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23 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

La felicidad sexual

La felicidad es un concepto que no tiene una sola definición, tal vez tenga múltiples descripciones y al fin caracterizaciones muy perso...

La felicidad es un concepto que no tiene una sola definición, tal vez tenga múltiples descripciones y al fin caracterizaciones muy personales. El medio cultural, la educación recibida, la familia, el nivel económico, la sociedad, la sensibilidad social, la salud, las ideologías, la religión y muchos otros factores influyen en determinar para cada quien, la felicidad.

En este mundo y época que nos toca vivir, la situación se da entre el materialismo, el capitalismo, el consumismo, la frivolidad, el hedonismo, la publicidad y otros elementos de ese orden, que pareciera que fueran el gran objetivo a alcanzar, para considerarse o ser considerado feliz. Pero hay otros parámetros psicosociales, psicológicos puros, ecológicos, sociológicos, aun espirituales, que son metas a que aspiran grandes sectores de la población por concretar. Y no me refiero solo a las grandes masas orientales, sino en el mundo occidental; quienes caminan hacia la sabiduría, el estudio, la conciencia social, la ética, la reflexión, la naturaleza, la meditación y al encontrar una íntima satisfacción de vida interior o identificada con valores humanos o místicos. Pero más humano es la valoración de los sentidos, del placer como razón para actuar y alcanzar el bienestar, la inteligencia emocional, la satisfacción y la realización como seres humanos. Y en ese pensamiento van la sensualidad, la estética, la belleza en todas sus formas, los estímulos favorables, las sensaciones agradables, las emociones fuertes, el amor con toda su complejidad.

Definitivamente, en las civilizaciones, desde siempre, se han manifestado expresiones en esta dirección. A veces interpretadas como avances y logros, como progresos sociales, como realizaciones sociológicas, aun como producciones políticas, como el encuentro real y sincero con sus ansias de sentirse bien individualmente y en la colectividad. Es la percepción social lo que conocemos, y la valorización que la población le da a cada actitud, conducta o hecho. Esa opinión puede variar o distorsionarse por las mismas circunstancias en que se dan y también por juicios individuales sinceros o no, de hipocresía o intereses personales.

Tan variables como las apreciaciones y evaluaciones que hagamos o tengamos de determinadas acciones. Y es ese factor personal que decide la connotación que le demos. La belleza en general tiene sus parámetros aun definidos en reglamentos y normas de arte, concursos y exposiciones; pero aun así cada juez, cada observador enjuicia el objeto, la música, la persona, o lo que se analice con distintos criterios.

Cuando llegamos a este punto destacamos un rubro que en nuestro medio guarda especial encanto y popularidad. La feminidad y la sexualidad con todo lo que pueda significar. La estética, lo físico, la sensualidad, lo sexy, el ‘ángel’, lo sentimental, la simpatía, la inteligencia emocional, la urbanidad, la educación general, la relación humana. Pero nuevamente llegamos a que cada individuo tiene su definición personal. Y así es cuando se trata de elegir o seleccionar la persona.

Hay que dejar bien establecido que estas generalidades no alcanzan más que a la imagen que cada quien se forme. Cuando se trata de parejas, es fundamental la relación interpersonal, la armonía, la coordinación, el ‘rapor’, la empatía, la aceptación mutua, la tolerancia, el amor con su más profunda y amplia consideración. Aquí hay un aspecto que está disminuido en nuestra sociedad. Y que es importante resaltar, porque tiene que ver directamente con la Felicidad de las personas. Es la Educación Sexual.

Todos somos conscientes de esa necesidad. De los graves problemas que existen por consecuencia de esa carencia: ETS, embarazos no programados, disfunciones sexuales, etc. Pero en esta ocasión me estoy refiriendo a la felicidad integral de las personas. A sentirse hombres y mujeres realizados, unidos, placenteros disfrutando de una vida sentimental y amorosa plena.

Donde su libido, sus estímulos excitantes, su erotismo, su técnica, su romance pasional, sus aromas, sus experiencias, su intimidad y sus orgasmos le garanticen una vida de pareja feliz y estable. Que esa vivencia se refleje en sus proyección social, tanto laboral, como creativa, productiva no solo en lo material sino en lo psicosocial, dándole a los demás un mensaje de felicidad social. Y que sea la base de una familia amorosa y creadora de ciudadanos igualmente felices.

Allí la trascendencia de que las familias sean felices y que tengan una educación sexual que puedan transmitir a sus hijos. Que su vida sexual sea modelo de las familias futuras. Hay un departamento ministerial de Escuela de padres que debería tener mayor vigencia, no solo en las escuelas, sino en toda la sociedad. Hay leyes esperando ser discutidas en la Asamblea sobre este asunto. Existe material bibliográfico en las librerías, ‘Hablando de sexo con los hijos’, y muchos más sobre la materia, cuya lectura es comenzar a preparase para lograr un Panamá Mejor.

MÉDICO Y EX MINISTRO DE ESTADO.

—EL SERVICIO MARÍTIMO DEL CANAL TIENE QUE SER PREFERENTEMENTE PANAMEÑO.

—EN MEMORIA DE LAS VÍCTIMAS DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE 1973, CHILE.