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01 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Los diputados se venden, los indígenas, NO...

Vergüenza ajena fue lo que sentí, al escuchar por radio en días pasados a la dirigente indígena Yanel Venado Jiménez que con voz pausad...

Vergüenza ajena fue lo que sentí, al escuchar por radio en días pasados a la dirigente indígena Yanel Venado Jiménez que con voz pausada, un castellano impecable, sin modismos ni groserías, referirse a la clase política nacional, al exponer la lucha que adelantan en defensa de la preservación ambiental de la región montañosa en la que viven.

Pareciera que no entendemos o no queremos entender la lucha de los indígenas. Defienden su identidad cultural, social, comunitaria. Son personas que viven en colectividades aisladas. En sus selvas, ríos y montañas. Y las minas a cielo abierto, o las represas en sus ríos, amenazan la integridad del modo de vida que conocen. Y que la sociedad no les ha ofrecido ninguna alternativa mejor después de siglos de olvido, expulsión de las mejores tierras y abuso.

Obviamente, no podía ver la imagen de Yanel. Pero me la imaginé, con su mirada firme, sus negras pupilas centelleantes de convencimiento, su gesto resuelto, sus oscuros cabellos y sus rasgos cobrizos quemados por el sol de verano, ataviada con sus coloridos ropajes. Me la imaginé al frente de sus compañeros en las calles de la ciudad, al frente de la Base, como le llaman a las organizaciones que mantienen en distintos lugares de la República, dirigiendo su verbo convencido a sus hermanos y hermanas de sangre. A sus hermanos de pobreza. A sus hermanos humanos, como se dirigen al resto de nosotros.

Hoy en Panamá, los indígenas se alzan en pie de lucha en distintos lugares del país. En la sierra, en las capitales provinciales, en las carreteras nacionales, en las urbes metropolitanas. Y no son solo los ngäbe buglé. También sus hermanos de la Frontera con Darién. Los de Guna Yala. Y sus hermanos obreros de la construcción.

Y es que las tasas de crecimiento, muy buenas, del PIB, no son sexys para ellos. Ni las notas de las cada día menos creíbles Agencias Calificadoras Internacionales. Pero no creas que están aislados del mundo. Yanel decía en la radio esa mañana que están enviando mensajes al mundo en inglés, en alemán, en italiano, en portugués, en francés. Y es que hoy muchos de los hermanos indios son educados. Decía Yanel que hermanos ngäbes que estudian en Suiza estaban dando al mundo a conocer la posición de sus comunidades olvidadas en las montañas y selvas del Oriente chiricano.

Y de pronto he recordado que no hay monumentos a los indígenas en mi país. Solo había un centavo con la efigie del jefe indígena Urracá, de Veraguas. Y es que los ngäbes buglés habitan las montañas de Veraguas, Chiriquí y Bocas del Toro. Y que también Urracá era ngäbe buglé, cacique de las indiadas rebeldes e indómitas de la provincia de Veraguas.

Al contrario, celebramos a Vasco Núñez de Balboa, ‘descubridor’ del Mar del Sur gracias a información de Cémaco, fugitivo de la autoridad en la Isla Española. Que conspiró y depuso a sus oficiales superiores, Enciso y Nicuesa. Que le daba un sueldo a su perro Leoncico por cada indio que cazara.

Y entonces, ¿entendemos por qué los indígenas de mi país no creen en el hombre occidental? En sus palabras y solo aceptan los hechos? Ojalá que las autoridades de mi país entiendan el mensaje que se está gestando. La gobernabilidad del país está en juego, entendida como la aceptación del hacer del gobierno, por legítimo en su representatividad y ecuanimidad, y no solo por los resultados electorales ya pasados y cada día más lejanos.

*PERIODISTA