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10 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Diplomacia preventiva proscribe invasión a Siria

Hay que darle espacio a la diplomacia preventiva para que haga su trabajo. Obama ha congelado la invasión militar sobre Siria en este mo...

Hay que darle espacio a la diplomacia preventiva para que haga su trabajo. Obama ha congelado la invasión militar sobre Siria en este momento, porque el comando estratégico militar está valorando las consecuencias, no solo en el plano interno por su marcada desaprobación en la opinión pública de su país, sino ante el riesgo de que el conflicto pudiera extenderse por la región.

Por ahora se ha impuesto la sensatez de Rusia empeñada en una salida diplomática que conlleve a la destrucción del arsenal químico si es determinado su existencia. La comunidad internacional está hastiada de amenazas al uso de la fuerza por potencias que aún piensan que les corresponden imponer el orden internacional.

El pueblo de Siria está inmerso en una espiral de violencia, una crisis humanitaria, cuyo régimen encabezado por Bachar al Asad, enfrenta desde hace dos años levantamientos y una guerra civil contra rebeldes armados por países con intereses en la región. Un conflicto interno que ha cobrado la vida de 100 mil personas, la mayoría civiles, con más de 170,000 refugiados que han buscado amparo en los vecinos fronterizos de Iraq, Turquía y Jordania.

La retórica que había subido de intensidad ante la determinación de Washington avalada por Paris en intervenir militarmente en Siria, sin la aprobación de la ONU, hoy parece entrar en una distensión. El mundo reprocha una respuesta militar a la escalada de la violencia bajo cualquier excusa para hacer valer intereses estratégicos en la región, sobre todo cuando se actúa en abierto desconocimiento del Derecho Internacional y del principio de solución pacífica de las controversias, que es la piedra angular de la ONU.

Ante la inestabilidad en Medio Oriente, surge la preocupación de que Al Qaeda y otros grupos militantes de línea dura pudieran llenar los posibles vacíos de poder o que suplan a los Estados fallidos. La experiencia histórica revela que las soluciones de fuerza no han llevado la paz ni a la democracia en esa región. Hay muchas posibilidades de que, si EE. UU. hubiere atacado a Siria, también se vería involucrado Israel con consecuencias catastróficas para la región. Siria es un aliado de Irán y una guerra perjudicará significativamente las relaciones entre EE. UU. con Rusia y China.

De haberse generado este conflicto tendría un impacto negativo en los mercados financieros, incluso provocaría el aumento de los precios del petróleo. Además la entrada de EE. UU. en guerra contra Siria sin aprobación del pueblo y el Congreso estadounidense ni de Naciones Unidas le haría perder la poca credibilidad en el manejo de crisis internacionales. Incluso aumentaría el disenso entre países europeos que se niegan a participar de cualquier forma en acciones militares contra Siria sin la sanción de la ONU. Las consecuencias de una eventual intervención en Siria son impredecibles, resulta poco probable que una victoria de los rebeldes logre una paz de larga duración, tal como sucedió en Libia que tras la operación aérea de OTAN se vio inmerso en una guerra civil.

La comunidad internacional comienza a construir un consenso ante la falta de legitimidad de esta amenaza al uso de la fuerza, que por ironías del destino fuera impulsada por el Premio Nobel de la Paz 2009, quien fuera galardonado por el Comité Noruego destacando sus ‘esfuerzos extraordinarios por reforzar la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos’. Por fortuna, el Presidente Barak Obama parece haber rectificado su inminente llamado a la guerra.

Ante la dinámica de la crisis en Siria, el encuentro entre los cancilleres de Rusia y EE. UU. y los acuerdos alcanzados sobre la destrucción de las armas químicas abre un espacio a la diplomacia internacional y al multilateralismo en favor de la paz, por lo que es indispensable restituir la confianza para encausar soluciones negociadas, en consonancia con los llamados del papa Francisco, Unasur y el movimiento pacifista internacional, bajo la convicción de que la proscripción del uso de la fuerza es posible con el imperio de la sensatez sobre la emotividad de las circunstancias.

La ‘Clase Corporativa’, como la identificó Martin Luther King, y el ‘Complejo Militar Industrial’, como lo definió Dwight Eisenhower, requieren balancear los déficits internos con crisis coyunturales, donde se pone a prueba la capacidad letal y destructiva de los arsenales, exhibidos en escenarios reales con municiones fulminantes que acaban con millares vidas humanas. Los espectadores (países ricos potenciales compradores) que se aprestaban a verificar la precisión de tiros de artillería, misiles y radares, incluso la operatividad de destructores, submarinos, aviones y helicópteros para incorporarlos a su arsenal con ventas multimillonarias para el Complejo Militar Industrial, tendrán que esperar otra oportunidad.

Valió la pena, cualquier esfuerzo diplomático es aceptable en este momento para crear un ambiente de confianza para encausar una salida política que evite el desangramiento del pueblo sirio. Se ha impuesto la sensatez sobre la emotividad de las circunstancias. La diplomacia preventiva está haciendo su trabajo, solo había que darle su espacio. Ahora corresponde que los países con vínculos e intereses en la región cesen el envió de armas a los bandos en disputa en Siria, para que ese pueblo se reconcilie y supere sus diferencias internas mediante la negociación.

ABOGADO-ANALISTA INTERNACIONAL.