18 de Ago de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Arropémonos hasta donde permita la manta

S e dice que nunca deberíamos forzar las cosas más allá de su capacidad natural, porque ese estiramiento solo acarreará problemas y frus...

S e dice que nunca deberíamos forzar las cosas más allá de su capacidad natural, porque ese estiramiento solo acarreará problemas y frustraciones. En ese sentido preguntaría: ¿está endeudándose el país más allá de lo juicioso?, ¿están hipotecando hoy el futuro de niños y jóvenes, atando también las manos de quienes están por nacer?

El tema me ha preocupado desde que participé en la Asamblea Nacional como legisladora durante el régimen anterior y siempre cuestioné las cifras del crecimiento anual de la deuda incluidas en los proyectos de presupuestos nacionales. Me causó alguna tranquilidad la iniciativa de limitar ese aumento anual que prescribió en la llamada Ley de Responsabilidad Fiscal del 2008, aunque recientemente se haya aumentado ese límite para permitir un mayor endeudamiento anual.

Además de haber levantado ese límite, ahora se recurre con mayor frecuencia que antes a los contratos llamados ‘llave en mano’, cuyo precio no se registra como deuda hoy, porque se entiende que el gobierno no está obligado a hacer ningún desembolso hasta que la obra respectiva esté concluida y sea entregada; mientras tanto, no se desembolsa dinero alguno, porque los pagos se harán después. A ambos métodos se está recurriendo para financiar el ambicioso programa de inversiones gubernamental y, tanto al aumento anual de la deuda registrada como a las futuras obligaciones derivadas de los contratos llave en mano, ya me he referido varias veces en esta columna, además de mis cuestionamientos en la Asamblea pasada.

Pero ahora, a un sinnúmero de advertencias locales se suma la opinión de una reconocida firma extranjera de inversiones que, toma nota del grado de inversión que disfrutamos hoy, sin embargo, nos advierte de la necesidad de ser prudentes y juiciosos por el riesgo que pueda producir un exceso de entusiasmo en la cantidad de inversiones públicas que requieran ser financiadas con más deudas presentes y futuras. Con la consabida prudencia oriental —que mucho analiza y reflexiona antes de actuar—, la firma de inversiones japonesa Nomura nos advierte sobre los peligros que nos pueden rondar si nos confiamos y entusiasmamos demasiado. Nos aconseja arroparnos sólo hasta donde nos alcance la manta, porque, de lo contrario, aconseja a sus clientes pensarlo dos veces antes de invertir este año en valores panameños.

A los consejos gratuitos de Nomura a sus clientes se les debe dar el peso que merecen, porque el país no puede ignorarlos. La firma y su nombre me eran desconocidos y por ello investigué rápidamente vía Internet sobre el Grupo Nomura y Nomura Securities; me resultó un gigantesco conglomerado industrial y financiero que, entre otras actividades, brinda servicios financieros y de consultoría desde Tokio, Nueva York, Hong Kong, Londres y otros centros financieros.

¿Qué ha advertido Nomura? Anota que Panamá, con una economía en franco crecimiento ayudado por préstamos bancarios accesibles, resulta de interés para inversionistas internacionales. Pero —siempre hay peros— advierte: cuidado con la inflación que el crecimiento desmedido puede traer; cuidado con el aumento de precios y salarios y con la escasez de mano de obra calificada; cuidado con las fricciones y rompimiento de la Alianza de Gobierno que pueda significar una inestabilidad política que asuste al capital extranjero; cuidado con un desmedido incremento anual de la deuda pública al aumentar el límite de la Ley de Responsabilidad Fiscal fijado por el gobierno anterior; cuidado con contratos llave en mano, cuya obligación no se registra ahora; cuidado con posibles sobrecostos de los mega proyectos como la Torre Financiera, la Cinta Costera III, el aeropuerto de Río Hato y el Metro, este último que quizás exceda lo que necesita una ciudad del tamaño de Panamá; cuidado con el aumento de gastos públicos que excedieron los ingresos fiscales en el primer trimestre de este año.

Y termina recomendando a sus clientes algo que nos resulta peligroso. Les aconseja que, si desean invertir en Latinoamérica, no lo hagan —por ahora— en bonos de la República de Panamá, que pueden resultar sobrevalorados. Esas recomendaciones no se pueden ignorar. Se impone corregir lo que haya que corregir.

*EX DIPUTADA DE LA REPÚBLICA.