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22 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Éxtasis y caída

A medida que ha ido avanzando en el ejercicio del poder, Ricardo Martinelli ha pasado del éxtasis a tropezar con la caída. Han ido cayen...

A medida que ha ido avanzando en el ejercicio del poder, Ricardo Martinelli ha pasado del éxtasis a tropezar con la caída. Han ido cayendo una tras otra sus máscaras. Ya no hay contradicción entre el discurso y la conducta del que atropella, humilla, y el que se impone contra la voluntad popular. Su mensaje de fin de año fue una nueva muestra de supremo cinismo. Fue una burla emplear el nombre de Cristo cuando con sus acciones desnaturaliza todo lo que representa bondad, desprendimiento, tolerancia y sensibilidad frente a las necesidades de los demás. Martinelli no es capaz de liberarse de la fuerza de gravedad que la empuja hacia abajo, hacia el mundo de confrontación y discordia que lo tiene atrapado.

Ese comportamiento es el que torna irreversible la hemorragia política, producto de una ruptura de la convivencia entre Martinelli y la sociedad. El país lo rechaza y está aislado de la comunidad internacional, por sus alineamientos irresponsables. Le queda una corte de aduladores y un entorno que solo privilegia lo tenebroso y la falta de escrúpulos para acometer sus fines. Lo amalgama sus complicidades y sus miedos.

Perseguir a los otros y proteger a su círculo más intimo, siempre que no atenten contra sus propios fines, forma parte de la conformación de su sindicato único del poder. En su concepción del Estado, para Martinelli la división de poderes es una mera traba burocrática para gobernar. El pluralismo, una incomodidad. La tolerancia, una debilidad. Las disidencias, la expresión de una conspiración constante. Y la alternancia democrática, tan solo una estupidez inconcebible.

El 2012 fue un año de creciente avance de las concepciones autoritarias. Uno a uno desfilaron por Panamá 12 meses de atropello e imposición, de muerte y luto, de hambre e injusticia social, de clientelismo y corrupción, de impotencia y frustración, pero también de maduración y esperanza.

Así, 2013 se inició con mayor incertidumbre y zozobra, con mayor preocupación por el rumbo de confrontación que ha impuesto Martinelli al país. De un régimen que no para de dinamitar puentes con sus actos y exabruptos, solo puede esperarse acciones para ‘partir’ o darle ‘palo duro’ a sus adversarios, como acaba de anticipar uno de sus más viles funcionarios. Ante los desbordes, odios y enfrentamientos desde el oficialismo, que están transformando el miedo en una política de Estado, vastos sectores han comprendido que en las calles pueden ponerle límite a tanta irracionalidad.

Los ejemplos los está dando el poder ciudadano. Desde esa otra orilla, la de los escenarios de participación, se está ejerciendo el principio de ciudadanía, escuchando y aprendiendo del otro, reformulando los espacios de diálogo y de rechazo a los avances martinellistas.

Esas lecciones deberían ser asimiladas por la oposición política. En los meses por delante la prioridad debe ser sostener la institucionalidad, en contra del autoritarismo de Martinelli. Debe combinar el discurso fuertemente crítico con otro vigorosamente institucional. La oposición tiene que ser propositiva y convincente. Debe ofrecer la alternativa de un país distinto y mejor, indispensable para frenar el desborde autoritario.

Desde el Frente de Defensa de la Democracia (FDD) se observan movimientos hacia una Asamblea Constituyente, la vigencia del Pacto de Estado por la Justicia, acciones contra la corrupción y en favor de la justicia social. Desafortunadamente, del lado de la nueva dirección del PRD, que por sus complicidades con el régimen reniega del FDD, hay una notable incapacidad para proyectarse como una alternativa porque la ciudadanía la percibe como corrupta, inmoral e indecente. No hay estatura en la actual dirigencia del PRD. Carecen de genuino oficio político, porque están acostumbrados a las maniobras burdas, al juego de máscaras y al cinismo macabro. No le interesa la democracia sino llegar al poder empleando cualquier medio.

Un mejor Panamá no puede construirse usando los métodos de Martinelli. Nada se puede edificar sobre el clientelismo, la corrupción, la mentira y la burla sistemática de la sociedad. Panamá va a ser mejor cuando se construya desde la verdad, la transparencia, la decencia y la ética pública. El reto es que ante el 2013 cada ciudadano actúe responsablemente frente a lo que está en juego, mire al futuro con esperanza y asuma una posición constructiva con honestidad y desde la verdad.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO