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27 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Mi Panamá de hoy

Conversando con un familiar, me confiesa que ha descontinuado de leer las noticias nacionales, porque le causan desasosiego y ansiedad, ...

Conversando con un familiar, me confiesa que ha descontinuado de leer las noticias nacionales, porque le causan desasosiego y ansiedad, le hacen daño y es una persona joven. Debo admitir que no le falta razón. El Panamá de hoy sufre un síndrome crónico, grave, de alto nivel de desasosiego. No falta un día en que los medios publiquen alguna noticia nacional que cause una mezcla de estupor, sobresalto, temor y rabia. Basta con leer los titulares del día. Los ‘Spin Doctors’ del gobierno alegan que el clima lo crean los periódicos con noticias inciertas, tendenciosas y sensacionalistas provenientes de sus enemigos políticos. Yo opino lo contrario.

Los medios publican realidades de una sociedad en crisis. Los temas son constantes: disturbios y protestas callejeras, cierres de vías, amenazas de huelga, quejas de maltrato judicial, acusaciones de corrupción, crímenes horrendos, jamás antes pensados en mi Panamá, frecuentes decomisos de armas y cantidades significativas de droga, que si bien es cierto es evidencia del aumento en la capacidad y pericia para combatir el crimen de nuestras fuerzas armadas, también es clara evidencia del arraigado uso y peligrosa presencia en nuestro medio del crimen organizado, a lo que tendríamos que agregar los fenómenos sociales nocivos del sicariato y las pandillas callejeras.

Todo lo anterior sería suficiente para elevarle a cualquiera sus niveles de inquietud e intranquilidad, pero la cosa no termina allí, al mismo tiempo, se presenta otra cadena sin fin de escándalos políticos, evidencias de clientelismo, actos cuestionables, acusaciones de corrupción, altercados bochornosos y fuertes confrontaciones verbales y físicas; caso en mención, el último escándalo de nuestra Asamblea Nacional. Del tal manera que el nivel de desasosiego que sufrimos no se limita a acciones o situaciones relacionadas con el crimen, las drogas u otros problemas sociales. Lo acentúa el comportamiento deplorable generalizado de nuestra Clase Política. Desde el inicio de este gobierno son pocos los días, incluyendo días de descanso, sin que nos despertemos con un nuevo sobresalto político.

Como si todo lo anterior fuera poco, debemos añadir, la rabia que nos causan los fenomenales tranques vehiculares a que estamos expuestos los conductores de esta ciudad, sin alivio concreto por parte de las autoridades de control de tráfico vehicular. ¿No creen Uds. que nuestra situación es como para volvernos locos o rebelarnos. No dejo de maravillarme de nuestra pasividad. ¡Tremendo ‘aguante’ que tenemos! o ¿será que somos ‘congos’, como aduce un conocido comunicador social? No obstante lo anterior, recientemente escuche a un connotado analista político catalogar públicamente nuestra actual situación social como la de un estado pre-revolucionario. De ser correcta su apreciación, estaríamos sentados en un barril de pólvora. ¡Dios nos ampare, si explota!

Así son las cosas en mi Panamá de hoy; pero lo más irónico es que no debió resultar así, todo pudo ser muy diferente, pudo haber sido mejor, no hay excusas. Este gobierno recibió el mayor respaldo popular de elección nacional alguna. Un triunfo inigualable e indiscutible de un pueblo ávido de cambio, paz y sosiego. No recuerdo nada similar en nuestra historia. Recibió un país con el mejor crecimiento económico del Continente Americano.

Por lo contrario, por 158 semanas o 1106 días, casi sin descanso, hemos estado sometidos a sobresalto en sobresalto. Cierto es que el país continua creciendo a ritmo positivo, manteniendo su posición de liderazgo a nivel continental. Es real nuestra bondad económica, sin embargo, esta bonanza no se filtra hacia los estratos sociales bajos, se queda en los estratos superiores, como lo demuestra el hecho de que nuestro país tiene uno de los peores índices de distribución de riqueza.

Cierto es que este gobierno ha continuado y emprendido las mayores obras históricas de infraestructura física, pero ha descuidado las infraestructuras sociales, como lo demuestran los problemas de alimentación, salud, educación, seguridad y ausencia de paz social. Es verdaderamente doloroso ver perdida esa oportunidad de crear un mejor Panamá de hoy, oportunidad sin igual, que dudo retornará; como también dudo que habrá tiempo de enmendar, aun con el mejor esfuerzo, en las próximas 102 semanas o 728 días que nos queda de esta administración y si nos guiamos por el comportamiento anterior, más la realidad de que hemos entrado en periodo electorero, los sobresaltos aumentarán con frecuencia e intensidad. Un panorama sombrío, admito. ¡Pobre mi Panama de hoy!

BANQUERO Y EXDIPLOMÁTICO.