Temas Especiales

17 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

De la oferta / demanda a los recursos / necesidades

El mundo está en crisis. Son muy pocos los países en donde la gente no se manifiesta, de uno u otro modo, contra el orden establecido. L...

El mundo está en crisis. Son muy pocos los países en donde la gente no se manifiesta, de uno u otro modo, contra el orden establecido. Los ricos se hacen cada vez más ricos y el número de pobres aumenta exponencialmente. Son síntomas inequívocos del fracaso de un modelo diseñado para favorecer solo a un grupo de la población en detrimento de la humanidad y del ambiente. Si nos detenemos un momento podemos señalar que el 85-90% del tiempo que tenemos los humanos de poblar la tierra vivíamos como cazadores/recolectores, grupos igualitarios que distribuían los recursos de acuerdo a las necesidades de todos. No existían ni jerarquías sociales, ni propiedad privada, las que fueron apareciendo progresivamente desde que se descubrió la agricultura y con ella el sedentarismo, 10,000 años a.C. Posteriormente, hace 3,000 años a.C. y con el propósito de acentuar y mantener las diferencias sociales, apareció el Estado en la antigua Mesopotamia y luego se extendió de manera asimétrica por el resto de los territorios. Basta con recordar que al inicio de la era cristiana, las dos terceras partes de la población era recolectora/cazadora.

Con el surgimiento de la propiedad privada y las jerarquías sociales, el modelo recursos/necesidades fue desapareciendo y dando lugar al de oferta/demanda. El intercambio de bienes entre las primitivas tribus, cuyo resultado era destinado al bien común, fue reemplazado por aquel que solo favorecía a un grupo. Una clase no podía mantener su hegemonía sobre otra sin un aparato fuerte y coercitivo. Así apareció el Estado y el modelo oferta/demanda se consolidó como modo de producción y de intercambio de bienes y servicios. Este modelo ha atravesado por los diferentes escenarios históricos: la sociedad esclavista, la feudal y desde hace un par de siglos, la capitalista. Los padres del liberalismo nos dijeron que el mercado equilibraba las relaciones económicas y sociales de la población por medio de su ‘mano invisible’. Ahora nos hemos dado cuenta de que no existe tal mano invisible, que todas las políticas económicas se diseñan en un centro hegemónico de poder. También vemos cómo desde la década de los ochenta del siglo XX, los dueños del mundo han endurecido su política de explotación capitalista y han exigido un menú completo de obligatorio cumplimiento a todos los Estados-Nación.

Sobre la base del modelo de oferta/demanda se han edificado varios tipos de gobiernos, desde las tiranías más feroces hasta la democracia representativa. Este modelo es ciego a las necesidades humanas y a la integridad del ambiente. Para sus beneficiaros no existe el futuro. Su única meta es la acumulación de poder y de riquezas, cueste lo que cueste. El poder militar, clave para el mantenimiento de ese modelo, se incrementa a niveles astronómicos e insostenibles. Los centros de modelaje de la mente a nivel mundial destinados a mantener a la gente adormilada y temerosa, trabajan sin descanso. Vivimos de crisis en crisis, de sobresaltos en sobresaltos. La política del miedo nos ha penetrado. Hemos aceptado perder la libertad por una falsa seguridad. Pero la gente piensa que eso ocurre solo en sus países y no se ha percatado que es una política global.

El modelo de oferta/demanda vuela por el mundo sin resistencias. Los llamados grupos de izquierda se han quedado sin respuestas y sin propuestas. Todos bailan sobre ese modelo. La humanidad vive en un estado de indefensión. Los hombres y las mujeres se sienten en un estado de soledad nunca antes vistos. Si miran hacia adelante no encuentran puntos luminosos. Se han perdido las referencias. Pero no podemos seguir sin brújulas. Eso sería aceptar el suicidio colectivo. La reflexión que tiene cabida es aquella que nos dice que somos mayoría. Una inmensa mayoría. Que sin nuestro trabajo, los dueños del mundo no puedan continuar. En el momento en que seamos conscientes de esa realidad, estaríamos en condiciones de exigir, no un simple cambio de gobierno dentro de nuestros Estados Nación, para que otros vengan a hacer lo mismo que están haciendo los que están, sino la implementación del modelo recursos/necesidades que debamos ir reestructurando entre todos, y de esa manera vivir en una sociedad de hombres libres, iguales y solidarios. ¿Utopía? Las utopías son realizables si todos queremos.

MÉDICO Y ESCRITOR.