25 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Nocaut: planeta, sistemas, sociedades

D ios, a través de la naturaleza y su potencia, ha mostrado nuevamente a la raza humana su finitud y límites. El nuevo holocausto —natur...

D ios, a través de la naturaleza y su potencia, ha mostrado nuevamente a la raza humana su finitud y límites. El nuevo holocausto —natural— del Japón, nación aterrorizada hoy ante un desborde nuclear incontrolable, le muestra a esa sociedad científica y tecnológica, que sus avances asombrosos, son una brizna de paja suelta en los vientos, ante el poder de la Creación, cuando ésta se sacude.

Anteayer fue en Haití, ayer en Chile. Recientemente un volcán arrojando cenizas paralizó el tráfico aéreo de Europa. El derrame marino y tóxico del golfo de México, aun no explicado bien en efectos ecológicos adversos. Cicatrices que nos muestran —si somos inteligentes y tenemos ojos para ver— que la ciencia, la tecnología, y la creatividad no están prohibidas. Todo lo contrario. El tope, el muro de contención es únicamente el fin, el bien común. No el poderío arrogante, el dominio del fuerte sobre el débil.

Y esto, lo negativo, es justamente lo que el hombre ha creado como sistema. No solo los imperios y potencias mundiales, en cada era, esclavizando. También los modernos Estados que nos dicen que ‘estamos en democracia’; y, sin embargo, los verdaderos registros de carne y hueso, nos muestran que la pobreza disminuye apenas aritméticamente; las brechas que amplían las diferencias entre los ricos y pobres crecen de modo geométrico. El capital lo acumulan avaros insaciables.

Los ejemplos de Túnez, Egipto, Libia y docenas de países orientales y occidentales, muestran crudamente que el poder la mayoría de las veces se busca solo como objetivo de interés personal: un noventa por ciento para acumular millones que se exportan a Suiza; un diez por ciento para las masas, solo para hacerles creer voluntad de servir.

En lo nacional, hemos recorrido una etapa de once décadas como ‘república independiente’. Decenas de mandatarios se turnaron. Entre todos, tres figuras descollan: Belisario Porras, Arnulfo Arias, Omar Torrijos. El primero, coloca las estacas para conformar un Panamá, político y administrativo. Arias lucha contra los poderes de la oligarquía empresarial establecida. El tercero da un salto impresionante para rescatar el territorio, la soberanía y la independencia definitiva. Todos humanos, con vicios y virtudes. No obstante, ninguno de los tres pasa a la historia como un amasador de fortunas personales. Eso los ubica como políticos de ideas y buenos propósitos.

Hoy, vemos a una sociedad y partidos políticos agitados. Aun no vamos por la mitad del período de gobierno y ya hablamos de elecciones próximas, en vez de preocuparnos por programas de desarrollo integral. Quienes desde ya nos dicen que desean gobernarnos, ¿están realmente pensando en que los panameños y panameñas mejoremos nuestros niveles de vida y resolvamos nuestras ansiedades? Es muy, muy difícil, que alguien —consciente e inteligente—, les crea. Mucho tiempo le costó a Túnez, Egipto, Libia descubrir las verdades. Los panameños no hemos pasado tantas cosas, pero sí tenemos ya experiencias suficientes para saber lo que queremos. Por los hechos los iremos conociendo.

*ABOGADO Y EX MILITAR.