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19 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Siria y la hegemonía global de EE. UU.

Entender cuáles son los intereses de EE. UU. en Siria en la presente coyuntura, es fundamental para situar en su lugar las relaciones en...

Entender cuáles son los intereses de EE. UU. en Siria en la presente coyuntura, es fundamental para situar en su lugar las relaciones entre América Latina y, en particular, Panamá con EE. UU. La retórica que el gobierno del presidente Barack Obama utiliza para ‘ablandar’ las defensas de Siria en el escenario internacional es la misma que EE. UU. utiliza en sus relaciones con la región.

En Guatemala liquidó al gobierno democrático del presidente Arbenz en 1954. Una década más tarde invadió a República Dominicana para derrocar al presidente democrático Juan Bosch. Pasaron diez años y nuevamente en 1973 intervino en Chile para bañar en sangre el experimento del gobierno democrático del presidente Allende. En la década de 1980 convirtió a Centro América en un campo de batalla. En 1989 invadió militarmente a Panamá, bombardeando a comunidades urbanas con efectos terroristas. En 1995 invadió a Haití y exilió al presidente democrático Aristide. En 2002 encabezó un intento fracasado para derrocar al presidente democrático Hugo Chávez.

Todas estas experiencias tuvieron un sustrato común: la mentira. EE. UU. desde hace 70 años tiene el poder militar para imponerse ante cualquier adversario.

Desde hace más de 10 años ha construido un castillo de mentiras en torno a la realidad de los pueblos árabes, con el fin de satanizarlos. La invasión y destrucción de Afganistán (país no árabe), desatada en 2001, fue precedida por una campaña que transformó a los talibanes (estudiantes del Corán) en terroristas. Poco después EE. UU. invadió a Iraq, con el fin de ocupar sus campos petrolíferos. En 2011 invadió a Libia y asesinó a su líder Gadafi.

En el caso de los países del Medio Oriente, la arremetida de EE. UU. se produce en el marco de una redefinición de la correlación de fuerzas a escala global. Washington es consciente de los problemas que representa el espacio dejado por la Unión Soviética, la emergencia de China y la declinación de Europa para su estrategia global. También tiene que enfrentar la consolidación de Irán, la permanente inestabilidad provocada por la política israelí en la región y el debilitamiento de los gobiernos más cercanos a EE. UU. como Arabia Saudita y Egipto.

Hace 10 años se puso en marcha el proyecto del ‘siglo americano’, que consistía en convertir a EE. UU. en la potencia hegemónica única en el siglo XXI. Para hacer realidad este plan, contemplaba contener a China y subordinar la rica región petrolera del Medio Oriente. La nueva retórica sirvió para presentar ante el mundo a los pueblos ‘islámicos’ como los enemigos del siglo XXI.

El objetivo militar es desestabilizar a los países de la región árabe y reconstruirlos de acuerdo con su propia visión del mundo. Este cambio del tablero geopolítico le permitiría arrinconar a China, que ya se ha convertido en país dependiente de las importaciones de energéticos (petróleo). Sobre la base de campañas basadas en mentiras, pero repetidas una y otra vez, EE. UU. logró introducir en la mente de las mayorías de los pueblos la duda sobre las intenciones de la Casa Blanca.

En el caso de Siria, los voceros de Washington plantean que es inevitable el bombardeo y destrucción de Siria (igual que Afganistán, Iraq y Libia) para castigar al gobierno sirio por el uso de armas químicas. Según el presiente Al-Assad: ‘Hemos retado a los acusadores a presentar siquiera un ápice de prueba legitimadora, algo que no han sido capaces de hacer... Los hemos retado a mostrar pruebas no ante nosotros, sino ante su propia opinión pública’.

Rusia logró, aparentemente, un triunfo diplomático a última hora posponiendo un ataque militar de EE. UU. programado para esta semana. Ceder en estos momentos, sin embargo, significaría para EE. UU. retrasar su objetivo principal que es construir un Medio Oriente que pueda ser una aliada incondicional en su lucha contra Irán y, después, contra China. Más aún, los asesores más agresivos (‘los halcones’) de Obama son conscientes de que la ventana de oportunidad puede estarse cerrando para que EE. UU. logre su objetivo propuesto en el proyecto del ‘siglo americano’. Sin embargo, los sectores más moderados (‘palomas’) de EE. UU. insisten en que sus objetivos (no perder su hegemonía global) pueden alcanzarse sin invadir a Siria. Esta división que se asemeja a la producida durante el gobierno de Bush hace una década, se ha visto sacudida por la aparición de los llamados fundamentalistas de la extrema derecha (miembros del Tea Party) que se oponen a la política guerrerista de Obama. Este sector plantea que el Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, no tiene la capacidad para dirigir a EE. UU. en la guerra y debe abstenerse de comprometer a EE. UU. en aventuras bélicas en el Medio Oriente.

Según Hans von Sponeck, ex subsecretario de la ONU, ‘EE. UU. no tiene pruebas reales de que el gobierno sirio haya utilizado armas químicas’. Incluso, agrega, si proporciona pruebas, ‘hay que ser escépticos recordando los muchos incidentes falsos o fabricados utilizados para justificar muchas guerras anteriores: el incidente del Golfo de Tonkín en Vietnam, la guerra del Golfo, la masacre de Racak (en Kosovo), las armas iraquíes de destrucción masiva y las amenazas de masacre en Bengazi, Libia’.

PROFESOR DE SOCIOLOGÍA DE LA UP E INVESTIGADOR ASOCIADO DEL CELA.