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28 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Tía Choya... una mujer ejemplar...

El domingo 7 de octubre del 2012, en La Villa de Los Santos, a la edad de 94 años, falleció la maestra Zoraida Chong Ruiz; quienes tuvim...

El domingo 7 de octubre del 2012, en La Villa de Los Santos, a la edad de 94 años, falleció la maestra Zoraida Chong Ruiz; quienes tuvimos el honroso privilegio de conocerla, sentimos la irreparable pérdida que significa su desaparición física, advirtiendo ya el profundo e irremplazable vacío que deja tras su partida, sobre todo entre sus seres queridos.

Tía Choya fue una educadora consagrada, por vocación y formación, que predicó con el ejemplo de las cualidades propias de una mujer excepcional; íntegra, estricta y laboriosa, pero sin duda, su principal virtud fue la infinita capacidad que tuvo para dar amor, siempre lo dio a manos llenas, como solo los espíritus superiores son capaces de hacer; su mirada profunda y transparente, irradiaba bondad; su motivación principal fue servir, y bien; permanentemente lúcida y en control de su facultades, de aquí que fuera absolutamente incapaz de proferir una expresión negativa contra nadie, ni fuera de lugar; siempre con la palabra precisa, oportuna y orientada al mayor bien posible.

Quienes la tuvieron como maestra, entre ellos su amado hijo, el Dr. Octavio Chong, siempre reconocieron las ventajas de su método de enseñanza, que basado en el amor, se caracterizó por el ejemplo personal asociado a una rigurosa disciplina; consciente del impacto de la educación en el desarrollo de los pueblos, se esforzó por inculcarles valores morales a sus alumnos: la verdad, la justicia, la solidaridad, el bien, etc., etc.

Su sola presencia imponía respeto, elemento indispensable para garantizar el éxito de la enseñanza, siempre dirigida al mayor aprovechamiento del alumnado; de aquí que la maestra Zoraida, siempre fue un punto de referencia ética; no sorprende pues que también lo fuera en su comunidad; porque lo suyo fue educar y amar, en iguales proporciones; tuvo la especial virtud de conjugar ambos verbos en todos sus tiempos, por su pasión demostró, de manera diáfana, que si bien las palabras empujan, los ejemplos arrastran.

La fama de sus dulces rebasó los límites de lo imaginable, en particular los suspiros, degustados incluso fuera de nuestro continente; imposible llegar a su casa y no ser invitado a compartir sus ricas viandas, mismas que ofrecía con cariño.

Sirvan estas breves reflexiones al propósito de resaltar los dones de bien que distinguieron con singular brillo a la maestra Zoraida, sobre todo hoy día, en que parecieran privar los antivalores; donde la mentira y el desmedido afán por acumular riquezas lucen como cualidades dignas de imitar.

Tía Choya, su vida fue un ejemplo de amor, dignidad, decoro, de valores superiores, que nuestra sociedad reclama y por los cuales debemos trabajar, si realmente aspiramos a construir una mejor sociedad. Usted no aró en el mar; su ejemplo perdurará en el tiempo.

Paz a su alma.

*MÉDICO