29 de Sep de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Golpes contra ellas...

La comidilla en la farándula internacional se alimenta con la decisión de la cantante barbadiense Rihana de reconciliarse con Chris Brow...

La comidilla en la farándula internacional se alimenta con la decisión de la cantante barbadiense Rihana de reconciliarse con Chris Brown, quien fuera su pareja y de quien recibió hace algún tiempo una paliza por diferentes conflictos sentimentales no superados, que ocasionó la ruidosa disputa y alejamiento de estos artistas.

En el escenario local, recientemente y según los noticieros, un agente de policía fue a buscar a su esposa en un templo evangélico y luego de orar, la tomó de las manos, salió del lugar y acabó con la vida de ella. Un poco más tarde propinó disparos a un hombre, a quien, aseguran los vecinos, celaba con su compañera.

Los ingredientes de ambos casos son similares. Hay un sentimiento entre dos personas que manifiesta altas y bajas, producto de la complejidad en que se insertan las relaciones sociales y una de ellas, por lo general el hombre, acude a la violencia extrema para poner fin a los conflictos, basado en el apasionamiento incontrolable y en un conjunto de mitos, sobre todo el machismo que ha invadido el sistema.

Las cifras tanto nacionales como regionales lo confirman. Este año, quizás en Panamá se produzcan menos víctimas mortales —mujeres— ocasionadas por la violencia intrafamiliar que en 2011. Sin embargo, según los indicios, el saldo se mantendrá alrededor de 50, de acuerdo a observatorios y organismos especializados, que en 2011 fijaron en 56 la cantidad de mujeres asesinadas.

Otro indicador relacionado, la violencia doméstica, brinda datos en el año 2011, cuando aumentaron los casos a 5,689, que brinda una tasa de 134 a 160 por cada cien mil habitantes. El país ocupa, de acuerdo al Fondo de Población de las Naciones Unidas, el décimo lugar en cuanto a violencia contra la mujer.

Es un nivel que no deja de crear preocupación por las implicaciones sociales, psicológicas y culturales en este sector de la población que sufre de la intolerancia en el hogar.

Cuando se habla de circunstancias que se constituyen en caldo de cultivo de problemas de esta magnitud y con una variable creciente, es necesario acudir a un análisis con un instrumental científico para comprender las causas el problema en su esencia; sobre todo porque, según la Defensora del Pueblo, ‘son ‘muy pocas’ las mujeres que denuncian la agresión ante las entidades correspondientes’.

Una vez me contó la escritora costarricense Carmen Naranjo —quien falleció hace algún tiempo— que por lo general son ellas, ‘las que se preocupan poco por los problemas de las mujeres’.

Y con relación a las causas, contaba Naranjo que ‘se debe a la situación de patriarcado en que el hombre es el personaje principal y la mujer es el otro, el complementario, el suplemento y que toda esa ideología, transmite en los medios, en especial en los culturales, la discriminación contra la mujer’.

Asombra que las afectadas asuman con normalidad el ataque verbal o físico de su pareja y sea baja la denuncia ante las autoridades. Esto manifiesta que la fase preventiva de las políticas no alcanza a crear una conciencia sobre la gravedad de estos hechos que se producen no solamente entre las cuatro paredes del núcleo familiar, sino hasta en la esfera pública y la farándula, como en el incidente de Hally Berry.

¿Existe educación formal hacia la prevención de la violencia contra la mujer? El modelo que ofrecen los medios de comunicación, toda la luminosidad publicitaria y la moda, van en contracorriente de estas contingencias y se requiere consolidar una política generalizada en esta dirección, que haga desaparecer este mal de gran implicación social.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.