03 de Oct de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Pavo pasado

La negativa de la Contraloría a aplicar su control previo (y posterior) a la distribución navideña de 30 mil pavos y jamones importados ...

La negativa de la Contraloría a aplicar su control previo (y posterior) a la distribución navideña de 30 mil pavos y jamones importados con fondos públicos, en un circuito electoral ampliado a la medida para reelegir al presidente de la Asamblea Nacional, se sustentaría en que el presidente Ricardo Martinelli ya santificó semejante desatino de su copartidario públicamente. Y, para neutralizar una crítica generalizada a ambos, simplemente se congela el debido proceso que manda la Constitución.

Pero eso ya es periódico de ayer, en un régimen que habitúa presentarnos con hechos cumplidos. Solemos enterarnos de locuras parecidas (la demolición de la antigua embajada norteamericana, por ejemplo), sólo como clavo pasado. Una vez digeridos estos mal disimulados sobornos electorales, este abuso de su poder lícito sobre el Tesoro se convertirá en pavo pasado por USA$600,000.

Pero lo que ahora más llama a la atención es la reacción de los demás politiqueros. Es casi como si los partidos hacen mutis, para que, cuando les toque su turno al bate, puedan ellos hacer algo parecido.

El Estado subvenciona la existencia de esos partidos, para propiciar un debate en que se traiga al tapete todos los aspectos de los problemas públicos, para arribar a su solución óptima. Similar mecanismo aplicamos al subsidiar la libertad de expresión: se supone que, con una mayor cantidad de medios de divulgación, en alguno tendría cabida cualquier opinión, beneficiando así al bien común no sólo a sus anunciantes.

En teoría. Pero todavía nadie ha traído a colación lo medular: si se han de sufragar alimentos navideños, ¿por qué hacerlo en la capital, en vez de en el Interior? Habida cuenta del racismo reiterado por nuestro propio señor Presidente, sería demasiado esperar que favorezca a las comarcas indígenas. Pero hay otros focos de desnutrición rural, donde también cunde el hambre. Y va para peor, mientras el señor Martinelli exterioriza que ‘el agro empobrece, embrutece, y ennegrece’ y adelanta una cadena de frío de doble vía, para distribuir hacia el interior, toda suerte de alimentos importados.

Y los diputados interioranos (gobierno y ‘oposición’) guardan un silencio indecente.

Quienes comemos 4 veces al día estamos en la obligación de velar por quienes no comen, y la mejor forma de hacerlo es promoviendo un Estado de derecho que funcione como debe para forjar un mejor Panamá, para nuestros nietos.

*TRADUCTOR PÚBLICO AUTORIZADO E INTÉRPRETE SIMULTÁNEO EN CONFERENCIAS INTERNACIONALES.