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06 de Jun de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Perseguidores de Portugal en el 53, se enseñan con su hija

La misma casta de gente adinerada que desde el nacimiento de la República se apoderó del mando de nuestro país y entronizó la exclusión ...

La misma casta de gente adinerada que desde el nacimiento de la República se apoderó del mando de nuestro país y entronizó la exclusión de los pobres de fortuna, en la actualidad repite el acoso de la cacería de brujas de la cual fue víctima el entonces líder estudiantil Heliodoro Portugal, cuando en 1953 le aplicaron una infame excerta legal.

Gobernaba a la sazón José Antonio Remón Cantera, comandante jefe de la Policía Nacional, quien emergió como figura de la oligarquía que lo elevó a la Presidencia tras unas elecciones, en donde se utilizaron las mismas tácticas de clientelismo, compra de conciencias y otras aberraciones del sistema. Un órgano legislativo, igualmente servil como el de hoy, en vísperas de la Navidad, el 23 de diciembre del 53 aprobó la Ley 43 que declaraba ‘ilícitas y violatorias de la Constitución nacional, las actividades totalitarias tales como el comunismo’. Vaya contradicción, el gobernante castrense dotado de carácter autoritario apelaba a una norma similar para sojuzgar los gobernados.

Debidamente autorizado por su autor, Lic. Efebo Días, a quien pedimos permiso para citar fragmentos de su obra ‘Las Insurrecciones del Arco Iris. De la Escuela Normal a la guerrilla de Cerro Tute’, presentamos este párrafo de las páginas 240 y 41, de dicha novela histórica: ‘Coherente con esta legislación, la Policía Secreta Nacional denunció que los catedráticos Hugo Víctor y César De León, miembros del Partido del Pueblo dictaban ‘cursos de doctrina comunista en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá, de nueve de la noche en adelante’. En la noticia se exigía al rector impedir aquellas actividades subversivas, en cumplimiento de la ley número 43. En la misma secuencia persecutoria, el corregidor de Santa Ana, Antonio Santamaría, condenaba a seis meses de arresto en la isla de Coiba, al estudiante artesano Heliodoro Portugal, secretario de prensa y propaganda de su colegio y militante de la juventud comunista’. Heliodoro Portugal, mártir del pensamiento y la acción revolucionaria, estudiaba en el Colegio de Artes y Oficios.

Esa norma obedecía al mandato que desde el norte obligaba a los gobiernos lacayos del imperio, en donde primaban los intereses de las transnacionales estadounidenses sobre los de nuestros pueblos, a privar de libertad y perseguir implacablemente a los activistas y líderes de organizaciones sociales para sacarlos de circulación. Las naciones centroamericanas, entre las cuales geográficamente está Panamá, eran conocidas como repúblicas bananas o bananeras. De acuerdo con un viejo amigo que fue agente de esa Policía Secreta y del desaparecido DENI (Depto. Nacional de Investigaciones), tanto el gerente de la United Fruit Company (o Chiriquí Land Co.) como de la Compañía Panameña de Fuerza y Luz, mandaban más que los presidentes de la República, quienes les profesaban obediencia ciega e incondicional.

Hugo Víctor, César de León, Heliodoro Portugal y muchos otros dirigentes populares, estudiantiles y sindicales, sin necesariamente ser ‘comunistas’, como los definía la ignominiosa excerta fueron, de ahí en adelante, víctimas del macartismo aplicado por la represión gubernamental cuando querían abortar o frustrar las luchas por mejores condiciones de vida, de trabajo y de estudios para la juventud y el pueblo panameños.

La similar casta minoritaria que ayer perseguía a los hombres y mujeres que con valentía promovían el mejoramiento de nuestra clase mayoritaria, está reeditada en el régimen actual en donde solo valen los intereses y la avaricia inconmensurable de unos cuantos elementos que viven y lucran de la explotación. Ensañarse hoy, utilizando como chivo expiatorio del putrefacto aparato de corrupción y atraco a los fondos públicos que sufragamos todos los que tributamos, a una funcionaria de origen popular, es la versión moderna de lo que en el siglo pasado establecieron los que asumen son gamonales de una finca privada en donde no caben los derechos humanos, ni laborales de sus trabajadores. Ni más ni menos que la repetición de la fórmula que los engreídos diseñaron para imponer la coyunda esclavista, a quienes desprecian y consideran seres vulnerables que no merecen otra suerte, porque el dinero que corre a raudales ha comprado para siempre la voluntad de los sometidos.

¿En qué se diferencia el presente gobierno con los de ese pretérito, donde la genuflexión ante los designios imperiales estaba a la orden del día, cedía bases en menoscabo de la soberanía, y este en donde sin la consulta constitucional requerida, ha permitido bases navales retrotrayendo el pasado hasta antes de 1947? Como diría la hermana Juana: ‘El mismo hijito de papá, con diferente mameluco’. O más criollo: ‘La misma jeringa, con diferente pitongo’.

PERIODISTA.