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18 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

El mentado Torrijismo...

Al día siguiente del 31 de julio de 1981, el verdadero Torrijismo empezó a morir... La razón: ningún otro, militar o político, podía rem...

Al día siguiente del 31 de julio de 1981, el verdadero Torrijismo empezó a morir... La razón: ningún otro, militar o político, podía remplazar semejante personalidad vigorosa que resonaba no solo dentro de nuestras fronteras, sino que su voz era reconocida de inmediato desde La Habana a París, desde Buenos Aires a Sri Lanka, desde Lima a Madrid. Ningún otro nacional podía llenar ese vacío.

Los cuarteles, me consta y me incluyo, se apagaron políticamente y la propia población, necesitada del calor torrijista, supo que ya no existía el calor generoso y desinteresado de Omar; había dejado de existir físicamente el defensor del pueblo, el de verdad, no las caricaturas inventadas por formalismos; el que podía tomar como suya la causa de un marginado rural, a quien un latifundista compra-jueces quería arrebatarle su huerta, y poner la justicia en orden. Se ausentó en la cima del cerro Marta.

El líder histórico que dio al obrero su anhelada conquista laboral para no ser presa del empresario influyente, ya no estaba. El que una vez en una reunión del Gabinete, al explicársele que cada empréstito internacional traía comisión para el mandatario de turno, dijo que entonces debía crearse una nueva entidad, el Ministerio de la Coima, para que esas comisiones se utilizaran en escuelas y hospitales y no quedaran en bolsillos privados. Nos preguntamos qué otro panameño podría tener ese nivel de desapego material. Entre los que han estado mandando el país no conozco a ninguno.

Omar no fue San Torrijos; como humano gozó de las tentaciones propias de los hombres, como el gusto por las mujeres hermosas, que hasta algún papa o el propio rey David, ungido por Dios, cedieron ante ellas. Pero hoy, cuando la codicia de los que mandan los arrastra hacia la rapiña de los millones de todos, es casi imposible pedir un estilo torrijista en el manejo de la cosa pública.

Por eso, al fragor de los horizontes electorales, oigo y leo a unos descalificando a otros, hablando de que fulano no es torrijista, o escucho a personas sin historiales conocidos en la gestión colectiva, aducir que representan la legitimidad del torrijismo, para buscar golpear a otros que tienen hoy mayores responsabilidades, recuerdo que a esos, en mi pueblo, suelen decirles: ‘Sartén le dice a paila’...

Si deseamos hablar con propiedad, tendríamos que desnudarnos y preguntarnos descarnadamente, como en Fuenteovejuna, quiénes somos responsables de la muerte del torrijismo y atrevernos a responder, con sonrojo ante la memoria de Omar: ‘Todos a una’.

Estamos totalmente de acuerdo en buscar una purificación del juegavivo, de la búsqueda de los privilegios y altas rebuscas gubernamentales, que hoy son pan nuestro de cada día, pero no creo que unas voces esquinadas pretendan abrogarse privilegios de franquicias torrijistas que nadie tiene inscritas en la notaría de la verdad pública.

Reconozcamos más bien con humildad y valor cívico que con Omar Torrijos se fue la clave del gobernar sin codicia material, y que esa virtud desapareció con su muerte física, Otra cosa es que todos sus admiradores, que no están en un solo partido, busquemos rescatar ese eslabón perdido.

En vez de descalificar a otros por pleitos personales, o porque el abanderado nuestro no resultó ungido, aprendamos de Omar cuando decía: ‘Discutamos todos y de todo, en la mesa donde nos contradecimos con iguales derechos, pero eso sí, cuando por consenso elegimos una ruta, entonces quien no rema en la misma dirección es un desertor. y si tenemos que criticar o disentir, que sea en la oreja del compañero que lleva la brújula, para que el enemigo no se aproveche’.

ABOGADO Y MILITAR RETIRADO.