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29 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Política: ¿cómo terminarán estos misterios?

Desde Amador Guerrero a la fecha —y más obviamente en tiempos de regímenes militares— los mandatarios han gozado de manera erótica el ce...

Desde Amador Guerrero a la fecha —y más obviamente en tiempos de regímenes militares— los mandatarios han gozado de manera erótica el centralismo presidencialista. Ante el Ejecutivo, verticalizado y que pone y quita presupuestos, los órganos Legislativo y Judicial, se han resignado —con efímeras excepciones— a servir de disimulados corifeos al inquilino mayor del Palacio de las Garzas. Las excepciones habría que buscarlas como aguja en un pajar.

Nunca como hoy en la historia republicana en ‘democracia’ se había vivido una crisis institucional del tamaño y dimensiones de lo actual; jamás se nos presenta, además, un clima de violencia potencial como en estos días que corren. Desconocerlo es esperar la bofetada social sin vacunas. Creo que ni en tiempos de los militares se armaban protestas erizadas contra la Corte Suprema o algunos de sus magistrados. La violencia de días pasados, como antes la de los indígenas Ngäbes, puso en evidencia que las mechas están tan explosivas en las calles, que ante la menor chispa emocional, podrían —como literalmente ocurrió, cuando las manifestaciones de los hermanos primigenios— terminar con turbas apedreando supermercados con nombres numéricos. Los sismos podrían ser mayores, porque ya las masas, hastiadas, pronuncian nombres propios, y con cóleras. ¿Hará falta que hayan tragedias personales? ¡Para qué meter a los uniformados en luchas sangrientas! Es mejor prevenir, siempre.

Quedarnos en las críticas aúlicas de los actuales opositores, especialmente de los representantes de partidos políticos, es una burla a nuestra inteligencia. Muchos de los que hoy critican al actual régimen, se comportaron de maneras muy similares, y las diferencias en ‘pecados’ son apenas matices. No se encuentran voces arbitrales con credibilidad; apenas la Iglesia es aceptada, y eso puede desbordase si no hay luz en el túnel. Tendríamos que acudir al Colegio Cardenalicio, y puede ser muy tarde. El presidente Martinelli debe tener presente, sabemos por qué lo decimos, que cuando el río social trae piedras, y pasan los temporales sin que se haga nada estructural y que convenza, las siguientes inundaciones pueden ser totalmente incontrolables.

El régimen perdió toda credibilidad; los dirigentes opositores tampoco tienen fe pública. Eso es aún más peligroso. Porque, de haber tumultos callejeros, no hay voces que dirijan y puedan parar los exabruptos de las masas, sobre todo de la juventud estudiosa y rebelde, que gracias a Dios, siempre son los centinelas de la dignidad y el coraje. Por algo decía el Maestro Moscote, ‘la juventud no necesita frenos, sino acicates’. Todo está en rojo, no hay respeto por ninguna institución, porque todos las han denigrado.

Da lástima el Parlamento, convertido en una pésima gallera de escándalos. Las voces pasadas de esos diputados admirados, como los Jorge Illueca, Carlos Iván Zúñiga, Arnulfo Escalona, y otros panameños que enaltecieron ese edificio que hoy es escenario de trompadas e insultos, son apenas una sombra digna, en medio de tanta vergüenza. ¿ A qué maestro, siquiera del área rural más escondida, se le ocurre armar una visita con sus niños a observar la sede de ‘los padres de la Patria’? ¿Padres de qué? Solo de sucesos asqueantes. Los pocos dignos, o se quedan callados ante la sumisión masiva, o les apagan sus voces con aplanadoras orquestadas.

El problema serio es que —como decía Omar Torrijos— todos tienen encendidas únicamente las luces cortas, las de ‘parking’. Si encendieran las más largas, podrían anticipar, que lo que viene después de hoy, si no hay decisiones reales de Estado, será el caos, la violencia sin control, la sangre, que es imposible preveer quien la derramará. Estamos en vísperas de un Apocalipsis; que tarde lo vieron los Gadafi, sodomizados ya moribundos, o los Mubarak, que terminaron en sillas de ruedas ante los jueces.

ABOGADO Y MILITAR RETIRADO.