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30 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

¿Quién recoge la leche derramada?

‘ ¿Quién recoge la leche derramada?’ fue la pregunta del reverendo Edwin Álvarez, cuando se quejó de la cobertura que le dieron los medi...

‘ ¿Quién recoge la leche derramada?’ fue la pregunta del reverendo Edwin Álvarez, cuando se quejó de la cobertura que le dieron los medios de comunicación y la prensa en general a la decisión de un fiscal de descarga de la provincia de Herrera de decretarle una serie de medidas cautelares por una disputa de tierras en la provincia de Chiriquí.

Es la misma interrogante que se hacen miles de ciudadanos, cuando nosotros los periodistas y las empresas a las que prestamos nuestros servicios profesionales ponderan una información de interés público con un especial énfasis, sobre todo cuando se trata de una figura pública.

La principal obligación del Periodismo, desde sus orígenes hasta nuestros días, está obligatoriamente vinculada a investigar, denunciar, contrastar y confirmar.

Gran parte del Periodismo Nacional y mis colegas periodistas cumplen con celo, este requisito, pero también hay que reconocer que en gran número de ocasiones, caen presa de la tentación del ‘rating’, la primicia y la espectacularidad y se convierten, junto a las estaciones de radio, canales de televisión y sitios webs donde laboran en fiscales, jueces, pelotones de fusilamiento y en impecables verdugos.

El Periodismo y el ejercicio periodístico están bajo el escrutinio diario de los ciudadanos, que se dividen las opiniones entre lo que es noticia y aquello que parece exageración.

Sin embargo, tengo que advertir que es gracias al buen Periodismo que la sociedad democrática se fortalece y los valores en los cuales se fundamenta sobreviven a los excesos que se producen en el país.

Al igual que el caso del pastor Álvarez, hay cientos de publicaciones donde la importancia de la cobertura y su difusión la imponen el personaje y una feroz competencia que no perdona.

La difusión al extremo exagerada del arresto de Chechi Castroverde, la modelo vinculada a una presunta operación de tráfico de drogas; las acusaciones en el 2011, contra el exdefensor del pueblo Italo Antinori Bolaños, que lo invalidaron como coordinador de una comisión de reformas a la Constitución Nacional (que después de haberse presentado voluntariamente a la Procuraduría, las acusaciones no se pudieron probar), me recuerdan el reclamo público del pastor Edwin Álvarez, tras la andanada; o el arrojo con el cual en cientos de titulares escribimos lapidariamente o construimos paredones mediáticos que nos restriegan en la cara que hay debilidades peligrosas que amenazan la credibilidad del Periodismo actual.

¿Y por qué estamos los periodistas y el Periodismo en el ojo de la tormenta todos los días?

¿Cuántas veces, por esa falta de rigor de periodistas y editores el Periodismo panameño, desde 1990, acusó, juzgó y condenó a un inocente? Muchas veces respondo.

Esto se debe a una práctica, que también es una debilidad del Periodismo actual, que apareció con mayor fuerza tras la intervención militar norteamericana de 1989, cuando el Ministerio Público se convirtió en confidente e infidente de los periodistas y aniquiló la presunción de inocencia, garantizada en la Constitución Política de la República y columna vertebral de la justicia.

Los riesgos y amenazas contra el Periodismo ya las conocemos y son las mismas que conviven con el oficio desde finales del siglo XIX.

Además de las luchas constantes contra las amenazas, la censura y la autocensura, el Periodismo panameño de hoy tiene que crear sus propios antídotos contra la politiquería, manipulación, el sensacionalismo y la tergiversación.

El Periodismo es un oficio de vocación, entrega, riesgos, sacrificios, pero también conlleva una responsabilidad permanente con el equilibrio, que no se puede eludir, para evitar la difusión de mentiras, informaciones a medias, calumnias, injurias o difamaciones.

Luis Herrero, un destacado periodista español recordó que ‘los periodistas deben criticar, pero no azogar a nadie’ y el alemán, Hans Dietrich Genscher recordó que ‘la prensa es la artillería de la libertad’.

El premio Nobel de Literatura, el escritor y periodista colombiano, Gabriel García Márquez, recordó, un defensor a muerte del bueno Periodismo y la ética ‘como zumbido al moscardón’, recordó que hay peligros como las manipulaciones malignas y las tergiversaciones venenosas, que tenemos que aceptar se han apoderado de parte de la prensa nacional.

Frente a este panorama, que pone a sufrir a los ciudadanos y a la sociedad, los periodistas y la prensa en su totalidad tienen su batalla interna para recuperar los equilibrios y nobleza del oficio, necesarios en estos tiempos, para que la contundencia de la palabra y la fuerza de las palabras, ponga a temblar a la injusticia, arrincone a la corrupción, el abuso de poder o la inequidad y evitar lo que advirtió Pablo Picasso, de un Periodismo que reparte cizaña, porque, tal como sentenció con sabiduría el escritor francés Albert Camus, ‘una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala’.

Recuperar entonces, el Periodismo que se convierte en los ojos y oídos de la sociedad es necesario, pero evitando, a toda costa, las hogueras y cadalsos mediáticos, de los cuales ningún periodista debe convertirse en cómplice, ni sentirse orgulloso.

PERIODISTA.

*DIRECTOR DE METRO LIBRE (WWW.METROLIBRE.COM) .