12 de Ago de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

¡Atención!

La algarabía, puede ser lo más altisonante en un grupo de personas que parlan al unísono sobre temas vanales del acontecer muy particula...

La algarabía, puede ser lo más altisonante en un grupo de personas que parlan al unísono sobre temas vanales del acontecer muy particular de cada quien, algo muy similar a un mercado persa. Pero al oír la voz de ‘atención’, toda la vocinglería desaparece, todos sin excepción adoptan la postura de firmes, el silencio se hace imperar y a la orden de ‘formar’, toda la masa humana corre sin miramientos a sus respectivas posiciones. Ordenados y alineados en tres hileras, quedan a la espera de la siguiente voz de mando.

Los gremios disciplinados bajo la égida cuartelaria, donde se invoca la disciplina como norma a la cual cada persona debe sujetar su conducta, es la tónica de la instrucción constante a todos los estamentos uniformados. ¿Cómo se logra ese prodigio?

Bueno, primero el voluntario debe aprender a vencerse a sí mismo, para llegar a la convicción durante el proceso de formación, de quién mejor obedece, sabrá mejor mandar para cuando le corresponda la responsabilidad de orientar, instruir, disciplinar y educar a sus subalternos, para convertirlos en buenas unidades; atentas, amables, caballerosas y prestas al desempeño de todas las obligaciones que impone el servicio.

La responsabilidad que se adquiere en el rango o en el grado o en la jerarquía moral que a la postre es la más importante, se ve reflejada en la magnífica disposición del sujeto, por el cabal desempeño de las responsabilidades inherentes a su función como líderes de hombres.

La cruel invasión militar a Panamá y todo el escarnio público a que fuimos sometidos como hombres y ciudadanos soldados, derrotados y vapuleados por culpas y mea culpas, a la voz de ‘atención y formación’ se reagrupa la nueva fuerza policial y hoy, con mucho orgullo, vemos, gracias a la formación, a la disciplina profesional del hombre en uniforme, a numero plural de compañeros que en democracia han sido convocados a ocupar altos cargos de responsabilidad dentro del engranaje de gobierno en el transcurso de los últimos años.

Ello es un claro indicador de que la formación recibida, bien en sus hogares como cuestión de principio, o en los estudios superiores de donde egresaron como pundonorosos oficiales, con normas y valores bien inculcados, ellos han sabido proyectarse hacia esferas, fuera del ámbito castrense, hacia la excelencia ciudadana.

Cuánto no avanzaría la sociedad panameña si el sistema educativo inculcara en la mente de miles de estudiantes el valor de los principios cívicos y ciudadanos, apelando al enjundioso estudio de nuestros prohombres, que hicieron de la patria un pedestal, cincelando en el bronce frases e ideas que aún perduran.

Belisario Porras dijo en uno de sus laureados discursos: ‘... y he tenido por entendido que la vida está hecha, no de grandes sacrificios, sino de pequeñas bondades, con las cuales la paciencia y el interés por los tristes, las cortesías, las sonrisas y las pequeñas obligaciones dadas habitualmente, son las que ganan y conservan los corazones’.

Los países avanzados surgieron porque han sabido orientar a sus párvulos hacia la ciencia, la tecnología, la educación, la cultura y las virtudes ciudadanas. El ocio, el hastío, la concupiscencia, son el veneno de los pueblos que se tornan materialistas y alejados del espíritu del valor de lo bueno.

‘Eduquemos al niño y no castigaremos al hombre’.

*SUBCOMISIONADO RETIRADO.