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13 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Más allá de la ‘Zona Paga’...

El anuncio de que la Zona Paga entra a funcionar como parte del sistema de transporte público estrena este mes de septiembre. La noticia...

El anuncio de que la Zona Paga entra a funcionar como parte del sistema de transporte público estrena este mes de septiembre. La noticia no toma relevancia en los medios, pues no puede competir con los escándalos de los millonarios negociados de tierras patrimoniales, los repelentes tuits entre políticos, fórmulas inconstitucionales de predicadores y la situación de pobreza extrema en la opulenta Panamá. El tema de la mejora del sistema de transporte queda oculta como los tema culturales, a la sombra de la opinión pública.

Los medios anunciaron la próxima apertura de la primera Zona Paga del Metrobús en El Marañón ‘los pasajeros accederán a través de modernas escaleras que dan a un túnel peatonal, acondicionado con mosaicos y luces, que tiene dos direcciones donde escoger finalmente la ruta. Habrá una pantalla y unos carteles para guiarse al andén’. La información sigue diciendo ‘tendrá asientos con soporte lumbar para la espera, video vigilancia y vigilancia 24 horas. Las zonas pagas serán techadas y climatizadas’ sigue informando la fuente. Calidad, modernidad y sobre todo comodidad para los cansados viajeros urbanos.

Al fin llegaron mejores días y las jaulas —como para gallinas— construidas para los usuarios del Metrobús serán reemplazadas por instalaciones dignas y humanas. Las Zonas Pagas reemplazan los adefesios inhumanos sobre las aceras de las calles de Panamá y frente a edificios históricos. ¡Bien por la decisión! La administración de gobierno tiene un punto a favor al solventar este tema y caminar hacia la mejora del sistema; sin embargo faltan algunos aspectos por afinar y no es secreto que tienen que ver con la administración de la flota y las recargas de las tarjetas. Las empresas Sonda y Mi Bus han sido premiadas por el Gobierno con otro ‘chance’ —pa’ve si mejoran— y no penalizarlas retirándoles los contratos. En mi experiencia, ningún contrato se extiende sino se cumple con los términos de la contratación, pero así funcionan las cosas en este país. Parece ser que el que presta el hacha también es dueño del pinar, pero no entraremos en esos predios.

Vamos a lo propositivo y sobre lo que la noticia no dice —y que me hubiera gustado leer— es que el parapeto de acero y las jaulas de malla expandido y pintadas de blanco frente a la fachada frontal y lateral del edificio de la antigua Estación del Ferrocarril —monumento histórico— serían retiradas y el edificio restaurado para albergar un propuesta de carácter cultural y así devolverle dignidad al deteriorado recinto y que volviera a brillar como en los viejos tiempos.

Como lo dicta la realidad en el contexto local, la gestión cultural no da votos. Para rematar, la administran del sector cultura parece no entender el tema, no le interesa y justifican el no hacer por falta de recursos.

La Zona Paga de El Marañón se hace —como una inversión parcial— bajo un presupuesto total de 70 millones de balboas para ser destinado al deteriorado barrio de El Marañón. Articular una propuesta cultural en una zona deteriorada de alta afluencia de personas brinda una oportunidad para ampliar el alcance de la intervención más allá del sistema de transporte.

La posibilidad de poner en valor de la Plaza Cinco de Mayo, derivando el tránsito vehicular y poniendo en valor de la antigua Estación del Ferrocarril, es una oportunidad para la próxima administración de Gobierno. La inversión en la mejora al sistema de transporte puede apuntar hacia la dirección de construir mejores ciudadanos, mediante el aumento de la oferta cultural, la generación de espacios abiertos —en esta ocasión de carácter histórico— para finalmente contribuir a construir mejores ciudadanos mediante la educación. Estos espacios brindarían oportunidad para educar en temas como educación sexual, desechos sólidos, promoción de oportunidades, emprendimiento empresarial, deporte y un sinfín de otras actividades que apuntaran hacia la construcción de mejores ciudadanos y transformando a Panama —mediante la educación— en una sociedad del primer mundo.

Finalmente, ‘el cuero para las correas’ asignado para la conservación patrimonial, educación y promoción de la cultura, podría ser cubierto bajo una combinación gobierno y empresa privada. Los dineros y recursos provendrían de un programa de responsabilidad social empresarial —por ejemplo— de aquellas empresas a quienes el Estado le han adjudicados millonarios balboas para ejecución de obras de vialidad e infraestructura de transporte en este quinquenio. Una visión colaborativa para articular una iniciativa funcional de carácter urbana con otra de naturaleza cultural no es incoherente. Una mano lava la otra y las dos juntas la cara: construyamos juntos —gobierno y empresa privada—, bajo una visión redistributiva de recursos y de compromiso ético para un mejor Panamá.

HUBERT HUMPHREY FELLOW.