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08 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Un reguero de piedras

Me llamó sobremanera la atención las reacciones al discurso del magistrado Erasmo Pinilla durante la noche del miércoles 6 de noviembre ...

Me llamó sobremanera la atención las reacciones al discurso del magistrado Erasmo Pinilla durante la noche del miércoles 6 de noviembre pasado en la inauguración de la nueva sede del Tribunal Electoral de Panamá. Ha sido proclamado como pieza de oratoria de importante valor y, ante todo, la valentía de expresarla en el marco de ese acto en donde estaban los más altos personeros del gobierno nacional, incluyendo el presidente de la República.

No tengo dudas en el valor del discurso, el contenido y mucho menos la calidad retórica. Fue muy bien construido y presentado y no dejo cuestionamientos sobre mi admiración y respeto por la exposición. Fue locuaz, directo, claro y punzante ante la realidad; las claras amenazas al proceso electorero venidero y a los espacios de democracia en la cual nos desenvolvemos a diario.

Digo ‘espacios de democracia’, porque el concepto de democracia que yo utilizo no necesariamente es la que utilizan todos. Cuando no hay comida, atención médica, educación y posibilidades iguales de desarrollo para todos los ciudadanos hay que pensar de nuevo en eso de la democracia. No solo es elegir funcionarios cada cinco años.

Pero ante tan facundo y directo discurso, los extensivos aplausos se deben a que no estamos acostumbrados a oír ese nivel de oratoria en nuestro medio. Hemos estado expuestos a la pobre, muy pobre capacidad de palabra de los diputados que nos gobiernan desde la Cámara Legislativa. Es vergonzoso y de morirse lo que se escucha desde esos podios. Y qué decir de la constante recordación del tema sobre ‘crecimiento económico’, ‘país de primer mundo’, ‘grados de inversión’, etc., y la mención a cada minuto y en cada discurso sobre lo que se ha hecho. De eso se tratan los discursos cotidianos, una y otra y otra vez. En la radio, la televisión y cada vez que abren la boca.

Y la oposición, la misma cosa: ‘que se continuarán los programas que valen’, lo que harán y construirán; pero ningún candidato ha planteado seriamente y con elocuencia estructurada, qué país es el que quiere realmente construir para todos.

En un país verdaderamente civilizado, sería natural escuchar discursos de ese calibre con cierta regularidad cada vez que un político se acerca a un micrófono. Imagínense que de los diputados la mitad nos ofreciera esa elocuencia intelectual sobre el Estado y futuro de la Nación. Igual del Ejecutivo, los ministros o los candidatos. Imagínense que se divulgarán tuits invitando a la gente a no perderse el discurso de ‘fulana de tal’ esta noche, por lo visionario, profundo o enaltecedor.

Tenemos ya varios lustros de escuchar las palabrerías de candidatos preparados por sus especialistas en publicidad e imagen, supuestamente tomando en cuenta que son expertos en el manejo de mensajes para sumar adeptos. Los eventos de hoy, en donde una figura pública pretende influir en la sociedad son ficticias, armadas por esos mal llamados ‘creativos’, locales o traídos del exterior para preparar y moldear la imagen del candidato. Pero para el cerebro, nada.

‘Todos somos culpables’, dijo el magistrado Pinilla, ‘de estas tristes realidades sociopolíticas. Hemos sido negligentes, apáticos, pusilánimes... mientras presidentes, diputados, alcaldes y representantes de corregimientos —que son los cargos que se eligen— cumplen sus agendas personales, nosotros nos afanamos en un diarismo sin sentido, porque no tiene sentido que los elijamos y después nos quejemos en esta especie de endemismo político, del que cada cinco años nos contagiamos en un cuerpo social que ni siquiera es capaz de crear defensas’.

Una de las más importantes características del discurso del magistrado Pinilla es que fue articulada desde las realidades del sentido común. Señaló que: ‘Mayo de 2014 es un peldaño. Pero ¿cómo estamos construyéndolo? Ese peldaño es engañoso si se construye con excesiva arena, o excesiva agua, o excesivo cemento... o mucha piedra. Si hay demasiada mentira electorera, nuestra democracia se desmoronaría como un bloque hecho con mucha arena; si hay un gasto excesivo en propaganda política, en desmedro de otras propuestas sólidas que no encuentran medios, porque están acaparados y bloqueados por la abundancia de recursos de unos cuantos, nuestra democracia sería un charco de agua donde flotaría la peor de las bajezas humanas: los logros del dinero legítimo y del sucio. Si para ganar las elecciones hacemos uso de los recursos del Estado, de la fuerza humana de sus instituciones, de hacer creer que las obras son un regalo y no una responsabilidad del que administra, la sociedad se endurecerá por el abuso del aglutinante; y finalmente, si recurrimos a la fuerza de amigotes, esbirros, sicarios, verdugos o tristes espoliques para hacer que desista quien valientemente se levanta y señala abusos, entonces nuestra democracia será un reguero de piedras y a nuestra sociedad solo le quedará el recurso de tomarlas... y arrojárnoslas, unos a otros’.

Fue revelador, preciso y admirable el discurso. Incómodo para algunos, eso se notó. Como dije antes sobre democracia, es cierto que debemos estar cuidadosos con las próximas elecciones; pero igual debemos mirar más allá y atender las necesidades más fundamentales de grandes sectores de la población que no ven las bondades que tanto ponen por delante los candidatos. Si los elegidos no gobiernan para todos, igual reguero de piedras enfrentaremos. Un grupo se irá con sus millones mal habidos y nos quedaremos lo otros para ver... qué hacemos con tantas piedras.

COMUNICADOR SOCIAL.