12 de Ago de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Las fallas cibernéticas

He oído de todo con relación a lo sucedido a la empresa COPA Airlines la semana pasada y la inhabilitación de sus sistemas informáticos ...

He oído de todo con relación a lo sucedido a la empresa COPA Airlines la semana pasada y la inhabilitación de sus sistemas informáticos que dio como resultado la cancelación de un poco más de 120 de sus vuelos internacionales, la molestia de miles de viajeros nacionales e internacionales y la afectación a su imagen corporativa. Lo más relevante tiene que ver con la vulnerabilidad de los sistemas computarizados y los sistemas de seguridad que deben protegerlos de fallas como las que experimentó la línea aérea. Mirémoslo en otras áreas del quehacer humano. Fallas que pueden resultar en la pérdida de vidas.

Hace unos meses resumí algunos detalles relacionados a la conferencia internacional sobre ‘La Memoria del Mundo en la era digital: digitalización y preservación’, cuyo objetivo fue el de ‘analizar las principales cuestiones que afectan a la conservación del patrimonio documental digital, a fin de desarrollar estrategias que contribuyan a una mayor protección de los recursos digitales y ayudar a definir una metodología de implementación que sea adecuada, en particular, para los países en desarrollo’ y para su ‘acceso permanente’. Es decir, información que tiene que ver con la presencia humana sobre la Tierra y sus aportes. ¿Cómo protegerlos para que nos reconozcan en el futuro lejano?

Unas 500 personas de más de 100 países se reunieron en Vancouver, Canadá, para discutir e intercambiar ideas con expertos de diversas ramas del quehacer humano, preocupados por ‘la falta de entendimiento sobre la importancia del legado digital y los recursos necesarios para asegurar su preservación’. Unesco señala que el aumento de ‘la falta de capacidad, de un marco legal e institucional y de recursos económicos apropiados’ afectará cada vez más la situación. Los entendidos en la materia ofrecieron sus conocimientos y, ante todo, sus preocupaciones más educadas sobre lo que representa en este siglo XXI el reto de la preservación del legado documental de la humanidad en su forma digital.

Al final del evento se preparó el borrador de documento titulado ‘La Declaración de Vancouver’, que sirve de marco para la sugerencia de ideas que pueden ser accionados, a fin de que se proteja el legado digital de la humanidad a largo plazo. La complejidad de este tema y los retos que propone para la humanidad dentro del marco tecnológico existente es enorme. Los cambios de formato y aparatos de captura son tan constantes en la guerra por el posicionamiento de marcas y sistemas dentro de una cultura de consumismo, que hace casi imposible diseñar un sistema de preservación comprensivo y sistémico.

Esa es la magnitud del reto entendiendo que, a diferencia del legado histórico físico (libros, cuadros, pinturas, películas en film, negativos, etc.), lo volátil de lo digital puede desaparecer en cualquier momento, dejando vacíos importantes para las generaciones del futuro sobre los alcances y logros de este tiempo que vivimos. Con ese monumental reto para los que nos preocupamos por estos temas, debemos tomar en cuenta otra posibilidad de desaparición o destrucción del legado humano digital.

El año pasado el New York Times informó que en un discurso en el Museo Intrepid del Mar, el Agua y el Espacio en Nueva York, el ex secretario de Defensa de los Estados Unidos, Leon Panetta, advirtió que ‘Estados Unidos encara la posibilidad de un ‘Pearl Harbor cibernético’ por estar cada vez más vulnerable a los ‘hackers’ extranjeros, que podrían destruir instalaciones críticas en el país’.

El Departamento de Defensa corroboró al Times que las palabras de Panetta no ‘eran una exageración’. Panetta ‘estaba refiriéndose a una ola de ciberataques reales hace un par de semanas contra instituciones financieras estadounidenses y a otros ataques como el realizado contra la empresa estatal Saudi Aramco, que infectó e inutilizó más de 30,000 computadoras’.

Panetta subrayó que ‘una nación agresora o un grupo extremista podría utilizar este tipo de herramientas cibernéticas para tener acceso a controles críticos’, (...) ‘Podrían descarrilar trenes cargados de pasajeros, o todavía más peligroso, descarrilar un tren cargado con armas químicas. Podrían contaminar las fuentes de agua potable en ciudades importantes, o apagar la red del tendido eléctrico en grandes áreas del país’ (esto último ocurrió en Brasil hace algunos años). Yo agrego que: podría desparecer para siempre todo el legado humano en términos de investigación para el progreso científico, cultural, educativo. Digitalmente pueden desaparecerme a mí o a ti.

No encontré una preocupación tan puntual en la conferencia de la Unesco. Si los retos expuestos en cuanto a la obsolescencia y diversidad tecnológica nos ocupan, más deben preocuparnos las amenazas de las guerras cibernéticas continuas, que los servicios de inteligencia señalan que ya se está librando a diario. Si procuramos tener los mecanismos para la transferencia digital de una generación tecnología a la siguiente, más nos vale tener la información digital creada para acceder a ella.

‘Un ataque físico a instalaciones resultaría en un Pearl Harbor cibernético que provocaría destrucción física, pérdida de vidas, además de que la parálisis y el golpe sicológico provocarían una sensación nueva de vulnerabilidad’, aseguró Panetta. Si estamos viendo lo que se requiere para preservar lo que se ha creado de manera digital, deberíamos ver la manera de salvaguardar esos insumos de la maleficencia de la guerra cibernética que tiene la posibilidad de borrar este tiempo de la historia: nuestro tiempo, para siempre. Perder un vuelo es una molestia menos duradera.

COMUNICADOR SOCIAL.