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20 de Nov de 2019

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Credibilidad

H ay un circuito entre los políticos, periodistas y la opinión pública en torno al reconocimiento de la veracidad dentro de las activida...

H ay un circuito entre los políticos, periodistas y la opinión pública en torno al reconocimiento de la veracidad dentro de las actividades de las sociedades sustentado en la fiabilidad. Hay tantas cosas que agregar sobre lo que nutre este concepto universal con el que titulamos, que no es otra cosa que el fruto de una permanente laboriosidad con la que se convence a los demás, al rescoldo de la supremacía de la certeza en lo expresado o construido como bueno.

Así como lo podemos encontrar dentro de la fe que se procese o con esas invariables creencias barnizadas con una cobertura de ingenuidad o confianza dentro de una completa certidumbre y convencimiento, sobre el éxito en las actuaciones garantizadas por el crédito fundamentado en la experiencia que se tiene o que se valora en un juicio centrado sobre otras cualidades, que crea una adelantada convicción al analizar la naturalidad del comportamiento, pero en especial, animado por la empatía que provoque el sujeto examinado.

La verosimilitud es una cualidad consustancial del ser animado, cuya trayectoria de bien lo postula como principal merecedor del respeto por su honestidad cotidiana.

Los políticos, al igual que los periodistas, deben estar revestidos con una vida ejemplar que los blinda con una coraza moral, pero en su orden deben ejecutar consecuencias críticas a favor y en contra y con ello los periodistas pueden crear crisis, pero para advertir y corregir o a los extremos determinar las responsabilidades por las insalvables actuaciones deshonestas.

Nos dicen, por otro lado, que esta actitud de verosimilitud proyectada suele estar estrechamente relacionado con la verdad. Pero la credibilidad se puede perder brusca o paulatinamente, hasta en un simple acto público en el que de repente y frente a todos, se demuestre a la faz del país lo contrario en consideración a las buenas apreciaciones, prescritas en función de la fama pública alcanzada por una buena reputación, lo que a la vez genera una absoluta confianza.

Estamos frente al fenómeno disyuntivo de decir la ortodoxia sin convencer o mentir, mientras los interlocutores reversan en una afirmación que dice la verdad, debido a la capacidad de convencer al prójimo o, por lo contrario, si se descubren las falsedades, entonces será difícil que se logre construir ese denominado emporio de fiabilidad.

Se dice que la credibilidad está compuesta al generar confianza y poseer un grado de conocimiento con los objetivos dispositivos, como el fin propuesto en una actividad determinada, o subjetivos, como lo de establecer una propiedad en cuanto a las percepciones basadas en determinados puntos de vista, de modo que en algunas profesiones, como la de político o periodista, alcanzan valores imprescindibles, porque de otra manera, sus afirmaciones pierden importancia, debido a que se venden intangibles frente a la integridad de la que deben estar revestidos.

Si la empatía como una condición fundamental en la comunicación, es la capacidad entre los humanos de concertarse y compartir las necesidades, sentimientos, ideas mientras se alcanza un sentimiento de bienestar, si se logran con el pensamiento ocupar el lugar del otro y de encontrar en común cada vez más los aspectos positivos. Lo adverso es la antipatía como un sentimiento de animosidad, repudio o un notable desacuerdo hacia una persona, animal o cosa. La antipatía como la simpatía son sentimientos propios del humano.

Hay antipatías frente a cuestiones tan evidentes como discusiones, ofensas, agravios; y las antipatías surgen con solo conversar u observar al interlocutor que algunos estudiosos denominan de piel, por asuntos que se desarrollan en el subconsciente, al promover señales de agresión hacia el sujeto contrario.

La antipatía se puede notar cuando no hay interacción, puesto que la atencionalidad se transfiere a objetos o con miradas inexpresivas, contorsiones faciales, fastidio evidente, dar la espalda al finalizar la conversación como muchas otras situaciones.

Esto se agrava si hay promesas incumplidas o las actuaciones alejadas del mínimo común, lo que conlleva a la paulatina falta de confianza que crece a medida que no se satisfacen los compromisos. Otro asunto es un comportamiento alejado de lo normal, por más que se trate de explicar los agentes externo que impiden cumplir. La idealización que se tiene en enjuicio de valores sobre lo mejor de lo que realmente es, pierde espacio y hay desgaste.

La sociedad siempre exige más de lo que corresponde o de lo que se puede dar. Con estas cuestiones se pierde el apoyo moral y hay un deterioro político en relación con la persona admirada con anterioridad.

Sabemos que la fama pública es un sinónimo de reputación, una cualidad reservada a los hombres de bien, como una buena opinión o fama que puede elevar al sujeto a una celebridad que está sobre la fama ganada, aunque sea una constante que se debe mantener a niveles altos, que las figuras públicas por lo general no alcanzan.

Este aspecto de la credibilidad pareciera un anhelo extendido de los que aplauden o abuchean al que funge como un icono de lo que debiera ser al momento que se gana o pierde.

Los políticos resguardados detrás de los partidos necesitan avalar un grado de realismo en sus actividades, con las que podrán acceder al poder y gobernar. Es imprescindible esa fiabilidad que pueden empañar el crédito a los políticos, a través de los medio masivos de comunicación, que los editores pueden tratar de eliminar o minimizar las noticias fomentados en intereses particulares.

ABOGADO Y PROFESOR UNIVERSITARIO.