Temas Especiales

08 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Lamento generacional

R ecientemente recibí una llamada del amigo y colega, el catedrático Paulino Romero. Me llamó para conversar y a la vez indagar sobre el...

R ecientemente recibí una llamada del amigo y colega, el catedrático Paulino Romero. Me llamó para conversar y a la vez indagar sobre el estado de mi salud. A nuestras edades uno de las formalidades generacionales es preguntar acerca de la salud de nuestros amigos(as). Cuando respondí padecer de un malestar estomacal, Paulino recomendó que tomara un té de guanábana pues, según él, era un curativo excelente para malestares estomacales.

Aceptando su sugerencia añadí que me era difícil conseguir aquella fruta que en nuestra juventud abundaba y crecía silvestre. Su respuesta fue un lamento, un lamento que encontró resonancia en mí. Me contó Paulino que a menudo se acordaba de sus tiempos como maestro, cuando viajaba por la nación y casi todos los campesinos tenían una finca, unos pollitos en su patio, y lo necesario para subsistir. Hoy, añadió él, tenemos ‘cinturones de pobreza’ y muchos ya no tienen qué comer.

Para mí, Paulino estaba en lo correcto. Aquellos ‘cinturones’ son el producto de los ‘cinturones de cemento y acero’ que hoy dominan nuestro panorama. Son bellos, pero no nutren. Ellos han impedido el crecimiento de lo que antes teníamos a ‘montón’: frutas, vegetales y pasto para nuestro ganado. Excesivamente tumbamos árboles, allanamos colinas para elevar más edificios; todo en el nombre del ‘progreso’. Me pregunto, ¿será aquello lo que intimamos cuando cantamos ‘el progreso acaricia tus lares’? ¡No lo creo!

Lo trágico y lo cierto es que ya no vemos guanábanas, caimitos, guayabas, marañón ‘curasao’ ni fruta de pan... frutas de mi generación. Sin árboles estamos privando a nuestros pulmones del oxígeno que necesitamos para vivir y desequilibramos el ambiente. Peor aún, en aquellos edificios por los cuales los árboles son sacrificados no se alberga a la gente pobre; además, muchos yacen desocupados.

Cuando muchacho asistí a la escuela República de Chile ubicada en ‘la Exposición’. Como vivía en ‘Río Bajo’ y mis padres trabajaban en la Zona del Canal, almorzaba en la casa de mi ‘acudiente’ en Calidonia. Allí, me deleitaba con un sancocho de pollo, arroz, verduras y una ensaladita. Hoy los muchachos van al ‘Kentucky’ o al ‘McDonald’, para alimentarse de una ‘hamburguesa y papitas’. ¿Porqué entonces nos quejamos de su obesidad?...

Opino que almorzando en uno de aquellos lugares de ‘comida rápida’ no es posible aprender de las perlas que llegaban a nuestros oídos en nuestras casas de ayer.

Los gringos se han ido, gracias, en parte, a los sacrificios de aquellos estudiantes corajudos del 9 de Enero; pero no sin habernos convertido en una nación de consumidores de lo suyo. Ya no ‘consumimos lo que producimos’ y gran parte de lo que producimos es para la exportación, intentando competir con países que producen lo mismo.

Es por esta razón que, sin pepitas en la lengua, desde la cúspide del cerro Ancón, quisiera poder gritar —favor de prestarle su atención— que la ‘globalización y la privatización’, para los países pequeños, no es más que una vaga ilusión. No proveerán a las masas ni dinero, ni habitación, ni nutrición.

Los que se harán ricos de aquella traición, serán los que históricamente han utilizado su situación de poderío político en la nación. Pensé, jocosamente, que rimando, sería posible que mis palabras surtieran efecto y empezaríamos, como personas pensantes, a formular preguntas de rigor. Amanecerá y veremos.

Reconozco que los proponentes del nuevo empuje económico controlan los medios y su mercadeo es brutal. No obstante, sin memoria de elefante, creo estar en lo cierto cuando atribuyo a las administraciones del presidente Remón y del general Torrijos como propulsores de ‘consumir lo que producimos’. Ambos intentaron satisfacer las necesidades del pueblo y restaurar el orden. Es innegable que a manera de controlar la corrupción y el fraude ambos suprimieron algunos de nuestros derechos civiles. ¡Lástima! No vivimos en un mundo perfecto. Si fuera así hoy tendría mi chicha de guanábana.

ESCRITOR Y DOCENTE UNIVERSITARIO.