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07 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Somos un país de Paz

Al momento de empezar a escribir este artículo, aún no se había podido concretar una reunión entre la Coordinadora de los Indígenas y el...

Al momento de empezar a escribir este artículo, aún no se había podido concretar una reunión entre la Coordinadora de los Indígenas y el Gobierno Nacional. Ya se habla de un muerto y una veintena de heridos. Esta situación nos afecta a todos. El tiempo transcurre, es tortuoso, y levanta ronchas. Y, lo peor es que el mundo nos mira. Panamá se ha caracterizado por ser un país de paz. Y, para alcanzar la paz, entre el gobierno y el grupo de indígenas, hay que independizar el diálogo de la estupidez humana. Si esto no es así, dificulta más el acercamiento entre las partes en conflicto. En este sentido debe existir la esperanza de que algo bueno ha de suceder, ¿pero cuándo?

El pesimismo, la frustración y el negativismo suelen ser sentimientos que hacen que el resultado no sea positivo. Para ello, los protagonistas deben prepararse mentalmente hacia lo bueno y hacia lo malo y llegar a un acuerdo que sea de mutua satisfacción. En una mesa de diálogo, siempre habrá puntos débiles y en otros puntos, lo contrario. Hay que saber escuchar, negociar y ceder y con una actitud positiva. Pero, ¿cómo lograr esto a estas alturas? Cuando esto se debió hacer desde el momento en que los indígenas empezaron a cerrar la vía Interamericana. Este era el preciso momento de un acercamiento, aunque la reunión hubiese sido bajo la sombra de un palo de mango en algún cerro de San Félix. Las consecuencias en estos momentos son desastrosas. Y, como dicen los expertos: la situación se nos ha salido de las manos. Esto afecta la seguridad emocional y mental de los que habitamos este país.

En este punto, ambas pastes tienen su mea culpa. Esto sucede cuando no se usa el cerebro y no se le aleja de las malas influencias, sobre todo, de la manipulación política. Lo que pasa, es que, muchas veces el cerebro se ha de aturdir por los intereses personales incitados por el resentimiento. ¿Cuándo aprenderemos que el sentarse en una mesa y conversar como seres civilizados es la única manera de lograr limar asperezas entre las partes involucradas?

Para mi el punto álgido del asunto es precisamente las malas influencias. Como en todas partes y en todo lugar y en todo momento, hay gente dispuesta a dialogar, pero, también hay gente mala, gente con una piel hipersensible, gente que no aguanta nada, los que se aprovechan de la situación, los de lengua venenosa y que afilan sus cuchillos para alcanzar al primero que no esté de acuerdo con la manera de manejar el conflicto; en fin, los interesados en acabar con la paz en este país.

En verdad esta es una situación aterradora que no nos deja aterrizar con la sensatez debida. Aunque se quiera o no, el gobierno debe dar el ejemplo. La actitud correcta es la conciliación.

Hasta dónde hemos llegado y siento vergüenza. La estupidez humana se centra en unos contra otros. Para muestra un botón: los hechos dolorosos escenificados en la Asamblea Nacional. Un vivo ejemplo donde la incoherencia persiste. La incoherencia de los buscapleitos, a los que les encanta la pelea. Por algo Panamá es cuna de campeones en boxeo.

A flor de piel estamos todos. Nos volcamos como serpientes venenosas que van directo a hacer daño al primero que se cruce en su camino. Así somos. Nos encanta herir susceptibilidades. Somos de sangre caliente y de emociones calientes. Esto nos sumerge de inmediato en un nivel de angustia existencial que sobrepasa los límites de la compresión del ‘fenómeno humano’. Agresiones, injusticias, y terrorismo de todo tipo, forma y color se sobreponen, conformando el más profundo substrato de ‘maldad’ en nuestro país. Esto nos conduce a la ausencia de Paz.

Debemos llegar a un nivel de concientización en las representaciones sociales de los conflictos, y he de pensar que no es suficiente, por lo que se requerirá de mayores y mejores aportes y esfuerzos por parte de todos para el logro paulatino de ese prístino valor, la Paz, que de continuo se nos escurre de las manos. Conviene considerar que la Paz es indispensable para el desarrollo y progreso de los pueblos, para la seguridad del individuo y los grupos, para la independencia nacional y para la solidaridad social.

La relación armónica del hombre con su medio no solo es contemplada por la Ecología, sino por todos aquellos procesos que promueven y mantienen la paz entre los habitantes de un país. Una mente en equilibrio generalmente se proyecta hacia su medio, porque una mente en paz, produce Paz. Pero, es un tipo de paz que contribuye a la creatividad en forma dinámica y sostenida. Es por ello, que a la actual generación de niños y adolescentes se les debe educar por y para la paz, que es el soporte fundamental de la democracia y la libertad.

La Paz es el soporte natural de las instituciones democráticas ordenadas en base a criterios que promueven el desarrollo creador de las comunidades al servicio del progreso y de la vida, estrechamente vinculadas a la democracia. Ambos criterios —Paz y Democracia— sostienen en su interior un proceso de solidaridad humana difícilmente de ser superado en la escala ética de cualquier sociedad.

ESPECIALISTA DE LA CONDUCTA HUMANA.