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23 de May de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Extravagancias

Las paradojas operan entre lo que decimos y lo que hacemos. Si leemos el diccionario de la Real Academia encontramos una definición cong...

Las paradojas operan entre lo que decimos y lo que hacemos. Si leemos el diccionario de la Real Academia encontramos una definición congelada sobre lo que significa solidaridad entre los hombres: ‘Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros’. Es como dejar nuestros intereses para compartir los de otro. Claro que esto va mucho más lejos que esta definición, como ocurre con ciertos animales irracionales, que se solidarizan para alcanzar metas, los peces en cardúmenes se protegen de sus depredadores, pero los lobos trabajan en manadas para cazar presas y los humanos no se han quedado atrás desde siempre, aunque nos organizamos para destruirnos, pero también logramos identidades en comportamiento, en actividades, para lograr intereses comunes, aunque sean contra otros miembros de la misma especie.

Hay sectarios religiosos convertidos en fanáticos, que han tratado de dominar por la fuerza y de esto hay muestras en distintas religiones y sectas. El llamado Pesebre se ha convertido en una fiesta fastuosa de regalos materiales incomprables para la mayoría.

Ahora nos vamos a referir dentro de la solidaridad mancillada por el descomunal problema del tránsito comercial de personas a través de los medios masivos de transporte, que se ha vuelto un problema social mayor. Nosotros consideramos que hay una cultura del juegavivo y con esto actúan con un total ayuno por el derecho social, en el cual cada uno tiene igual oportunidad, pero también hay que buscar los espacios de convivencia. No hay forma de llegar a convencerlos de que todos somos partes de una sociedad que se beneficia si hay cooperación, tolerancia y solidaridad, porque también debemos ceder en algunas cuestiones por la salud de la Humanidad. No es posible que cada cual haga lo que le da la gana, sin importar las consecuencias. Hay que atender las reglas para que todo fluya debidamente.

En el transporte mecánico tenemos un caos que ya hace crisis negativa. Los taxis parecen una plaga amarilla, se paran en cualquier lugar para dejar o recoger pasajeros, esto no excluye a otros automovilistas impertinentes que se abren paso de cualquier manera para avanzar. Los cocheros recogen a los pasajeros selectivamente, sin ningún ambage pregunta a los usuarios para dónde van y si les conviene los recogen o desairan. Los buses nuevos y los viejos obstruyen las calles y algunos hacen lo mismo con la recogedora de pasajeros fuera de la parada. Nadie hace nada, porque a la hora de los reclamos todos estamos en otro planeta. Si son los ‘bien cuidado’ aspiran cuadriplicar el forzado estipendio. La ‘ayudita’ es una obligación y no saben ni de quién es el carro.

De una manera o de la otra en esta vida de desagüe, sólo el entendimiento ha evitado que los humanos se hayan destruidos del todo, todavía, pero el peligro no pasa mientras existan riquezas por controlar como el territorio, la alimentación, el petróleo, el agua, el aire, los metales preciosos, el conocimiento y podríamos seguir, porque la lista es grande. Lo que pasa es que la solidaridad puede eclosionar en distintos estadios en la convivencia, que al final, tenemos que orientarla hacia la solidaridad, de los que tienen hacia los que no tienen. Cuestiones comunes como el diario vivir, en donde la avenencia es fundamental, la tolerancia debe llenar el vacío que provoca el desorden en el comportamiento humano incompatible.

Emile Durkehim fue uno de los pioneros en compartir las ideas de la solidaridad en sociología, como un sentimiento de unidad basado en metas o intereses comunes entre los asociados. Si observamos este fenómeno social, vamos a coincidir en que esta compatibilidad es la que ha forjado sociedades o países sólidos que se han juntado con otros y de este modo formar bloques de entendimiento, aunque en algunos renglones se avasalle o sojuzgue al resto de la Humanidad, porque todo lo que tiene valor se comercia a cualquier costo.

También se ha escrito sobre la solidaridad mecánica, para referirse una total competencia individual en la mayoría de los trabajo con alguna diferencia por razones del género, pero se sostiene que es propia de organizaciones sociales primitivas regidas por un derecho represivo y en donde el delito es una ofensa a la sociedad. De verdad que cuando leía la información en esos momentos pensaba en los japoneses.

No entienden que no se puede manejar vehículos bajo los efectos de las drogas por el daño que pueden provocar, aparte de la desmedida velocidad provocada por un prurito vicio de correr y creer en una máquina.

Una y otra cuestión de estas nos lleva al mundo de los extremos, porque hay otros juegavivo con el delito de estafa pública y medios de comunicación, de este modo aparecen anacoretas publicitados y con oficinas, provenientes de tierras lejanas, siempre con tendencia hacia los antepasados con esos cuentos que embelesan a los incautos y de allí viene el engaño con las cuantiosas pérdidas. Claro que no son los únicos, hay otros misóginos del patio con esa misma habilidad de hipnotizar con las promesas de curación física de enfermedades terminales y de los engaños del alma con promesas de amarres amorosos capaces de lograr el retorno de la pareja arrepentida del abandono. Lo peor es que se toleran en el medio como algo real.

No hay cómo ayudar a los ingenuos, que no entienden que a los casinos o a la lotería nadie le gana, porque hay un viejo adagio que reza: ‘Quien juega por necesidad, pierde por obligación’.

ABOGADO Y PROFESOR.