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02 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Julio Zachrisson, Tesoro Humano Nacional

En el Japón, país con un acendrado respeto por su herencia cultural, con un concepto trascendental del tiempo (pasado, presente y futuro...

En el Japón, país con un acendrado respeto por su herencia cultural, con un concepto trascendental del tiempo (pasado, presente y futuro) y con una robusta conciencia colectiva, existe tal figura administrativa honorífica como el ‘Tesoro Humano Nacional’.

Tal distinción y honor, que conlleva la concesión pública y solemne del reconocimiento de la Nación agradecida, y expresada en su nombre por el Estado, va dotada de una generosa renta vitalicia a quienes, por su excepcional hacer han contribuido al acervo e identidad nacionales. ‘La Patria agradecida le concede este galardón para que Ud., libre de ataduras materiales, pueda seguir contribuyendo al país en lo que tan bien sabe hacer’.

Para que tal concepto de reconocimiento y agradecimiento se dé, requiere ante todo que la sociedad de la que se origina ese Gobierno sea consciente de deberes y derechos sociales; también de respeto al bien común (cultural, cívico, también el histórico y social), a un madurado concepto de colectividad con sentires y claves compartidas, a una clara escala de méritos reconocimientos. En suma, exige una sociedad equilibrada y madura.

Como panameño me debato entre el desconsuelo de no percibir estas condiciones en mi Patria, y la sana ambición de verlas materializadas en un Panamá mejor que, reconociendo a sus hijos e hijas meritorios, daría pasos significativos hacia su crecimiento y consolidación identitaria en este 110º Aniversario de la Separación de Colombia como República independiente. Una sociedad con conceptos claros de méritos y tropelías crece y se hace fuerte, sale de su sombra y se proyecta hacia un futuro mejor que su presente: es una elección colectiva en toda regla.

Julio Zachrisson, una de nuestras glorias nacionales e internacionales de las Artes, grabador, pintor, escultor, con un vibrante recorrido vital, ha tenido siempre a gala su panameñidad, sembrada, como le gusta recordar, ‘a la sombra paterna del Ancón’, en el Instituto Nacional, que a tantos tanto nos ha enseñado. Ningún aspecto de nuestra sociedad mestiza, ningún acontecimiento político, social, histórico de significado en el siglo XX ha escapado su atención y escrutinio, cuando no ha participado directamente en ellos. Residente en España desde hace 50 años, siempre ha tenido presente de dónde viene y qué inspira su monumental obra: Panamá, siempre Panamá.

Si bien la inmortalidad, tal y como se entiende en nuestras sociedades latinoamericanas, se refiere más al legado imperecedero de las grandes personas que a su presencia material, pues ni reyes ni mendigos escapan al ciclo natural del tiempo, es de justicia reconocer la aportación mientras compartimos tiempo y espacio con quienes, por acción y pensamiento, en el mejor sentido de la expresión, ‘hacen Patria’. Panamá, su sociedad civil, su Gobierno, la Nación en definitiva, crece cuando se ubica y reconoce el poso del legado de quien, amándole, crea espacios, conceptos, inspira, brinda ideas comunes en beneficio de todos, del colectivo. A ello aportan también, en importante medida, los panameños dedicados a las Ciencias y las Artes.

En el caso de Julio Zachrisson, el legado no solo es colosal, sino que es además un constante canto de amor a sus raíces, a sus orígenes, a su esencia. Ha llevado durante más de seis décadas el nombre de Panamá por el mundo entero, dando lustre a nuestra Patria con la sola exposición de su calidad y enunciados. Cuando el ahora veterano artista repasa su vida, es su mayor preocupación lo que será de su obra, panameña en esencia y acento, cuando él ya no pueda explicarla personalmente.

Es en este punto cuando el país debe reflexionar de dónde viene, cuál es su razón de ser y su significado, a qué aspira mañana, y en ese recorrido señalar y agradecer a quienes por coherencia y vocación, le han dedicado su sensibilidad, creatividad, inteligencia y tesón insobornables. No hace falta ser japonés para reconocer la grandeza, pero la nación del Sol Naciente algo nos puede enseñar a cómo honrarla.

MÉDICO.