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04 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Colón: entre festejos, política y desencantos

E ntre tambores y cornetas (desde que tengo uso de razón), el colonense siempre ha festejado con alborozo y entusiasmo la gesta patrióti...

E ntre tambores y cornetas (desde que tengo uso de razón), el colonense siempre ha festejado con alborozo y entusiasmo la gesta patriótica del 5 de Noviembre de 1903, en la cual, los señores Porfirio Meléndez, Carlos Clement, Orondastes Martínez y Juan Antonio Henríquez, mediante una acción pacífica, consolidaron la separación de Panamá de Colombia, al evitar un encuentro sangriento entre las tropas colombianas del coronel Torres (que intentaban trasladarse vía férrea de Colón hacia Panamá) y la gran tropa norteamericana, que era acompañada por casi 300 patriotas panameños, dirigidos por el general Domingo Díaz.

En mi caso particular, y a diferencia de los niños de hoy, me vestían de camisa y pantalón de tela y a mis hermanas en calurosos trajes llenos de encajes, para ir a ponderar nuestro 5 de Noviembre en la hoy deplorable avenida Bolívar, sin siquiera saber el génesis de tan relevante celebración, y sin que dicha fecha estuviera considerada por los distintos gobiernos como un día de fiesta nacional, tal cual ya eran el 3 y 4 de Noviembre. Siendo durante la administración Moscoso, que por iniciativa del entonces legislador perredista Miguel Bush, se logra un reconocimiento justo en favor de esta provincia, al declararse el 5 de Noviembre, día de asueto nacional.

Y es precisamente la carencia de reconocimientos justos, lo que sigue manteniendo hoy día, a este ‘lugar de gran importancia histórica, pero descuidado’ como señala mi amigo David, en un estado de desencanto, de molestia y de inquietud social, porque los gobiernos en su momento, no han sabido responder con soluciones efectivas las demandas ciudadanas en pro de una mejor provincia y de una digna ciudad, en retribución por ser la segunda que más aporta al Tesoro Nacional.

Sin embargo, nuestra provincia padece un estado de abandono gubernamental, que no se arregla con la inversión de la nueva autopista Alberto Motta (poco utilizada por los coterráneos colonenses), ni con el magnífico corredor de entrada a la ciudad que están por inaugurar, pues son soluciones cosméticas que apenas resuelven las reclamaciones del colonense que habita entre una ciudad en ruinas.

Por ello es importante enunciarle a la clase política colonense, que sea consciente del grado de importancia de cada una de las posiciones políticas que ostentan o aspiran ostentar, que sean conscientes de que un representante de corregimiento no está para apadrinar invasores en propiedades privadas (a costa de votos compromiso); que no es función de un diputado el estar malformando a la ya malformada ciudadanía, que ve en ellos padrinos mágicos para solventar sus problemas individuales-momentáneos; y que la función de un alcalde, dista de colocar cuatro desubicadas bancas debajo del puente vehicular de 4 altos, de comprar una retroexcavadora, y de insultar a sus disidentes desde su emisora personal.

El colonense no aguanta más desencantos, pues quiere seguir festejando su gesta patriótica en una ciudad que sea limpia, bonita y segura; quiere ser administrado por seres voluntariosos y capaces de enfocarse en las buenas prácticas y costumbres de otras ciudades del mundo y que puedan plantearse la idea de incorporar esas experiencias para la revitalización de nuestra localidad; el colonense requiere un alcalde que dirija la planificación de su distrito, que trabaje un plan de ordenamiento territorial, y que gestione en unión con los concejales y diputados de toda corriente partidista la consecución de una ley que permita que el distrito pueda percibir impuestos del complejo portuario que alberga o, mejor aún, que demanden al futuro gobierno la implementación de la descentralización municipal.

Es necesario refundar nuestra provincia, empezando por la ciudad, modificando la Ley 47 de Patrimonio Histórico de Colón, para permitir el levantamiento de nuevos edificios donde ya no hay, para propiciar la reestructuración de los que están por desplomarse y brindar la oportunidad a los colonenses que puedan pagar, la posibilidad de habitar cómodos apartamentos en la ciudad. También, es imprescindible traer nuevamente a la ciudad el despacho del gobernador y del alcalde, al igual que todas las instituciones gubernativas.

Hay que sentar las bases que determinen la elaboración participativa de un plan de desarrollo global para la provincia, que se promueva entre la sociedad civil, el sector público y la clase privada, y está última, mediante la Cámara de Comercio, ha dado su primer paso organizando para este mes el foro Visión Colón 2014-2020, para disipar el Colón que tenemos y trabajar por el que queremos.

ABOGADO.