24 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

La lectura del presidente

El candidato a la Presidencia de México, que está en primer lugar según las encuestas, presentó un libro hace algunos meses y con motivo...

El candidato a la Presidencia de México, que está en primer lugar según las encuestas, presentó un libro hace algunos meses y con motivo de esta actividad política, conversó con los periodistas sobre su obra. Todo estuvo bien hasta que alguien entre los interlocutores de la conferencia de prensa le pidió al aspirante a la primera magistratura que diera el nombre de tres libros que recién hubiera leído.

A continuación y como respuesta, hubo un enredo de títulos, autores y argumentos, que ocasionó que alguno de los presentes gritara ‘Pinocho’, al recordar que a este personaje del cuento de Collodi, le crecía la nariz al decir mentiras.

Esta penosa situación, llama la atención hacia un aspecto del proceso electoral, relacionada con el nivel cultural de quienes aspiran a ejercer un puesto público y participan en la contienda; aunque algunos puedan alegar que es irrelevante que el futuro funcionario elegido por el pueblo lea o alimente su intelectualidad por la afición a los libros.

¿Cuántos libros debe haber leído quien va a asumir un alto cargo en el engranaje gubernamental? ¿Cómo puede alguien llevar adelante una discusión en una instancia del Estado, en la Asamblea de Diputados o en la cámara edilicia, sin haber tomado contacto con textos narrativos, ensayos u obras de la literatura local o universal?

Hace 18 años llegué de visita a la capital mexicana, justo cuando mataron al candidato a presidente Colosio. Durante esos días, una amiga tuvo su primer hijo y me vi involucrado en las andanzas y trámites propios del parto.

Ahora coincidió un viaje a la capital de ese país cuando Darío cumple los 18 años y me he hospedado en la recámara del joven. Llama la atención la sobriedad de su dormitorio y la cantidad de libros que ha recopilado. Pero más llena de curiosidad, saber qué lee un joven de esta época.

Por eso, se sorprende uno con los dos primeros títulos que encuentra; Tristán e Isolda, de Béroul y Thomas, un texto clásico de la edad media y El extranjero, de Albert Camus.

Pero a medida que se recorre el lugar con los ojos, cualquiera se hace una idea del tipo de adolescente que duerme en esa habitación. Evidentemente, tiene una colección casi completa de Harry Potter, pero también los Diálogos de Platón, las Siete tragedias de Sófocles y las Comedias, de Molière.

Hay un grupo de libros dedicados a la ciencia y una selección de clásicos, incluidos el Frankenstein de Mary W. Shelley; La metamorfosis, de Kafka; Casa de muñecas, de Ibsen; El llano en llamas, de Juan Rulfo; Doña Perfecta, de Pérez Galdós; Don Juan Tenorio, de Zorrilla; relatos de Unamuno, entre ellos Niebla y el Popol Vuh.

Las lecturas también incluyen textos para el desarrollo de la personalidad como Ética para Amador de Savater; Las aventuras de Tom Sawyer, de Mark Twain; Desarmar el silencio, de Oralba Castillo; Economía al alcance de todos, de Rius.

Además de El Quijote, cuentos de Benedetti y algunos escritos de históricos como Zapata, de Pedro Ángel Palou y de José Agustín, Tragicomedia mexicana.

Cualquiera pudiera opinar que esto es inusual; este chico está fuera del perfil de los muchachos de ahora. Aquí quería llegar. Si un joven es tipificado por lo que lee, de igual forma un político que ocupará una importante posición, debe caracterizarse por su lectura, por el lenguaje y la capacidad de exponer un mensaje con claridad y sin dobleces.

Esa es la pregunta básica para cualquier candidato en el próximo torneo; ‘señor (a) candidato (a), ¿cuántos libros ha leído usted?’...

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.