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26 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Ciudad en llamas, vulnerabilidad social y otras hierbas

‘Sirenas sin gemidos ni palabras —mudo canto que solo oyó la muerte— clavaron agonías en la noche. Incendio’. Rogelio Sinán. 1944.

‘Sirenas sin gemidos ni palabras —mudo canto que solo oyó la muerte— clavaron agonías en la noche. Incendio’. Rogelio Sinán. 1944.

La atmósfera sobre la brillante ciudad de Panamá amaneció cubierta de una densa bruma. Algunas escuelas cerraron y decenas de hectáreas del relleno sanitario metropolitano ardieron. Partículas tóxicas —en concentraciones desconocidas— por una combustión incompleta fueron liberadas a la atmósfera: dioxinas, furanos y una lista indeterminada de compuestos nocivos son lanzadas a la atmósfera. La autoridad del Sistema de Protección Civil —lanzó un aullido por los medios de comunicación— negando la toxicidad de los humos que exhaló Cerro Patacón, mientras el ministro de Salud dijo lo contrario. Nadie sabe nada sobre las consecuencias de los humos que emanaron por más de una semana del Cerro Patacón. Las llamas fueron sofocadas con espumas del norte y asesores que no hablaban español.

Semanas atrás millonarias pérdidas materiales —aún sin reportar— por causa de un voraz fuego en uno de los más populares centros comerciales de Panamá. Una densa nube de humo blanco cubrió la ciudad —un olor a quemado pregonaba los visos de un desastre—, mientras los miembros de la Policía Nacional se enfrascaban en una lucha contra miembros del benemérito Cuerpo de Bomberos. La crisis del alto costo de la vida, sumado a las malas condiciones de trabajo empujaron a los Bomberos a enfrascarse en las calles con la autoridad. Los Bomberos esa tarde tiraron puñete en aspiración, no de humo, pero sí, por mejores equipos y salarios. Mientras volaban golpes —tolete— entre policías y bomberos, la ciudad ardía en una gran pira.

La misma tarde del fuego en albruc mol la ciudad colapsó, y no por el retiro de los diablos rojos, sino por el sistema de transporte metropolitano. El siniestro aisló el acceso de toda la flota de transporte urbana e intraurbano que alimenta el sistema en la terminal de transporte. Por un asunto de seguridad y resultado por el siniestro, la mayoría de la población quedó sin posibilidad de trasladarse a sus destinos. Toda la población del sector Oeste, Centro y Este de la ciudad quedó confundida y atolondrada. La función de movilidad urbana quedó supeditada a un tema absolutamente previsible y además controlable. La confusión reinó en los predios de la Terminal de Transporte, el puerto y el Canal de Panamá. La crisis en la terminal de transporte anunciaba peores días por llegar.

El sistema de puertos de Panamá y el terminal por el Pacífico quedaron afectados por la aglomeración de autobuses que se localizaron a lo largo de la vía Omar Torrijos. El troncal de vías que conduce a los puertos y la salida hacia el Puente de Las Américas, así como el acceso hacia el sector de Diablo y Corozal —instalaciones operativas del Canal de Panamá— también quedaron aislado por el fuego del Madison Store.

Peritajes posteriores muestran que las normas de seguridad del Cuerpo de Bomberos no fueron cumplidas y la extensión y daños del fuego pudieron haberse evitado, o al menos reducido el impacto de las millonarias pérdidas. Ahora las preguntas indeseables —y que algunos de mis lectores me reclaman como recurso reflexivo—: ¿Dónde quedó la institucionalidad que hace valer la norma de seguridad y manejo del relleno sanitario de Cerro Patacón? ¿Cuál es la responsabilidad del Sistema Nacional de Protección Civil y de Salud ante una amenaza proveniente de la atmósfera y resultado del incendio del relleno sanitario? ¿Bajo las actuales condiciones —evidenciadas recientemente— se constituyen centros comerciales en una trampa de muerte para los consumidores? ¿Dónde están los estándares de seguridad que las empresas inmobiliarias aplican en la construcción de los centros comerciales? ¿Dónde quedaron los ejercicios de evaluación y los planes de contingencia y los simulacros que son parte de las estructuras operativas de Centros Comerciales y Terminales de Transporte Metropolitano en ciudad de Panamá? Quedó demostrada por un siniestro —que pudo ser evitado y manejado— la frágil vulnerabilidad de la ciudad de Panamá, del sistema de transporte urbano —columna vertebral— de la región metropolitana, el funcionamiento de los puertos y parte de las instalaciones del Canal de Panamá.

El sistema de transporte urbano metropolitano, los puertos y el Canal de Panamá son todas actividades de extrema sensibilidad, así como lo es el sistema de distribución de energía —que paradójicamente también quedo vulnerable dizque por el fuego de unos cañaverales en los llanos de Coclé—, sumando pérdidas millonarias por la paralización de toda la industria productiva y de servicios del país entero.

¿Quién es responsable de velar por la seguridad de los servicios de los ciudadanos y de la confiabilidad de la información sobre la salud humana, los servicios de transporte, energía y más allá el de los clientes de los puertos de Panamá y los usuarios de los servicios del Canal? Mientras, en Roma, el presidente de la República, tomó el té con su esposa junto al papa y hablaron de la primera diócesis en tierras americanas.

ARQUITECTO