarse a una campaña, que ya el Ministerio de salud realiza cada año con la entrega de miles de miles de condones en una vano intento de atajar el SIDA y las otras enfermedades incurables que azotan a los que se restriegan la piel sin el menor cuidado frente a la sagrada copulación que bendicen las iglesias, claro que posterior al matrimonio y a la promesa eterna de fidelidad.

Estas es una singular fiesta, propia de países que propugnan la tradición cristiana que antes se decía que se realizaba tres días antes al Miércoles de Ceniza y por tanto a la tradicional Cuaresma, en donde nuestra costumbre se inclina a comer mariscos y prohibir la ingestión de carne roja, aunque pareciera que la intención original se destinó a la abstención del yacer en pareja.

En Chitré con el Carnaval Pechugón se empieza con el corrincho desde el jueves hasta que el cuerpo aguante. Esta denominación precede a la expresión ‘carnemen levare’ (quitar la carne) en alusión a los cuarenta días cuaresmales donde se dice que no se puede ingerir carne ni grasa animal y la expresión carnestolenda proviene del latín ‘dominica ante carnes tollenadas’ (el domingo antes de quitar las carnes).

No sé cómo estamos en este orden, pero, antes y en el calendario religioso, este periodo se iniciaba el 6 de enero, el día de la Epifanía al terminar la Navidad, lo que se continuaba hasta el Miércoles de Ceniza. Otros dicen que responde a fiestas paganas como las del buey Apis. Aquí nosotros atiborramos los mercados de mariscos en un vano intento de la purificación del alma que viene con procesiones, por las mismas calles que antes han pasado las carrozas de las reina tiradas por grillos atiborrados de hombres vestidos con licras y como es una fiesta liberal, abunda el maquillajes y los disfraces femeninos que lucen inconformes. Vean lo lejos que han llegado aquellos faraones egipcios, porque en sus jeroglíficos secretos, dejaron plasmada esas experiencias carnestolendas mezcladas o adulteradas por las fiestas dionisiacas, también llamadas basáricas y de orígenes griegas, que recordaban unos poemas que constan de 48 cantos, en alusión a Homero y las fiestas bacanales, que eran fiestas en honor a baco, el dios mitológico del vino, que a propósito se bebía sin control, y que organizaban las sacerdotisas con la ceremonia denominada bacantes, todo esto asociado siempre con las orgías romanas.

Tenemos también las conmemoraciones lupercales, unas fiestas romanas celebradas a mediados del mes de febrero, y en honor al dios Pam y las saturnales romanas o las fiestas celtas de muérdago, que es una planta que se asocia a las navidades, porque tradicionalmente se colgaban en las puertas.

Nosotros en Chitré y sus aledaños le agregamos la majadera, primero con latas de casa en casa, después en carros dando vuelta por las calles y finalmente con camiones cisternas estacionados. Al volver al tema de las máscaras y disfraces que ahora se juntan con las murgas y los desfiles de carrozas llenas del lujo y el esplendor, de los creativos aupan en ese vano artilugio de ganar entre las calles divididas.

Ayer me explicó mi hermano Rogelio que en el pasado el uso del antifaz fue porque hubo una acusación a una mujer de prostituta, sobre esa imprescindible e innoble actividad y que para proteger a los clientes en lo sucesivo ellos y ellas empezaron a utilizar el antifaz para proteger la identidad.

Lo cierto es que los cristianos y los paganos nos encontramos entre la espada y la cruz, por una parte la tentación al pecado que anida en la simple intención y por otra en la purificación cristiana, mediante las privaciones desde ese pasado partes con la cruz de ceniza en la frente y de allí, a los cuarenta días de programadas abstinencias hasta arribar al Domingo de Pascuas con la resurrección y en el medio la visita al Cristo del Atalaya.

Finalmente, debemos corregir culecos por cluecos en alusión a las gallinas con sus pollitos y las reinas con sus súbditos. Nos quedan tres noches.

*ABOGADO Y PROFESOR.