30 de Sep de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

La política y los comandantes militares

Nunca se nos ha explicado bien nuestra historia. Hasta hace muy poco un registro de archivo me mostró que al general Esteban Huertas y s...

Nunca se nos ha explicado bien nuestra historia. Hasta hace muy poco un registro de archivo me mostró que al general Esteban Huertas y sus tropas colombianas acantonadas en la capital, lo compraron por suma importante, relativamente, para traicionar su juramento como oficial de ejército, ante la bandera colombiana. Los gringos, al botar las llaves del ferrocarril, y evitar que las tropas colombianas de Colón corrieran a sofocar el incendio separatista, hicieron el resto. Y los acorazados norteamericanos, nos ayudan, para luego sembrarnos el puñal largo de la nueva ocupación.

Con razón José María Vargas Vila, nos fustiga inclementemente, cuando escribió: ‘la pobre Panamá, que no pudo parir héroes propios y tuvo que pedírselos prestados a Colombia’. ¿Tal realidad descalifica los esfuerzos de patricios criollos de zafarnos el yugo colombiano? Para nada. A partir de ese arranque republicano, mutilados por cañones extranjeros, iniciamos una Policía Nacional, tímida, mediatizada, de pitos y toletes (‘policías patas podrías’). Por décadas, los comandantes aprendieron que eran simples mandaderos de los intereses liberales, sus fraudes y fechorías. Luego, fueron llegando de otros lares oficiales académicos que ascendieron: los comandantes Pino, Ardito Barletta, los nuevos jefes graduados, Ahued, Ocaña, Chavarría y otros, que aprendieron nuevas cosas de la ecuación poder — cuarteles. Remón logró el resto, pasar de árbitro a treparse al poder. Bolívar Vallarino, por largos 17 años de comandante, no busca la silla del terraplén, pero es el réferi de muchos entuertos, golpes y contragolpes civiles, tapadera de fraudes, etc.

Entonces llega el 11 de octubre, en situaciones sociales muy similares a las que vivimos —de incredulidad absoluta en partidos y políticos y enormes presiones sociales subyacentes o conocidas— y aquella oficialidad sin proyecto político, por autodefensa profesional, captura el poder, y luego de episodios internos complicados y variados, Omar asume la conducción, ya no de los cuarteles, sino del poder mismo. Y Panamá gira 180 grados, con pecados y aciertos, pero con muy buen promedio: tratados, reivindicación de las capas medias y populares, educación superior subsidiada, becas, etc.

Los militares de ayer, los de hoy, los de mañana han podido ver ante sus ojos, muchas veces vendados o ignorantes, que las armas solo tienen el poder que les da su volumen de fuego, y éste es transitorio. Las armas las manejan manos, las manos tienen mentes, las mentes conciencias. Y la historia va mostrando rostros distintos a las generaciones. Omar Torrijos explota en un avión, pero en sus funerales se reciben condolencias de personajes tales como: Fidel Castro, Ronald Reagan, Leonidas Brezhnev, el jefe político chino Zmao Ziyang, entre otros tantos. Le llaman ‘estadista’ con respeto y admiración. En cambio, el otro, el que está tras la sombra, no tiene un Dios te guarde en nuestra historia. Ojo, comandantes de hoy: ya no son tiempos de creer que las armas valen demasiado. Las crisis de los ngäbes y la más reciente, nos muestran sin necesidad de ‘informes de inteligencia’ —como ha ocurrido en Egipto, Libia, Túnez y ocurrirá en Siria— que cuando los pueblos aprenden su poderío, y las psiquis colectivas rompen muros y barricadas, las armas pueden voltearse contra los que hacía unos minutos las disparaban contra sus sociedades. Y allí no hay plata que valga, ni rangos, ni respaldos políticos poderosos. Cualquier comisionado despierto y también cualquier subteniente, saben que con dos o tres focos más que hubieran sido encendidos en la capital, y una hora más en la reculada oficial, ni el doble del efectivo militar y policial actual, habrían podido contener las llamaradas. Además, e igual podemos verlo en los países en revolución, a veces, cuando se pierde la razón, los sargentos y cabos pierden el respeto. Remember ‘The Man Case’. El que tenga oídos que oiga.

ABOGADO Y MILITAR RETIRADO.