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24 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

En campaña electoral

Las campañas electorales tienen sus estilos y tácticas peculiares. Algunas suelen ser eficaces, otras se remarcan en malas costumbres e ...

Las campañas electorales tienen sus estilos y tácticas peculiares. Algunas suelen ser eficaces, otras se remarcan en malas costumbres e ideas que no ayudan a concederle significados ni que operen como un cemento que une a la sociedad. Ideas santificadas por la costumbre, por la repetición incesante. Preconceptos instalados en el mundo político a fuerza de martillazos reiterativos y cuasi solemnes que son capaces de arruinar la mejor candidatura. Veamos algunas de estas ideas santificadas por la costumbre...

El voto es razonado. Este concepto sostiene que el votante toma su decisión por un proceso de carácter intelectual y racional; que piensa, compara, analiza, y llega a una conclusión. La realidad indica, en la mayoría de los casos, que los factores emocionales juegan un rol decisivo y predominante.

La decisión es consciente. De acuerdo a esta noción los procesos psicológicos que participan de la decisión de voto son de carácter reflexivo. Tampoco es así. La conciencia es la más pequeña porción de nuestra vida psíquica, dominado por los procesos mentales inconscientes que ocurren por debajo de ese nivel cotidiano del ‘darse cuenta’ y que determinan desde las profundidades psíquicas todos los aspectos importantes de nuestras vidas. También el voto.

El candidato conoce al electorado. En este caso se hace énfasis en un presunto olfato político del candidato que le permite saber lo que quiere, lo que necesita, lo que teme y lo que le pasa a los electores. En tiempos pasados, no existían buenos mecanismos de investigación de opinión pública y las campañas solo podían marchar a golpe de olfato. Ahora se tienen procedimientos científicos, desde las encuestas hasta las entrevistas en profundidad y otras herramientas. No utilizarlos es condenar a la campaña electoral a vivir en tiempos anticuados.

Los amigos son los mejores consejeros. El candidato se rodea de un círculo cerrado de amigos y familiares. Les tiene confianza extrema, y cada vez se guía más por sus consejos. Consejos de cariño, afecto, coro de alabanzas y, por la falta de conocimiento y/o por la mala experiencia de pasadas campañas electorales. Queda atrapado en ese entorno que no es objetivo. Preferible recurrir a profesionales para el asesoramiento y de personas que puedan actuar y hablar con frialdad.

El voto se decide durante la campaña electoral. De acuerdo a este mito el cerebro del votante parece ajustarse a los tiempos marcados por los partidos políticos y por la legislación electoral. No es así. La gran mayoría del electorado decide su voto antes de la campaña electoral. Y solo un sector relativamente pequeño decide en plena campaña: el de los miembros de su partido. Por eso es imprescindible implementar una campaña política permanente y pensar bien a quién se dirige la campaña electoral.

Se puede hacer política sin dinero. Se cree que basta con una acertada estructura ideológica para implementar una campaña. No es así. Cada campaña electoral implica gastos. Hasta para el más modesto cartelito callejero, volantes, vehículos, combustible y la publicidad en los medios. Y si el dinero no se tiene, hay que salir a buscarlo. Muchos lo hacen recibiendo donaciones a lo oculto, de gente o grupos nada virtuosos o desprendidos que lo hacen para cobrárselo después. Hay que centrarse en la buena campaña financiera, pero no para comprar conciencia mediante el tanquecito de gas o, la canastita con ciertos alimentos hasta vencidos.

La gente es tonta. Hay candidatos sepultados bajo este mito. Creyeron que la gente no se iba a enterar de ese asuntito que los enterró. Y se da cuenta, tarde o temprano. Por eso el cortoplacismo no paga.

El público vive pendiente de los políticos. Es una idea fuertemente asentada sobre el ego de una gran cantidad de políticos. Creen que las personas viven pensando obsesivamente en ellos. Como si estuvieran hipnotizadas. Con lo cual esos políticos dan por sabidas las cosas que ya dijeron en el pasado. Dan por conocidas sus posiciones, vidas, propuestas y reacciones. Pero no es así. El público no está hipnotizado. Simplemente vive su vida, su trabajo, su familia, sus preocupaciones, sus problemas.

El político es un gran comunicador. El mito dice que si se dedica a la política y le va más o menos bien, entonces es un gran comunicador, y sabe mejor que nadie cómo funciona un spot televisivo o un folleto o una cuña radial. En realidad el buen desempeño político no siempre es indicador de cualidades comunicacionales sólidas. Inciden otros factores que ayudan, incluyendo el contexto económico, político, social y cultural del país o la ciudad. Lo indicado es un media training, un entrenamiento para el mejor desempeño ante los medios de comunicación, pero se requiere de especialización y profesionalización.

No hay mejor defensa que un buen ataque. Es un mito funcional a las pulsiones agresivas. Una racionalización para permitirse el ataque contra otros. Para atacar hay que atacar bien y con argumentos sólidos. No hay mejor defensa que una buena defensa. Pero hay que saber defenderse, un movimiento en política que muchos no comprenden que deben aprender.

Lo anterior fue solo un repaso a unos cuantos mitos que son una bomba de tiempo en cualquier campaña electoral. Si pudiera derivarse alguna enseñanza breve, yo la resumiría en dos puntos centrales: humildad y profesionalismo que ayudan a ver la realidad tal cual es, sin el espejo deformante de los mitos. Esos mitos que poco a poco van acorralando y estrangulando tanto al candidato como a la nación entera.

ESPECIALISTA DE LA CONDUCTA HUMANA.