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08 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Imitación y pasión

‘ Yo estoy limpia, más no puedo asegurar que vuelva a consumir, siempre siento esa tentación’, así lo expresó en su última aparición ant...

‘ Yo estoy limpia, más no puedo asegurar que vuelva a consumir, siempre siento esa tentación’, así lo expresó en su última aparición ante un programa de televisión. Por su deseo de salir de los estupefacientes y del alcohol se entregó a Dios, y le cantaba, pero volvió y recayó. Recayó, para nunca más volver a un mundo que si no estás preparado para enfrentarte a él, apagará tu voz, tu conciencia, tu libertad, tu cuerpo y, hasta tu alma. El alma de Whitney Houston, fue apagada por su adicción a las drogas y al alcohol. Su vida empezó a autodestruirse al enredarse con un infame que luego se convertiría en el padre de su única hija. La maltrataba causándole graves heridas corporales, que con el tiempo logran sanarse, no así las heridas que lesionaron su esencia de mujer que vivieron para siempre en su mente y en su corazón hasta el día de su muerte.

Y dejó a millones de seguidores sin su majestuosa voz, sin aquella figura que no necesitó desnudarse para lograr la fama con respeto. ¿Qué pasó? ¿Por qué no conservó los valores cristianos y humanos inculcados desde el seno de su hogar? Lo que sí sé, es que, cuando te introduces en el mundo de las drogas y no tienes el suficiente valor para decir NO, allí te encuentras ante una batalla infernal.

En el mundo de la farándula, del espectáculo, del éxito, del endiosamiento, donde el acoso de los medios se convierte en pesadilla, y donde no existe el amigo sincero; no se intuye el peligro y, la soledad va buscando su espacio dejando vacío el tanque de reservas del amor propio y de la dignidad. El consumo de sustancias adictivas es habitual en la industria del entretenimiento. Grandes músicos, cantantes y estrellas de cine, mueren abrazados a la drogadicción. Además, hay diseñadores y directores de revistas que prefieren modelos de aspecto delgado y demacrado que recuerdan a los adictos. La revista Newsweek comentó en 1996: ‘Las calles de Seattle están atestadas de chicos que se fueron a vivir allí para consumir heroína, sólo por ‘imitar’ al cantante de rock Kurt Cobain’.

Hay jóvenes que tienen una vida normal, estudian, no tienen una vida sexual promiscua y, cuando toman una copa, no se emborrachan. Pero los hay también que sienten una auténtica ‘pasión’ por las figuras del espectáculo. Celebridades que tienen una vida sexual precoz, consumen drogas y alcohol, pero que son muy atractivos para ellos, porque encarnan el glamour, la popularidad.

El alcohol es la droga de primer contacto y de mayor consumo, porque está al alcance de cualquier joven. Y, con ella busca ‘desinhibirse’. Imitación, pasión y desinhibición van de la mano. Algunos publicistas interpelan a los adolescentes, porque los consideran un mercado importante y saben que mientras antes se les incorpore el hábito de estos productos, más fácil será que los sigan consumiendo. A la vez, en el comercio se les vende alcohol como si fueran adultos. Hay bares abiertos y mayor permisividad legal y social, a personas que todavía no tienen estructurado su mundo de valores, ideológico y emocional.

La falta de supervisión de los padres es lamentable. Hoy día, los jóvenes tienen toda la libertad del mundo. Hay una gran falta de convivencia y de un método de corrección adecuado y eficaz. ‘No temas ponerles límites claros. No minimices los peligros que acechan a tus hijos. Averigua quiénes son sus amigos. Las malas compañías echan a perder los buenos hábitos’. Muchos padres se confían y piensan que como sus hijos provienen de una familia respetada, no son de la clase de personas que consumen drogas. Sin embargo, hay que saber que el traficante busca la amistad de los jóvenes de familias influyentes, porque son un buen negocio para él.

Habría que recuperar aquellas fiestas que se celebraban en casa de los propios padres, bajo luces claras y la mirada discreta, pero atenta, de alguna persona mayor. Así era fácil divertirse sanamente. Hoy, te encuentras a padres permisivos que se ausentan y prestan sus casas en la ciudad y en la playa para fiestas y estas terminan en bacanales. Y, los padres callando y otorgando. En las discotecas de estos tiempos, donde casi es imposible hablar, propician un tipo de expresión basada únicamente en el contacto físico, en la vibración y en los instintos estimulados por el sonido, la penumbra, cuando no por el alcohol y la droga. El consumo de alcohol y estupefacientes conduce a conductas erráticas, al envejecimiento prematuro, en particular al deterioro de las funciones cerebrales, asociados a problemas psíquicos. Esto es un fenómeno de tipo social y debe ser considerado como un problema de Estado.

Tú que me lees: ‘No regales tu cuerpo, tu alma, tus sentimientos y la razón por un momento de satisfacción desmedida. Aprende a conocerte, a valorarte y a quererte un poco más’.

Suelo referirme al caso de un joven que resultó gravemente herido en un accidente automovilístico. En sus últimos momentos le dijo a su padre: ‘Papá, me enseñaste todo lo que necesitaba para pasarla bien en la vida: cómo encender un cigarrillo, cómo sostener un vaso de licor y cómo tener sexo sin que la otra parte quedara embarazada. Pero nunca me enseñaste cómo debía morir. Enséñamelo ahora papá, porque me estoy... muriendo’.

ESPECIALISTA DE LA CONDUCTA HUMANA.