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24 de May de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

‘El veneno no mata, si no lo tomamos’

¿ Cómo sostener, que los ‘malditos derechos humanos’ son los culpables de que Juan de los Palotes haya vulnerado la integridad de otro c...

¿ Cómo sostener, que los ‘malditos derechos humanos’ son los culpables de que Juan de los Palotes haya vulnerado la integridad de otro ciudadano? Sin considerar su importancia y cómo hemos llegado a ostentarlos. ¿Cómo obviar la progresiva toma de conciencia de la Humanidad a lo largo de su historia para alcanzar su bienestar familiar, social y pacificad mundial mediante las luchas sociales?

Los Derechos Humanos (DD.HH.) tratan de preservar la dignidad de la persona, de ahí, se instituye con gran sentimiento humanitario la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) por la Organización de las Naciones Unidas, un 10 de diciembre de 1948. Siendo éste el primer instrumento jurídico internacional que consagra los principios básicos de DD.HH., que son propios de cada persona por su naturaleza humana y que son de obligatorio cumplimiento por los Estados y sus asociados.

Que se respeten o no estos principios, no amerita que se sostenga que los DD.HH. amparan la criminalidad y promueven la reincidencia delincuencial imperante; pues, la conducta delincuencial va a depender del grado de valoración (que tenga el transgresor) de estas normas fundamentales; y no por ello, corresponde a nuestros gobiernos oprimir las garantías constitucionales de los ciudadanos, como el derecho al libre tránsito y la presunción de inocencia por el indiscriminado uso del Pele Police.

De hecho, Jesucristo nos deja como legado la construcción de la paz con base a la justicia. Pues, la hizo realidad dando sanidad a los enfermos, liberando al oprimido e interviniendo por los despreciados sociales y por los que eran esclavos por la fuerza. Entonces, la paz como fruto de la justicia, felicidad del pobre y satisfacción del justo, es el bienestar por el que luchaba Gandhi frente a la opresión social británica en la India; aquel por el cual lucharon las hermanas Mirabal y fueron atrozmente asesinadas por la dictadura del general Trujillo en República Dominicana; el mismo bienestar por el que Albert Parson y sus amigos Spies, Fisher y Engel (hoy mártires por la gesta del 1 de mayo de 1886) fueron condenados a la horca por la conquista de una jornada laboral de ocho horas que en principio era de dieciséis. Conquista que hoy agoniza a nuestra vista cuando esclavos modernos subsisten largas jornadas de trabajo en nuestros puertos de contenedores, centros comerciales y bodegas de la Zona Libre.

Los Derechos Humanos propugnan el pleno desarrollo de la dignidad humana, que nos sirve para poder decidir lo que queremos ser. Incluso al más salvaje y despreciable criminal hay que reconocerle la posibilidad de ser otra persona, pero eso no se logra con violencia, ya que ni la gravedad de la pena persuade al ser humano de delinquir. Por el contrario, y a sabiendas de que las conductas criminales son aprendidas, nos toca como agentes de cambio emprender la reformación de la sociedad con base a la educación en civismo, en valores y en Derecho, para evitar ser víctimas de las violaciones de estos últimos. Y así lograr un mejor desarrollo social y una efectiva edificación de cultura de paz, pues ‘el veneno no mata, si no lo tomamos’; es decir, que maltratan tus Derechos, por tu desconocimiento de los mismos.

*ESTUDIANTE DE DERECHO.