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19 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Feria del comercio

La semilla de marañón de la región nordeste de Brasil es ampliamente conocida en el mercado internacional. Esta ‘castanha de caju’, como...

La semilla de marañón de la región nordeste de Brasil es ampliamente conocida en el mercado internacional. Esta ‘castanha de caju’, como le llaman los brasileños, tiene una dimensión que sobrepasa las locales, una de sus principales cualidades que la hace apetecible. Por esa razón, a su alrededor se ha consolidado una unión, denominada Unibras.

El desarrollo comercial de esta ‘pepita’ oleaginosa, al igual que un conjunto de empresas de diversos ramos, como joyerías, productos de cocina, alimentos, bebidas, banca y una embajada de 17 fábricas de variadas opciones de iluminación, forman parte de la delegación que ese gigante país ha traído este año a Expocomer, la feria comercial panameña más exitosa y que del 21 al 24 de marzo se ha desarrollado en esta capital.

Brasil cuenta con el mayor pabellón de América Latina en esta exposición. También es inmenso el espacio de la República Popular de China; mientras Taiwán, Argentina, Chile y México, tienen menor extensión.

Esta actividad, que conmociona las finanzas por unos cinco días, ha alcanzado este año su versión número 30 con algunos expositores que han regresado como Italia y otros nuevos, tal es el caso de Turquía, que presenta cristalería y envases de plásticos y Gran Caimán, con su actividad turística y logística para impulsar planes de negocio.

También el sur de Estados Unidos de América trajo sus cubículos y el interés de negociar con el continente de habla hispana.

Esa región cuenta con 60 puertos de aguas profundas e interiores, 74 aeropuertos internacionales y una consistencia económica que sobrepasa cinco billones del PIB, ligeramente mayor de un tercio del total del país; en un territorio que ocupa el 35% del espacio terrestre nacional, donde se asienta el 40% de la población.

El ingenio de las fábricas, las perspectivas en el mercado y las posibilidades de atender una demanda global, orientan la industriosa actividad de quienes traen sus artículos, servicios o soluciones.

Una bicicleta eléctrica coreana, la iluminación de locales pequeños y urbanos brasileña, un sartén chino que coce y asa, otro que mantiene el guiso sin quemar, gracias a un espacio donde guarda aire caliente; carteras mexicanas hechas de retazos de desechos, una máquina chihuahuense que recicla llantas y las convierte en materia prima para adoquines o una compañía costarricense que trabaja en la ‘nube’ informática.

Los argentinos ofrecen vinos mendocinos con una trascendente cultura de la uva y panadería. Enfrente, los chilenos además del néctar de los viñedos, brindan frutas frescas y carpacio de salmón, pulpo, ostiones y otros crustáceos; mientras que los bolivianos exhiben prendas elaboradas con su piedra ‘bolivianita’ en doble tono violeta y amarillo.

Los venezolanos han instalado empresas en Panamá que producen hasta chalecos antibalas. Una compañía empaca indumentaria y enseres del dormitorio con la opción de ‘deshidratar’ estos materiales y reducir el espacio ocupado. Otros imaginativos fabricantes asiáticos producen una regadera de baño con unas piedritas que suplantan el jabón, pues combaten las bacterias y aromatizan el cuerpo.

Arriba de 130 millones de dólares en transacciones pudieron realizar más de 500 módulos de exhibición de 32 países y casi cinco mil citas de negocios que dejaron unos 10 mil 300 contactos para eventuales acuerdos posteriores, hablan de las posibilidades de esta feria anual.

El país como punto de confluencia brinda oportunidades a vecinos de economías modestas para sentarse con Indonesia, Malasia y gigantes del Oriente, dar sentido a una vieja costumbre del trueque comercial y acercar las culturas de producción en busca de perspectivas de progreso en un panorama de crisis económica planetaria.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.