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02 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

La disciplina en el PRD

La disciplina dentro de un colectivo político debe entenderse como aquella actitud de cada uno de sus miembros de acatar el conjunto de ...

La disciplina dentro de un colectivo político debe entenderse como aquella actitud de cada uno de sus miembros de acatar el conjunto de normas que rigen su funcionamiento y organización. Un partido político es una fracción de la sociedad en su conjunto, y como toda sociedad está regido por leyes de convivencia interna, por ende, todo aquel que se asocie asume reconocer autoridad a quienes crean, exigen e imponen las normas y el cumplimiento efectivo de ellas.

Las normas que rigen la conducta de los miembros del PRD no son solo los estatutos y reglamentos internos para su funcionamiento, sino también las leyes que rigen la sociedad panameña. En este sentido, las acciones y omisiones de quienes dirigen al PRD están sujetas igualmente a ser consideradas ilegales o inconstitucionales, faltas o delitos, dada la configuración de la conducta en uno u otro caso.

La trascendencia de la disciplina en un partido político permite concebir la realidad de su institucionalidad y la capacidad para lograr sus objetivos. Nada se logra sin disciplina.

Ahora bien, el ajustarse voluntariamente a normas de conducta, es decir, ser disciplinado, no debe interpretarse como ser sumiso, subyugado, servil a todo ordenamiento que suponga la limitación de la manera en la que se conduce, comporta o reacciona un asociado, si el mandato no se ajusta a los derechos y libertades que las propias disposiciones reconocen.

La actitud de no reconocer una orden de derecho no es más que desobediencia, rebeldía; y desde las perspectiva de algunos ordenamientos esta actuación solo es justificable si está amparada por el ejercicio legítimo de un derecho, cumplimiento de un deber legal, legítima defensa y estado de necesidad. En política, la rebeldía es considerada como un supremo recurso universal, cuando quienes detentan el poder o dirección se inclinan en su modo de actuar hacia el autoritarismo, tiranía y opresión. (Considerando, Párrafo Tercero, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos).

Las actuaciones de algunos miembros del partido, muchas veces, voluntaria o involuntaria, denota oscurantismo ideológico, analfabetismo normativo e inconsciencia política. La conciencia es aquel conocimiento, detallado, exacto y real que el ser humano posee sobre sí mismo, sobre su existencia y su relación con el mundo. Es decir, que actuar con conciencia es comportarse con conocimiento. Surge entonces una interrogante: ¿Cuál es la conciencia que fundamenta la conducta de algunos miembros del PRD?

Pareciera que el conocimiento que sustenta la disciplina política de muchos es dividir, acumular poder y riqueza, engañar para obtener, o contrario sensu, callar cuando debemos hablar, no mirar cuando debemos ver, no oír cuando debemos estar atentos, lo que obviamente, genera desestabilización funcional y permite interpretar conductas como complicidad, colaboración, infiltración, contrariedad pública y manifiesta de principios e intereses fundamentales del Partido y sus lineamientos organizacionales.

Entender, es adquirir conciencia de que si seguimos actuando, individual y colectivamente indisciplinados a lo que debe ser el deber político de un partido socialdemócrata y en oposición, abonamos el espacio físico, espiritual y político a una rebeldía legitima, tal como lo visualizara en su momento Omar Torrijos Herrera: ‘... La comunicación diaria, aunque sólo sea para saludarse socialmente, garantiza el que no haya distanciamiento entre nosotros. Y sin distanciamiento no hay espacio ni físico, ni espiritual, ni político para que se siembre en él la duda entre uno y el otro... Indudablemente que cuando con el correr del tiempo se ve que el jefe sólo toma decisiones equivocadas, sus subalternos le siguen obedeciendo, pero pierden fe en él. En lugar de ser un dirigente con uniforme, se constituye en solamente jefe... A ningún conducido le gusta sentir la inseguridad de estar ejecutando órdenes que van en contra del sentido común o de lo que se debe hacer en un momento dado... Cuando el que manda pierde la razón, el que obedece pierde el respeto.’.

ABOGADO; MIEMBRO SUPLENTE DEL TRIBUNAL DE DISCIPLINA DEL PRD.