Temas Especiales

22 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

El arte de callar...

Como todo en esta vida, hay un tiempo para hablar y un tiempo para callar. Me viene a la mente un proverbio árabe: ‘El hombre es amo de ...

Como todo en esta vida, hay un tiempo para hablar y un tiempo para callar. Me viene a la mente un proverbio árabe: ‘El hombre es amo de lo que calla, y esclavo de lo que dice’. Las palabras son un privilegio, pero en muchas ocasiones el silencio es igual de valioso. Quiero compartir un pensamiento que vi hace unos días y refleja muy claramente el mensaje que me gustaría algunos se llevaran de este pequeño artículo...

Callar las cualidades y los éxitos propios, es humildad.

Callar las cualidades y las buenas obras del prójimo, envidia.

Callar para no herir la susceptibilidad del prójimo, delicadeza.

Callar los defectos propios, prudencia.

Callar los defectos ajenos, caridad.

Callar las palabras inútiles, sabiduría.

Callar para escuchar, educación.

Callar a tiempo, discernimiento.

Callar junto al que sufre, la mejor compañía.

Callar cuando se ha de hablar, cobardía.

Callar ante el fuerte, sometimiento.

Callar ante el débil, magnanimidad.

Callar ante una injusticia, complicidad.

Callar cuando te humillan, andar en verdad.

Callar en los momentos difíciles de dolor y sufrimiento personal, virtud.

Callar ante la injuria, la maledicencia y la calumnia, fortaleza.

Callar para mejor amar, santidad.

Luego de leer esto y pensarlo detenidamente, no quiere decir que hablar o callar sea malo, es saber cuándo y por qué lo hacemos, conociendo las consecuencias que nuestra decisión tendrá.

Lamentablemente somos seres humanos, estamos muy lejos de ser perfectos y esto nos lleva a cometer muchos errores. Lo importante es aceptarlos y dentro de nuestras posibilidades remediarlos. Sin embargo, existen otras personas que lastimosamente, con uso pleno de sus facultades, usan una de estas dos opciones para lastimar y crear incertidumbre a sus prójimos. Algunos con razonamientos basados en su relativa ‘inteligencia’, que creen poseer por ostentar títulos y papeles que adornan paredes y no se toman la delicadeza de entender la situación de las personas en una situación particular.

No me alcanzarían las hojas de este periódico para contarles y compartir anécdotas sobre situaciones que me ha tocado vivir y por qué no decirlo, una que otra de las cuales yo he sido el causante de momentos incómodos también. Estoy seguro de que muchos, para no decir todos, hemos vivido igual cantidad de situaciones como estas, donde en muchas ocasiones la tolerancia y respeto han sido y serán nuestros mejores recursos ante semejantes barbaries que tenemos que oír y aguantarnos de personas que creen que por hablar más alto o ‘dizque’ saber más que uno y el resto de los mortales (para no llamarlos mentirosos) tienen y controlan la verdad absoluta.

El tiempo siempre tiene la última palabra; tenemos que ser agentes de cambio y velar por la armonía y comprensión, ser prudentes y discretos, pero no permitir que nuestro silencio sea tomado como signo de debilidad; debemos saber confrontar o desmentir al que nos lastima, pero sin caer en discusiones infructíferas y mucho menos terminar en agresiones físicas, como en algunas ocasiones sucede.

El arte de callar es tan valioso como respirar y si lo ponemos en práctica en todas las facetas de nuestras vidas, de forma cotidiana, aportaremos a la cultura de paz que tanto anhelamos, esa facultad que como seres humanos y pensantes tenemos de llegar a tomar decisiones dialogando.

El derecho de expresar nuestras ideas es tan poderoso como el respeto que debemos tener hacia el resto de las personas con que convivimos, indiferente de la raza, educación, idioma o religión, por lo cual el saber guardar silencio es igual o más poderoso, ya que toma un par de años aprender a hablar, pero toda una vida aprender a callar.

ARQUITECTO ROTARIO.

—COMISIÓN DE VALORES DEL CLUB ROTARIO PANAMÁ.