Temas Especiales

29 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

La corbata

No quería escribir esta columna, tenía tantos temas serios y era tan difícil elegir uno, que preferí un tema relajado. Resulta ser que t...

No quería escribir esta columna, tenía tantos temas serios y era tan difícil elegir uno, que preferí un tema relajado. Resulta ser que tuve un buen amigo en mis años universitarios, que detestaba usar corbata. La denominaba ‘la antena’. Le causaba fatiga lograr el nudo. Le parecía, además, una indumentaria hipócrita. Una angustia mañanera. Me decía que era como ahorcarse uno mismo y cortar la respiración. Se burlaba con sarcasmo de esta indumentaria masculina. Era un crítico feroz de esta frivolidad masculina.

Conozco otros amigos, ‘fans’ de las corbatas. Que tienen una fijación por este lazo inofensivo; que coleccionan y cuidan. Pagan sumas escandalosas para presumir de este resabio burgués.

Los hay snobs, arribistas, conservadores, fashionables, cursis, elegantes, galantes, el que no lo es, clásicos y románticos.

Esta reliquia aristocrática, que distingue a su portador, como parte esencial de la indumentaria, tiene su historia. Entre los romanos hay indicios de algo parecido a la corbata. Augusto, que padecía de frío, usaba su ‘focale’ para protegerse la garganta. Son los regimientos de los soldados croatas quienes inauguran la historia de la corbata, impresionando a la corte de Luis XVI. Luego Voltaire escribió sobre este efímero nudo.

Las hay de dibujos nítidos, grandes y vistosos; anchas y estrechas, tristes y apagadas, de colores indefinidos, con lunares y de rayas, con cuadritos, flores y formas de rombos, escocesas, lisas, de dos o tres colores; con escudos, banderas e insignias.

A la hora de los colores, prefiero guardar en el armario las de colores sólidos y oscuros, aunque aburridas y elegantes; menos peligrosas, como los burdeos y azules marinos; aunque en esta jungla nuestra he visto combinaciones tan atrevidas, como verde guisante y amarillo canario y cuando de tejidos se trata, busco la seda (reina de los tejidos), la lana (que no se arruga, para el invierno) y el algodón y lino (fresco para el verano).

Los tejidos mixtos se los reservo a mis coterráneos.

Las combinaciones del nudo, el tejido y el color también están codificados ¡ojo con el nudo! Si la elección no es acertada, el efecto se echará a perder. La corbata requiere de atención escrupulosa y esmero en el cuidado.

Deben realizarse a la perfección las operaciones de lavado, apresto, plegado y planchado.

Luego viene el momento de anudarse la corbata. Hay dieciocho maneras distintas de anudarla. Es todo un arte y no hay nada peor que un nudo torcido o uno espantosamente grande.

Para el traje de etiqueta (frac, smoking o dinner jacket) se acompaña con corbata negra de gato.

Este accesorio del atuendo masculino es blanco de todas las miradas, a la entrada de algún salón. ¿A qué se debe tanto interés ? Porque representa un símbolo de estatus y estilo; para distinguir el gentleman de los demás.

Antes, solo se admitían el negro y el blanco en los colores de la corbata.

Luego vino Jorge IV y repudio el color blanco, universalizando la moda de la corbata negra. Se dice que por el negro se inclinaron los artistas como Chopin y Stendhal. A mediados del siglo XVIII predomina la corbata negra; que fue un distintivo de los movimientos de izquierda y de los anarquistas.

Algunos socialistas rompen con la tradición y en lugar de una cinta roja se ponen un pañuelo rojo alrededor de corbata.

Dependiendo de la metrópoli, suelo visitar los grandes almacenes donde encuentro la catedral de las corbatas. Buenas etiquetas con el nombre de su creador, las hallo en Madrid en Loewe, Lainez, Hermes, Gucci, Denis J.R.

Y el Corte Inglés. En Bilbao distribuyen las mejores Echegaray, mientras que en San Sebastián, ‘La Camisería Delgado’.

Como la firma de la corbata es una cuestión de honor, recomiendo en Barcelona visitar Gonzalo Comella y Furest. En otras urbes, como Milan, en Truzzi, en Venecia, Ortolani y en Roma, Batiistoni o Palazzi. En Londres, la partida de nacimiento de las mejores corbatas las diseña la etiqueta Turnbull y Asser, de autoridad y prestigio. En Saville Row parar en Boweing, Arundel & C. y en Anderson and Sheppard. En Hong Kong y Singapur las hay de sedas de colores deslumbrantes.

Y ojo... un buen hombre elegante que elige accesorios de marca para su traje no necesita proclamarlo, pero para que la clase dirigente me vea, tengo mi exquisito corbatero, en Italia, donde reside un familiar, quien ya concertó cita con Maurizio Marinella en la Riviera de Chiara, número cívico 287, Napoli, quien me abrirá las puertas de la histórica boutique de familia, para elegir sus mejores corbatas, cocidas a manos, haré el mismo recorrido que en su momento hicieron Onassis, Chirac, Kennedy y Rainieri. Así me valido ante el jet set internacional, me tomaré fotos, de las que publican las revistas sociales, y me podré codear, entonces, con el ‘establistment’ en pleno, para sentirme parte de él. Compraré ropas alegres, gafas oscuras y estrenaré sonrisa... en esas ando... ¡VIVA LA CRAVATTA!

ABOGADO.